Por Fabiola Díaz de León @escdesenoritas
Hay un cambio fundamental entre las prácticas de sexo seguro entre el siglo XX y el XXI para las mujeres, no importa si se trata de sexo oral, vaginal o anal, si la estimulación es en el clítoris usando las manos, la lengua, los labios, si se hace con hombres o con mujeres o personas de género divergente, hay un enorme vacío de información en cuanto a la importancia de usar protección que no es exclusivamente el preservativo masculino como se viene pensando en el mundo heteronormado desde el siglo pasado. La aparición pandémica de enfermedades virales, micóticas y bacterianas para estas fechas nos hace repensar todo lo que pensábamos en el siglo pasado sobre sexo protegido o seguro.

En México más del 90% de la población sexualmente activa es positiva al virus de papiloma humano o VPH en alguna de sus muchísimas cepas. Algunas siendo muy agresivas y otras más benignas pero la aparición de esta pandemia a la que no se le da la importancia a nivel de salud que sin duda amerita es la principal motivación para implementar y normalizar el uso de barreras que cubran y bloqueen el contacto de fluidos con piel. Originalmente en la prehistoria se recomendaba usar plástico de cocina para ello, eso está descartado, se tienen que usar barreras de látex sean combinando guantes, barreras dentales, condones femeninos y masculinos. Aun así, la protección no es cien por ciento segura pues hay que cambiarlas con cada uso y tirarlas a la basura, nunca usar el drenaje para deshacerse de ellos porque al no deshacerse van a tapar las tuberías.
Existen en el mercado todos estos productos, pero no son tan accesibles como los preservativos comunes por lo que siempre viene al caso tener condones comunes y recortarlos para crear barreras dentales de látex usando siempre lubricantes de base de agua, nunca de aceite como la vaselina o el aceite para bebé o de cocina o masaje ya que el látex se puede degradar o romper.

La lubricación es fundamental en una relación sexual y usando barreras los lubricantes son indispensables. Si se van a usar juguetes sexuales se recomienda que se use el preservativo también para potenciar la higiene y más aun si se va a compartir el juguete. Todo esto con el fin de reducir el contagio de enfermedades de transmisión sexual que van desde una comezón hasta un riesgo de vida, de fácil curación hasta tratables mas no curables como es el caso del VIH.
El sexo seguro ya no es materia de anticoncepción únicamente, es un problema real de salud que nos afecta como sociedad generación tras generación. A las mujeres, que tenemos mayor producción de fluidos, nos debemos acostumbrar a disminuir el intercambio en un encuentro sexual si no tenemos la seguridad de que nuestra pareja sexual o parejas sexuales están libres de todo tipo de enfermedades de transmisión sexual y para eso hay que hacerse revisiones periódicas y cultivos. En encuentros casuales es imposible que sepamos qué pueden portar nuestrxs amantes y muchas de estas enfermedades son silenciosas y difíciles de detectar.
No queremos que por haber sido las lesbianas el grupo de menor riesgo ante el sida por carecer de una cultura de protección sexual seamos ciegas ante nuevos retos de salud a los que desgraciadamente nos enfrentamos.
En las gráficas de esta columna vienen diagramas de cómo proteger los genitales para cada práctica y a eso le podemos sumar que ya existe la vacuna para el VPH que sirve para algunas de las cepas más agresivas, no para todas. Si eres positivx tienes que ser responsable y plantear que se tomen medidas de protección para no contagiar o contraer nuevas cepas o enfermedades de transmisión sexual. Ahora más que nunca debemos pugnar por una cultura de sexo responsable donde nos cuidemos y cuidemos a los demás.
Clítoris, labios menores y mayores, toda la vulva, la vagina, el ano, todas las variantes de genitalia que podamos imaginar son preciadas y debemos cuidar de ellas de la mejor manera que podamos. Cuidarnos de prácticas de riesgo es responsabilidad de todxs.

