Por Antonio Medina Trejo *
Salir del clóset se ha convertido en una expresión habitual para hablar de las personas que reconocen públicamente su orientación sexual o identidad de género. Pero detrás de esa frase aparentemente sencilla hay una historia de silencios, estigmas, luchas políticas y decisiones personales que merecen una reflexión más profunda.
En 2010, cuando Ricky Martin hizo pública su homosexualidad (1), escribí que su decisión representaba una conquista para el movimiento de la diversidad sexual. La visibilidad de una figura internacional podía contribuir a desmontar prejuicios y ofrecer referentes positivos a millones de personas. Sin embargo, advertí también que la experiencia de un artista con fama y recursos económicos no era comparable con la de quien podía perder su empleo, ser expulsado de su familia o sufrir violencia por revelar su orientación sexual.
Diez años después, al reflexionar sobre Carlos Monsiváis (2), abordé otra paradoja: la de un intelectual que contribuyó decisivamente a la comprensión de la homosexualidad en México y defendió los derechos de la comunidad lésbico-gay, pero que, según los testimonios de personas cercanas, evitó asumirse públicamente como homosexual. El temor a ser etiquetado y a que su obra no fuera tomada en serio revela hasta qué punto los prejuicios condicionan incluso la vida de quienes tienen reconocimiento y poder.
Ambos casos me llevan a una pregunta: ¿salir del clóset es una obligación política o un derecho personal?
La teórica estadounidense Eve Kosofsky Sedgwick, en su libro Epistemology of the Closet (1990) (3), propone entender el clóset no solamente como un secreto individual, sino como una estructura social que organiza lo que se sabe, se supone y se calla sobre la homosexualidad. Su planteamiento permite comprender que el problema no reside únicamente en que una persona oculte su identidad, sino en una sociedad que convierte la heterosexualidad en norma y hace que otras experiencias deban explicarse, justificarse o revelarse.
La visibilidad ha sido una herramienta fundamental de los movimientos de la diversidad sexual. Quienes salieron públicamente del clóset, desde las calles y las primeras manifestaciones hasta los medios de comunicación, contribuyeron a disputar el espacio público y a transformar leyes, instituciones e imaginarios sociales estigmatizantes. No fue una simple confesión íntima: también fue una acción colectiva contra la discriminación.
Pero reconocer ese valor político no significa convertir la salida del clóset en una prueba de autenticidad, valentía o compromiso. Nadie debería ser obligado a exponer su intimidad para demostrar que es quien dice ser, ni tendría que justificar su decisión de mantenerla en privado. Tampoco corresponde juzgar la trayectoria de una persona activista exclusivamente por el grado de exposición pública de su vida sexual.
La pregunta, entonces, no debería ser por qué alguien permanece en el clóset, sino qué condiciones hacen que necesite permanecer ahí. ¿Cuántas personas callan por miedo al rechazo familiar, a la discriminación laboral o a la violencia? ¿Cuántas viven aparentando una heterosexualidad que les permita ser aceptadas?
La libertad implica tanto poder decir quiénes somos como decidir ante quién compartirlo. La visibilidad puede liberar, abrir caminos y transformar sociedades; la intimidad, por su parte, también es un derecho.
Una sociedad verdaderamente incluyente no es aquella que exige a todas las personas salir del clóset, sino aquella en la que nadie tenga que esconderse para vivir con dignidad. La responsabilidad de combatir la homofobia, la bifobia y la transfobia no puede recaer únicamente en quienes las padecen. Corresponde también a las familias, las escuelas, los medios de comunicación, los centros de trabajo y el Estado construir condiciones para que la identidad de nadie sea motivo de exclusión.
Salir del clóset puede ser un acto de libertad. Que sea una necesidad para sobrevivir socialmente es, en cambio, una deuda pendiente de nuestra democracia.
* Activista, periodista independiente y Consultor en temas de Derechos Humanos, diversidad sexual, género, igualdad, nuevas masculinidades y lenguajes incluyentes. @antoniomedina41
Medina, Antonio. “El clóset de cristal de Ricky Martin”, Agencia NotieSe, 15 de abril, 2010. Replicado por la revista América Latina en Movimiento: https://www.alainet.org/de/node/140709 (consultado 9 de octubre, 2026)
2 Medina, Antonio. “Monsiváis y su clóset de cristal”. Agencia Anodis, 19 de junio, 2020. https://anodis.com/carlos-monsivais-y-su-closet-de-cristal/ (Consultado 9 de octubre, 2026)
3 Sedgwick, E. K. (1998). Epistemología del armario (T. Bladé Costa, Trad.). Ediciones de la Tempestad.

