Por Fabiola Díaz de León @escdesenoritas
Puebla pasa a ser el Estado #14 que cuenta con ley de identidad de género y la Ley Agnes la pone a la vanguardia con una propuesta que abarca infancias y todo el espectro de la diversidad sexogenérica: su personalidad jurídica elegida ya es una realidad. Legalmente ya pueden ser quienes deciden ser.
Una Ley que se viene cabildeando hace 9 años y que finalmente pasa dando una garantía fundamental a las poblaciones en vulnerabilidad que son trans o no binaries. Una minoría que adquiere el derecho jurídico de ser quienes elijen ser. Adiós clandestinidad y desamparo legal a sus personas.
Nos faltan 18 entidades federativas que deciden mantener su deuda con los géneros diversos. No vamos ni a la mitad, nos acercamos, pero han sido luchas de décadas y que están muy lejos de armonizarse. Más lejos aún de impactar socialmente de manera que las fuerzas que se oponen a brindar ese derecho humano de ser reconocidos como lxs ciudadanxs que deseamos ser pueda ser una condición favorable, de facto y no cuestionable por la huestes que se oponen a su existencia como si ello eliminara las suyas. Los Diversos Damos Miedo
Lo otro, lo desconocido, lo que no es como pensamos, lo que podría ser una realidad diferente a la nuestra, la posibilidad de sentir atracción o deseo; ese sentimiento que contamina la heterosexualidad hegemónica y que ven como un contagio, como una peste que es como la roña, que si nos tocan se contaminan, se contagian de diversidad.
No somos nosotrxs lxs que contaminan, los que se ven atraídos ya tienen la semilla de la diversidad en su inconsciente, ya la han soñado, ya la han buscado en sus búsquedas privadas de pornografía o la han visto en los medios y se han sentido movidos por ello. Nadie está a salvo de la seducción de nadie. No hay límites para Venus y sus pequeños alados, Eros, el que nos hace desear, ese cupido alado, niño, vendado de los ojos, con arco y flechas que arroja sin medir consecuencias. Amor. Hijo de Afrodita y Ares. O de Venus y Marte. Incestuosos, infieles, tía y sobrino: amantes. Secreto a voces entre dioses. Los entramados de qué nos atrae parten de nosotrxs mismxs. Nos auto enamoramos en un comienzo, resonamos con lo que somos y eso es lo que nos hace tan amenazantes, que algo en nuestra diversidad, la que sea, llama al resto de los “no diversos” de los que “viven en la norma” de los “normales”.
Esta diferencia entre unxs y otrxs se borra entre el contacto de los cuerpos, diferentes nos hacemos iguales, por momentos, pero lo hacemos. Aquí surgen consecuencias y conflictos que pagamos con la vida, de ahí que existan los crímenes de odio, que perdamos vidas porque hemos despertado eso en alguien más, o simplemente la posibilidad de ello en su panorama; tenemos mucho por qué defendernos y mucho por qué luchar. Mucho de qué defendernos. Para ello están las leyes, para ello vivió y murio Agnes Torres Hernández, psicóloga, activista, guerrera, símbolo de la resistencia trans que para vivir debe resistir. Y ahora vive para todxs sus paisanxs en esta Ley Agnes que les brinda que esas leyes y políticas les cobijen.
Gracias Agnes Torres Hernández, gracias a su hermana Gisela, gracias a todxs lxs que presionaron para que pasara lo que pasó el 25 de febrero de 2021 en el Congreso de Puebla.

