Por Omar Ramos
Tenemos que dar a la televisión la importancia que tuvo en la educación de muchos hombres gays de 35 años (poco menos quizá) y para arriba. Gays clase media, media baja, que veíamos telenovelas, programas de comedia y por supuesto caricaturas y shows de variedades.
La televisión siempre estuvo ahí. En mi caso, estuvo prendida en Televisa en un principio: en Siempre en domingo, la Carabina de Ambrosio, En Familia con Chabelo, Carrusel, en TVO, en El mundo del espectáculo, en Maria Mercedes, en Simplemente maría.
¿Qué tenían en común todos esos programas? QUE NO HABÍA GAYS. Yo buscaba desesperadamente alguien que sintiera lo que yo estaba sintiendo, una atracción por los niños y no por las niñas. Para no sentirme solo, para que me explicaran que estaba pasando. Pero no había nada.
Lo que sí habían eran hombres vestidos de mujer en la comedia mexicana. Desde Los Polivoces hasta los programas donde se contaban chistes. Ahí también se podían ver historias sobre hombres afeminados que eran ridiculizados de las peores maneras. Eso siempre quedó en mi cabeza.
Así como la imagen de Paul, un personaje de la telenovela Volver a empezar de 1994. Paul es el primer personaje claramente gay que yo recuerdo en la televisión mexicana. Lo asumía por su expresión de género, o en aquel entonces, porque era muy afeminado Justo como era yo, un niño como cierto tipo de voz, con ciertos movimientos corporales, con ciertas actitudes. Así como Paul eran los personajes de los comediantes de los que todos se reían, era un estereotipo. Me daba mucho gusto ver a Paul, pero al mismo tiempo me desagradaba.
Y así fue como se fue gestando mi homofobia interiorizada. Más que la expresión de género, el problema con Paul y todos los personas gays en la televisión mexicana de aquel entonces, es que no tenían mayor relevancia en las tramas, que eran solo personajes “graciosos” que no tenían antecedentes, peso en la historia, eran solo un chiste más dentro de una telenovela (francamente) espantosa. En fin. Así pasaron muchos años y me reconcilié con Paul cuando pude trabajar mi homofobia interiorizada gracias a la información.
Pero en este espacio quiero darle crédito a la televisión por el inicio de la construcción de esa homofobia interiorizada. Tenemos que reconocer la relevancia que ese medio tuvo en nuestras vidas para entender esa problemática y poder hacerle frente.
Por supuesto eran otros tiempos y hacía falta mucha información. Pero era más difícil investigar y buscar esa información que burlarse de los jotitos. No se diga si al tema se le cruza la epidemia de VIH que azotó al mundo y que nos estigmatizaba como personas peligrosos.
El escenario en los medios para los gays en los 80 y 90 en México era desolador. Y digo los gays porque en aquel entonces no había LGBT+, era imposible pensar en algo así. Y de ahí venimos muchos hombres gays, de muchas heridas creadas por cosas que parecieran irrelevantes como la TV y sus representaciones. La representación importa, ver a personas como nosotros representadas de forma digna en los medios nos hace sentir incluidos, empedrados, nos da el valor para ser en esta sociedad.
Las cosas comenzaron a cambiar a finales de los 90 y principios de los 2000. Pero ese será material para otro hilo. Mañana, Álvaro Cueva nos hablará de estas primeras representaciones gays en la televisión mexicana en el Ep. 03 de Un hombre en tacones.
El crítico de televisión más reconocido de este país hablando con un servidor con más de 13 años de experiencia en medios sobre un tema que nos llena de pasión ¿Cómo nos ha representado nuestra televisión? ¿De dónde surgen esas representaciones? ¿Cuáles son sus efectos?
La cátedra que me da Álvaro al respecto es formidable. Solo adelantaré una pregunta que me hizo ¿A cuantos comunicadores abiertamente gays conocen que estén dando las noticias estelares en México? (Los noticieros son la parte que da credibilidad y prestigio a los canales de TV).
En Estados Unidos esto ocurrió apenas en 2012, con Anderson Cooper. Y aquí ¿Cuándo? ¿Por qué no? ¿No somos lo suficientemente serios? ¿Lo suficientemente profesionales? ¿Lo suficientemente buenos? Hay mucho que pensar y muchas deudas que la televisión tiene con nosotros.
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