Por José Manuel López Velarde
Hoy es el tercer domingo de junio, día del padre en todo México. Normalmente no es un día al que le ponga mucha atención, pero esta vez ha pasado algo diferente: estoy a 24 horas de saber si deciden que quieren borrar a mi familia o no.
Soy José Manuel López Velarde, escritor y director de teatro. Hace dos meses me contactó La Academia Metropolitana de Teatro para invitarme a escribir un cuento pagado por Mastercard, con el objeto de generar recursos para la supervivencia de ese organismo en tiempos de COVID.
La premisa era simple: escribir un cuento dirigido a niños y niñas que abordara la situación de la pandemia y que hablara de las emociones que viven; después lo grabaría algún actor o actriz para más tarde hacer una animación y subirlo a la plataforma Priceless Cities de Mastercard.
La primera imagen que me llegó fue la de una niña detrás de una ventana, pensé en cómo estábamos viendo el mundo a través de una y relacioné esa sensación de aislamiento con la de un astronauta en una estación especial mirando el mundo girar desde el espacio.
Alba fue el nombre de la protagonista que elegí para mi cuento, una niña mexicana que sueña con viajar al espacio mientras enfrenta los retos cotidianos de estar encerrada en su casa junto con su hermana menor y sus dos papás, la misma configuración que mi familia en la vida real: dos niñas y dos papás hombres.
Envié el cuento a La Academia, me pidieron corregir la duración del mismo y a los pocos días la actriz Regina Blandón lo grabó desde su casa, posteriormente tuve una reunión con el animador y el productor por parte de La Academia para repasar la historia y que me mostraran algunos bocetos.
Pasaron dos meses y el viernes pasado me marcó el presidente de La Academia para platicarme que el cuento había sido aprobado por varios filtros pero, finalmente, le habían pedido que eliminara a los dos papás de la animación y el texto. Me dijo que argumentaron que no era apto para un público infantil, que para eso ya tenían una división dedicada a temas LGBTQ+, que este programa no correspondía a esa área y que los había tomado desprevenidos que no les avisara que sería un cuento con temática gay.
El presidente de La Academia, sumamente apenado, me externó que él no consideró que tuviera que avisar eso, puesto que ese no era el tema del cuento, que no estaba dispuesto a mutilar mi obra sin autorización y me preguntó qué quería hacer. Le contesté que por ningún motivo se podían eliminar esos personajes y que, si esa era la condición, prefería retirar mi cuento. Él me ofreció comunicarle mi decisión a Mastercard y compartir conmigo la respuesta. Después de un rato me llamó para decirme que su contacto en el área de mercadotecnia le pidió esperar para platicar el asunto con su jefa hasta el siguiente lunes.
Y así fue como la respuesta quedó pendiente por 48 horas, pero para mí el tema ya no era la respuesta, sino lo que había ocurrido.
¿Qué hay detrás de la aseveración de que un texto no es apto para niños porque aparecen dos papás homosexuales cuidando a sus hijas?
La respuesta más obvia es que algunos consumidores se pueden molestar por ese contenido, y esto ya es bastante problemático para una empresa certificada por el Corporate Equality Index y miembro de Pride Connection México, pero el mensaje de fondo es el famoso “con los niños no” que escuchamos constantemente de los grupos antiderechos y que por lo general precede al consabido “No soy homofóbico, hasta tengo amigos gays, que se casen si quieren, pero que no adopten niños”.
Esto implica claramente dos pensamientos ampliamente desacreditados: “que los homosexuales somos abusadores de niños y/o que los vamos a volver homosexuales, como si la mayoría de los gays no tuviéramos padres heterosexuales, y como si lo peor que le pudiera suceder a un niño es que resultara ser homosexual…” es decir, homofobia en estado puro. Cuando el departamento de mercadotecnia de Mastercard me manda a decir que necesito quitar a esos personajes de mi cuento para niños, lo que me están diciendo es no te acerques a los niños, no deberías ser padre, tus hijas están en peligro.
¿Un personaje gay en una historia, vuelve gay una historia?
No existen historias gay, si acaso existen historias que incluyen temáticas gay. Mi cuento es sobre una niña que sueña con ser astronauta durante una pandemia y que, circunstancialmente, tiene dos papás. Si esa historia es gay, el mundo es gay, porque los gays estamos en él y entonces, como un reflejo de la realidad, no tendría nada de malo que apareciéramos en una historia para niños.
Bajo esta premisa, que La Academia hubiera tenido que avisar de antemano que en esta historia había dos papás hubiera sido como tener que avisarles que había una hermana, que el personaje es de tez morena, o que es mexicana.
¿Si es circunstancial y no central para la historia, por qué no lo cambio y ya?
Porque para mí es muy importante que existan esos personajes. Los hay en todas las obras que he escrito, simplemente porque si no lo hiciera, estaría ocultando la realidad, pero también porque quiero crear una realidad fuera de la ficción en la que una persona LGBTIQ+ simplemente tenga el derecho de existir sin tener que pedir permiso, sin tener que ser “pertinente” a la historia.
¿Por qué es importante hablar de esto?
Porque tengo el privilegio de ser de los pocos hombres gays en este país en una situación que me da la independencia para poderlo hacer, y el privilegio está para usarlo en favor de quien no lo tiene, como los padres y madres que sí tienen que ocultar a su familia homoparental para no perder el trabajo con el que la mantienen, que tienen que esperar más de 48 horas para saber si admitieron a sus hijos en una escuela para que les pongan un pretexto para rechazarlos, como los niños que no se pueden ni imaginar que cuando crezcan pueden tener una familia sin importar su orientación sexual y/o su expresión de género, por los niños y niñas, como mis hijas, que no ven representada a su familia en los libros de escuela o en las películas que ven, y sobre todo por los gays y trans desaparecidos, literalmente, porque según el mensaje que permea en esta sociedad ni siquiera debieron existir.
¿Por qué no espero una respuesta definitiva para publicar esto?
Porque el error ya se cometió, independientemente de como se resuelva, porque no podemos seguir conformándonos con el menor de los males y porque me interesa que una empresa internacional que se pinta en junio de arcoiris y desfila cada año en el Pride de Nueva York, sea coherente y haga que sus trabajadores dimensionen que, lo que podría parecer un simple asunto de oficina, para un compañero de trabajo es un mensaje claro de que en esa empresa su manera de vivir está sujeta a aprobación, porque me piden esperar el fin de semana para ver si una familia como la mía es digna de acceso a un proyecto que promete en su sitio “inspirar a sus usuarios a ir más allá de lo común”.
Habiendo dicho todo esto, debo confesar que escribir no es tan fácil después de todo. Mastercard es patrocinador de los Premios Metro, un escaparate muy querido por la comunidad teatral a la que también pertenezco, y eso me pone entre la espada y la pared, pero no podemos seguir dejando pasar oportunidades para generar un cambio y denunciar lo que está mal en el momento en que vemos que nuestros intereses particulares se pueden ver afectados. Esto es nada comparado con la gente que ha perdido la vida por las libertades que hoy tiene la comunidad LGBTIQ+ y que en su naturaleza revolucionaria y libre se parece a la de los artistas escénicos.
Después de todo lo que ha pasado en los últimos meses, de las marchas por los derechos de las mujeres, del movimiento Black Lives Matter, de la discusión que se ha desatado sobre el racismo y la discriminación en México, del cuestionamiento a la pertinencia de CONAPRED, en pleno mes del orgullo LGBTIQ+ y esperando una “nueva normalidad”, no hay forma de quedarse callado. Tenemos que interseccionalmente hacer algo para que este país sea más justo para tod@s, no necesitamos borrar más identidades, necesitamos resaltarlas con plumones indelebles, porque la diversidad es un activo de nuestra sociedad, no lo contrario.
Esta mañana, enfrente de nuestras hijas, le dije a mi esposo: Feliz día del padre, lo que haces todos los días es extraordinario y jamás dejaría que te borraran. Una de ellas dijo que sentía un ataque de felicidad. Por eso no estoy dispuesto a enmendar lo que parecerían dos palabras y un dibujito, ni a esperar un veredicto, porque en realidad lo que está en juego es la dignidad de mi familia y eso sí no tiene precio.
Fuente: https://www.animalpolitico.com/blog-invitado/priceless/

