Por Daniel Berezowsky *
Es junio, mes del orgullo. Este año, en particular, será uno muy inusual: no habrá marchas, ni fiestas, ni carros alegóricos. Muchas empresas han detenido la producción de sus productos con estampado arcoíris. Los bares estarán cerrados; la plancha del Zócalo sin concierto. Viviremos un ‘Pride’ distinto. Uno de confinamiento y sana distancia. Para muchas personas también, uno de soledad.
Es precisamente por eso que esta edición nos debe llamar a reflexionar. A pensar sobre lo que significa el orgullo, más allá de la brillantina. A recordar por qué podemos marchar y para qué lo hacemos.
Podemos marchar porque hubo quien lo hizo primero. Porque las madres del movimiento LGBT decidieron hace 51 años, que no tolerarían una noche más de acoso y violencia. Porque vencieron el miedo y decidieron desafiar a las instituciones que prometieron protegerles pero en su lugar, les despojaron de su dignidad. Podemos marchar porque decenas de activistas no descansaron hasta ver cómo en 1973 se eliminaba a la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales. Y apenas, el año pasado, sucediera lo mismo con la disforia de género.
Podemos marchar porque en los ochenta, hubo quienes con el último respiro de su pareja -víctima de una pandemia que el gobierno se negaba a reconocer- decidió canalizar su ira para garantizar que la gente pudiera no morir de, sino vivir con VIH. Podemos marchar porque hubo quien se atrevió a decir que la palabra familia siempre debe ir en plural; y que el matrimonio es una institución laica. Porque cuando el mundo parecía estar en su contra, artistas y deportistas decidieron salir del armario para darle esperanza a la siguiente generación.
Podemos marchar porque alguien tuvo el valor de afirmar lo que desde entonces debería ser evidente para todas las personas: que el género es un constructo social. Y que su designación no le pertenece mas que a cada persona. Podemos marchar porque cuando grupos anti derechos han usado el odio para pretender obligarnos a dar un paso atrás, ha habido centenares de activistas listes para no ceder. Porque trabajaron sin parar para que ni los baños, ni el deporte, ni la educación sean utilizados para deshumanizar a las personas.
Por eso podemos marchar; por eso podemos caminar, ser y vivir para contarlo. Pero por eso, también, tenemos una responsabilidad de seguir marchando. De seguir luchando. Sí, de celebrar con orgullo las victorias que nos han traído hasta el día de hoy. Pero, sobre todo, usar la fuerza de quienes nos antecedieron como inspiración para seguir luchando por lo que aún falta. Por quienes hoy son asesinadas -sus transfeminicidas impunes. Por quienes acuden a un ministerio público y en lugar de justica reciben violencia sexual. Por quienes no encuentran la esperanza de que las cosas mejoren y optan por quitarse la vida. Por quienes sufren acoso en escuelas y oficinas por su forma de hablar, de ser o de amar. Por quienes siguen sin poder enmendar una letra en su acta de nacimiento. Por quienes no tienen un papel que les permita estar con sus parejas cuando están en un hospital. Por quienes pierden todo porque no pudieron heredar; por quienes no tienen a nadie porque llegaron a la tercera edad sin compañía ni seguridad social. Por quienes perdieron su techo; por quienes siguen perdiendo la vida. Por poder decir todo esto sin miedo a la censura o a la muerte.
Es junio, mes del orgullo. Y en efecto, no podremos llenar las calles, ni los bares ni los antros. Pero no olvidemos que con cada una de nuestras acciones y en cada uno de nuestros días, podemos seguir marchando.
![]() | Daniel Berezowsky es experto en comunicaciones y derechos humanos. Ha sido asesor para secretarios de estado, senadores, organizaciones internacionales y empresas multinacionales. Daniel es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Iberoamericana y cuenta con una Maestría en Derechos Humanos por la Universidad de Columbia. Actualmente encabeza el área de comunicación estratégica de Shift. |


