Por Daniela Muñoz Jiménez
Queride hermane, que el amor no se nos olvide, porque el amor es la dulce costumbre del refugio que nos ha hecho una comunidad fuerte, y como comunidad, somos refugio para la humanidad y amor para la Vida en general.
Y aunque nos odien, nosotrxs no vamos a odiar, porque el odio cultiva lo peor de adentro, y el amor construye sueños.
Soñamos con un mundo mejor, más libre, libre de diferencias que duelan en la humanidad, libre de la vorágine del consumismo individualista que devora lo humano de las personas; soñamos con un mundo mejor, donde vivir feliz sea el principal objetivo. Por eso, lo primero que hay que cultivar en esta tierra es la cooperación, porque la peor plaga de este cultivo es la soledad.
La historia humana es un cementerio de utopías, pero es de las utopías que germina un mundo mejor. Por eso, no dejemos que el miedo organice nuestros corazones ni nuestro rumbo de vida, seamos autorxs de nuestro propio rumbo.
No olvidemos que el fuego que encendió la lucha política y social por los derechos de la diversidad fueron mujeres diversas, su papel en esta lucha fue y será la de mantener ardiendo en el corazón de las grandes masas el deseo de un mundo más igual.
Y ahora, nosotres tenemos que cuidar que otros queden levantando las banderas, por eso nuestro papel es continuar esa lucha hasta que la garantía y el respeto de nuestros derechos sean un hábito y el reconocimiento de la igualdad humana sea costumbre, hasta crear memoria social y jurídica, y hasta que se practique la justicia restaurativa, esa que se hace por amor, para construir, para crecer y no para castigar.
No olvidemos que en esta lucha no hay sucesión ni personas, hay causas, y tenemos que llevar nuestra causa, la de un mundo más igual, al terreno de lo político, porque la política que no hagamos hoy es la política que nos va a joder mañana y porque no hay mejor causa en la vida que la lucha que se hace por los demás.
Que siempre nos inspire la vida, la posibilidad de un mundo mejor, más igual, que nos inspire el compromiso que tenemos con la especie, con el mundo que vamos a dejar a los que van a venir.
Y por último, queride hermane, te confieso que siento orgullo por necesidad y por compañerismo, porque el orgullo individual es una respuesta política a las agresiones de lo normativo, y porque el orgullo colectivo crea comunidad y culturas de amor…
¡Por eso el amor es la dulce costumbre del refugio que nos ha hecho una comunidad fuerte, y como comunidad, somos refugio para la humanidad y amor para la Vida en general!

