Ya estuvo bueno con su “o naces hombre o mujer, la naturaleza no se equivoca”

Por Ángel Candia

Ya estuvo bueno con su “o naces hombre o mujer, la naturaleza no se equivoca”. Así que decidí hacer un breve hilo para que dejen de repetir cosas sin pensar sólo porque “les hace sentido” o lo escucharon en su iglesia o escuela. Vamos por un palitos 1 ultra básico:

Primero gente, no se nace siendo hombre o mujer. Esos dos conceptos, poco tienen que ver con la naturaleza y todo con acuerdos sociales. El género…sí, “ser hombre o mujer” es un constructo social. Para llegar ahí tenemos que entender la diferencia entre conceptos importantes.

Primero, sexo biológico. Se trata de las características sexuales con las que nacemos (anatómicas, gonadales, genéticas, etc.) y a través de la cuales se nos clasifica como machos o hembras. Si una persona nace con un pene, le llamamos macho. A una con vulva, hembra.

El tema es que, en efecto, la naturaleza no se equivoca y es todo menos binaria. Se conocen al menos 126 estados Intersexuales (sí, personas que nacen con características de ambos extremos -macho y hembra-). Y no, no están enfermas o deformes, simplemente tienen características sexuales específicas. Se trata, como con todas las personas, de condiciones biológicas específicas. Hasta ahí el sexo biológico. Vamos ahora con lo que sigue.

La orientación sexual, esta trata de nuestra capacidad de vincularnos: Sexual, Afectiva o sexo-afectivamente con las demás personas. Va desde la heterosexualidad, pasando por la bisexualidad, homosexualidad, pansexualidad y sí, contempla a la asexualidad (porque también es una orientación, no es una patología ni hay nada malo con ella), entre muchas otras. ¿Dudas hasta aquí? Sigamos con la parte que más ruido hace.

La identidad de género. Sí, la identidad BINARIA (que poco tiene que ver con la naturaleza) se asigna a las personas en función de su sexo biológico, ¿recuerdan? pero poco tiene que ver con sus características sexuales y todo con construcciones sociales.

Nos hemos puesto de acuerdo, a lo largo del tiempo, en cómo deben comportarse, sentirse, vincularse y hasta vestirse aquellas personas que nacieron con pene y les llamamos “hombres” (o al revés). Pero, como todos los acuerdos, no son estáticos ni permanentes muy por el contrario, cambian y se modifican con el tiempo y espacio. Lo que entendemos por “hombre” en México no es lo mismo en Arabia Saudita, por ejemplo. Ni lo que hoy damos por bueno cuando hablamos de “hombre” se daba por bueno hace 400 años.

Los acuerdos, cambian. Y, además, como son propios de culturas, tiempos y espacios determinados, en algunas sociedades se reconocen (sí, no se espanten) más de dos géneros o identidades (ya sé, qué fuerte). La identidad de género es, pues, una construcción social y…como tal, no sólo está sujeta a cambios sino a cuestionamientos. Váyanse acostumbrando. Y si no me crees, cuestiónate si tú realmente eres la misma persona que eras hace 15 años. Cambiaste, ¿no? A veces para mal (como ahorita que solo criticas sin saber) y, a veces, para bien.

Aquí el tema es que hay personas que no se identifican con el género que se les asignó al nacer cuando les vieron un pene o una vulva y está bien. Ni es moda (porque han existido siempre) ni se trata de patología alguna. ¿Vale?

La última: expresión de género. Como podrás imaginarte, está ligada al género y tiene que ver con cómo expresó todo lo anterior. Y lo puedo expresar de forma “masculina”, “femenina” (en función de los estándares sociales “aceptados”) o como se me de mi regalada gana.

Aquí el punto, otra vez, es reconocer que también lo “masculino” y “femenino” cambia con el tiempo, espacio y cultura. Veamos: un clavado muy rápido a un museo o un libro de historia te podrá mostrar que la masculinidad hace 500 años (por decir algo) se representaba con pelucas, maquillaje y, sí, lamento informarte, hasta con tacones. Échale un ojo a cualquier pintura de Luis XIV (o cualquiera de los Luises, pues). Algo cambió y hoy la expresamos de manera distinta. Hace 20 años, por ejemplo, usar una polo rosa era síntoma de que el niño saldría homosexual (pasó en mi caso, pero por pura suerte) y hoy, todos los púberos la usan, se sienten bien cool y a la moda. La expresión de género, pues, también cambia. Porque se trata de acuerdos. ¿Dudas? Sé que es mucha información pero cerremos ya.

Ahora ya sabes un poquito más sobre sexualidad, sus dimensiones principales, cuáles tienen que ver con la sabia naturaleza y cuáles con construcciones sociales. Así que, por favor, deja de usar a la pobre naturaleza para justificar tu homofobia, bifobia, transfobia, lesbofobia y todas estas fobias que has sacado entre ayer y hoy porque te enteraste que a una persona le lastimó que no le llamaran como a elle le gusta. Me parece, pues, que quien necesita terapia no es quien exige que se le llame como quiere, sino a quien le molesta tanto, que hace una cruzada en redes para bullearle, violentarle y hacerle sentir mierda porque no se identifica con el género que le fue asignado al nacer en función de su sexo biológico. Si con esto no puedes ser una persona más empática, al menos ya puedes decir que eres un poquito menos ignorante, aunque sigas siendo igual de culero o culera (y sí, culere). Te recomiendo que optes por la empatía porque un día la vas a necesitar de alguien y vas a ver lo cabrón que se siente no recibirla.

Fuente: Twitter

Post Author: anodis