Por Antonio Medina Trejo*
Una manta arcoíris frente a la estatua de una mujer indígena lo dice todo: “Prefieren el Mundial y estamos en Situación de calle”. La imagen se desplegó hoy en una de las protestas contra la Copa Mundial FIFA 2026 en CDMX. Ahí, entre consignas de “Fuck FIFA”, personas LGBT+ en situación de calle marcharon para recordar que la ciudad que se maquilla para el mundo los está desapareciendo de las banquetas.
La mayoría de las personas LGBT+ que viven en calle no hacen activismo de élite porque huyen de su casa por violencia y su prioridad es sobrevivir. Padres y hermanos son los principales perpetradores. Muchos son de la Ciudad México y otros llegan a la capital del país de estados cercanos, muchas veces siendo menores de edad. En la calle encuentran algo que su familia les negó: una familia de elección, solidaria y protectora.
Los, las y les LGBT que no tienen casa y usan el espacio público para sobrevivir se juntan principalmente en La Alameda Central, en los jardines del Monumento a la Revolución, en Garibaldi y calles aledañas. También ocupan casas o edificios abandonados y comercios vacíos o en ruinas.
Cuando la persecución policial arrecia, bajan a la cañería profunda de la ciudad donde se resguardan de agentes o policías que los revictimizan, muchas veces extorsionándoles, golpeándoles y, en ocasiones, siendo víctimas de abuso sexual.
Esta realidad no la quieren conocer quienes desde el escritorio hacen políticas públicas basadas solamente en eventos coloridos y con discursos muy incluyentes que son aplaudidos por una élite LGBT que de tanta foto y aplauso ya merece ser nombrada “activismo orgánico”.
A los, las y les marginales de la población LGBT nadie quiere verles. Son “los nadie” de la diversidad sexual. Ni el gobierno ni el activismo orgánico desea hablar de esas realidades. Lo suyo es complacer a gobernantes y aplaudir sus promesas, evitando reconocer que existen personas de la diversidad sexual en la marginalidad total en las calles de la ciudad sin que ningún programa social o institución les dé atención, o si llegan a los escasos albergues, son revictimizadas por personal que carece de capacitación, como lo ha denunciado el activista Matías Correa de la organización Disidencias del Sur A. C.
Los datos oficiales son escasos porque no existe un censo ni voluntad política que los nombre. COPRED ha informado que existen 7,334 personas en situación de calle en CDMX; la alcaldía Cuauhtémoc concentra 1,780. De ese total, se ha dicho que apenas 1.5% se identifica como LGBTIQ+, de acuerdo con la organización LLECA, Escuchando la calle. Si nos basamos a esos datos, existen por tanto entre 17 y 110 personas, dependiendo del conteo.
La cifra es pequeña, aunque sabemos que al no existir una política pública seria que atienda a estas poblaciones, el subregistro puede ser exponencialmente mayor. Pero lejos de tener un dato estadístico preciso, en la práctica son vidas enteras atravesadas por el rechazo familiar, la discriminación en albergues y la violencia institucional.
El Mundial y la ciudad que hace limpieza social
En los días previos al Mundial, el centro se ve “limpio”. La Alameda luce sin los grupos que ahí dormían. El Monumento a la Revolución, sin las juventudes trans que se abrazaban para dormir. No es casualidad, como bien se sabe, previo a la 47 Marcha del Orgullo, y en el contexto de la justa futbolera, hay riesgos de desplazamientos y “limpieza social” provocada por un gobierno que no le importa la gente, ya que su prioridad es dar una imagen de ciudad cosmopolita durante la Copa del Mundo y que reditúe a gobernantes en imagen para tiempos electorales futuros.
“Limpieza social” es el eufemismo para operativos de retiro forzado, para albergues que cierran sus puertas, para rondines que empujan a las personas hacia las orillas o hacia abajo, a la cañería. Es desaparecer la pobreza para que no estorbe en la postal de ciudad LGBTfriendly con la Ola arcoíris más grande del mundo.
Y entre esos cuerpos desaparecidos de las calles céntricas hay juventudes LGBT+ que el Estado no contó, no protegió y ahora no quiere mostrar. El activismo orgánico calla esa realidad y avala con su avaricia y las ansias de “tener voz”, invisibilizado la violencia gubernamental contra las personas más vulneradas de la población que dicen defender.
Por eso hoy esas personas LGBT en situación de calle se unieron con otros grupos a la protesta en las inmediaciones del Estadio de futbol antes llamado “Azteca”. “Porque el Orgullo no puede dejar de ser protesta frente a la discriminación y la exclusión”, han denunciado activistas. Porque el único refugio especializado en CDMX, Casa Lleca en Iztapalapa, nació de años de lucha de personas LGBT en situación de calle. Porque el Frente Resistencia de Refugios —Casa de las Muñecas Tiresias, Casa Frida, LLECA— llevan años exigiendo políticas públicas, mientras el Instituto de Asistencia a Poblaciones Prioritarias les niega espacios o les dan atole con el dedo diciéndoles que sí hacen cuando lo único que hacen es no hacer nada.
Por eso la bandera multicolor con el mensaje de hoy en la protestas cobra sentido y da una cachetada al activismo frívolo y acomodaticio. Ellos, ellas y elles sí salieron a protestar y no cedieron a la caricia gubernamental que prefiere que la FIFE ocupe el Zócalo y expulsa a la masa LGBT a avenida Juárez para su Marcha 47 del 27 de junio.
Prefieren el Mundial a garantizar que nadie duerma en una coladera. Prefieren el Mundial a reconocer que niños, niñas y jóvenes LGBT deambulen por las calles de la ciudad sin la protección familiar ni institucional. Prefieren el Mundial y darles ganancias multimillonarias a la muy neoliberal y nada “progre” FIFA antes que admitir que una activista (Kenya Cuevas) recuperó 69 cuerpos de personas LGBTTTIQ que el Instituto de Ciencias Forenses no quiso identificar.
El Mundial pasará. Las gradas se vaciarán. La euforia mundialista apagará las cámaras y vendrán otras cortinas de humo para que el gobierno esconda esas y otras realidades.
Los miles de millones de dólares de ganancias se irán de México a las cuentas de las trasnacionales que lucraron con nuestra ciudad, pero la cañería seguirá llena de juventudes que huyeron de su casa porque ahí las querían matar, mientras la mirada gubernamental estará en las banderas multicolor, las olas y las selfies de relumbrón con activistas orgánicos. Y la Alameda volverá a llenarse cuando las cámaras se apaguen.
La pregunta es si la ciudad estará dispuesta a mirarlas entonces. O si solo existen cuando estorban.
* Asociación Mexicana de Comunicación para la Igualdad. @antoniomedina41
** Fotos proporcionadas por el activista Matías Correa.

