Por Jorge Saavedra
“Que cada quien se ubique en el lugar que corresponde, no es tiempo de simulaciones, o somos conservadores o somos liberales, no hay medias tintas”, sentenció el presidente López Obrador recientemente. Yo creo que tiene razón, excepto que él califica a los conservadores con definiciones del siglo XIX o de la primera mitad del siglo XX, sin darse cuenta que ya estamos en el siglo XXI y que lo que divide razonamientos liberales de los conservadores son otros temas.
Si usáramos conceptos del siglo XIX, el Partido Republicano de Estados Unidos sería el partido de los liberales por la sencilla razón de que Abraham Lincoln, el líder antiesclavista, era republicano, aun cuando en realidad ese partido es actualmente nicho de conservadores; podría abundar en ejemplos pero mi interés no es anclarme en definiciones de hace 200 o 100 años sino en qué separa actualmente un pensamiento liberal de uno conservador, sin medias tintas.
En 2004, mientras yo era Director del CENSIDA, dependiente de un gobierno federal foxista, promovimos abiertamente el uso del condón y pedimos a los estados hacer lo mismo. Alguien del gobierno del Distrito Federal tuvo la ocurrencia de mandar a hacer condones con la imagen de AMLO, los medios los bautizaron como “Pejecondones”. En una conferencia de prensa, cuando periodistas confrontaron a AMLO, noté que su preocupación no fue tanto si lo acusaban de usar recursos públicos para promoverse sino que su rostro estuviera en un condón y se notó cómo vio al condón con desdén y pareciera lo interpretó como denigrante a su imagen y dijo: “levanten el nivel”, dando a entender que un condón era algo bajo.
Durante la administración de AMLO en el DF, la mayoría de los líderes LGBT de la ciudad consideraron que era el propio AMLO quien bloqueaba la posibilidad de que se aprobara la iniciativa de sociedades de convivencia entre personas del mismo sexo. En cuanto AMLO dejó el gobierno de la ciudad y se fue de precandidato presidencial, la administración de su sucesor, Alejandro Encinas, dio luz verde y se aprobó la iniciativa, posteriormente Marcelo Ebrard la avanzó aún más para homologarla a nivel de matrimonio.
Actualmente ya como presidente, AMLO ha tenido posiciones muy tibias o de distracción para no ahondar en asuntos de feminismo, aborto, matrimonio homosexual, igualdad de derechos para gays y lesbianas ni de identidad de género para personas trans, mientras que, por otro lado, ha abierto las puertas al involucramiento de iglesias y grupos religiosos en decisiones y actos de gobierno; incluyendo la distribución de su “Cartilla Moral”.
El Presidente ha expresado que hay temas que dividen al país y como presidente de todos no quiere abordarlos, pero sus megainversiones en la refinería, aeropuerto de Santa Lucía y Tren Maya, en plena pandemia, que también causan división, las defiende a capa y espada porque cree en ellas sin medias tintas.
El abordaje claro y sin embragues de los temas de feminismo, sexualidad y legalización de las drogas, es lo que en el siglo XXI tanto en Europa, Australia, Estados Unidos y Latinoamérica divide a los liberales de los “conservadores que son hipócritas”.
Muchos hemos identificado que algunos cercanos colaboradores de AMLO, como Sánchez Cordero, Sheinbaum, Encinas y Ebrard son liberales, pero, regresando a la exigencia presidencial de definirse “sin medias tintas”, para muchos que hemos trabajado en temas relacionados con la sexualidad, nos queda claro que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, o es un conservador de tinta completa o un liberal de medias tintas.

