Entre lo Negro y lo Blanco: El Arcoíris

Por Fabiola Díaz de León 

La Diversidad Sexual es como una cesta de retacitos de tela, cada persona que la conformamos vamos y venimos por toda una gama de grises y colores y hemos sido etiquetados en una retahíla de letras del alfabeto que segmenta y que engloba a la vez todo aquello que sale del totalitario heterosexual y cisgénero. Todos los demás cuerpos son sujeto de discriminación y violencias de todos tipos. Dice Paul B Preciado que somos los niños malditos inocentes y que estamos condenados de nacimiento a un sistema binario entre los masculino y femenino, entre lo heterosexual y lo homosexual.

Estos conceptos binarios que engloban a todos los que amamos diferente o a los que transitamos de un género a otro y que establecemos un puente entre hombre y mujer que se queda a medio camino, somos los andantes, los visibles invisibles, los que salimos de la norma, los que tenemos que pelear cada pedazo de espacio que ocupamos y los que nos hemos convertido en un simple mercado tanto político como comercial.  

Somos los que seguimos atrapados en conceptos que nacen a finales del siglo XIX y que nos compramos tan bien la etiqueta que la usamos de bandera, la bandera arcoíris. Llegamos al siglo XXI usando los mismos nombres que nos pusieron para patologizarnos y segregarnos en cárceles y hospitales, para ser sujetos de discriminación por parte de nuestras familias y entornos cuando expresamos que no vivimos ni el cuerpo ni el amor como la mayoría establecida. Como ese grupo privilegiado por una democracia tácita en la que nadie votó, solamente pertenecen a los que son la regla y los que no lo somos pasamos a ser objeto de desprecio o morbo. 

Lo que facilita esto es que somos los que nos ponemos la etiqueta, los que nos prestamos a sus juegos de poder tanto de estado como de sociedad. Así las siglas de la diversidad se convierten en el mejor aliado de nuestros enemigos porque no hacemos un frente común, porque por más que dejemos de ser minoría nos fracturamos en grupúsculos etiquetados por la LGBTTTIQA+ 

Pero si esto se engloba en la ausencia de etiquetas y se escuda en la bandera de la libertad donde por de facto reclamamos nuestros derechos que en papel ya existen pues desarmamos a las huestes del odio y el rechazo. Estas categorías que nos ponemos sol@s en un afán de pertenecer a nuestra comunidad trabajan en nuestra contra cada que a alguien le pega la gana aventárnoslas a la cara. No somos un bloque político unificado. No somos una comunidad que englobe a todas esas siglas. Somos islas que hacen archipiélagos de seres aislados por la falta de empatía hacia el que es diferente. Nos aplicamos la misma violencia entre nosotr@s que nos aplican las sociedades de la decencia y la divina moral apegada a libros de más de 3000 años de antigüedad. 

Si nos asumimos como una revolución en cada una de esas islas vamos a levantar un ejército de cambios, un batallón de fuerza descomunal que no se deja atrapar porque ya no se señala a sí misma, una fuerza de guerrillas que acecha en la jungla para atacar a presas que no son más que garantías sociales de bienestar para cada unx de nosotrxs. Reconocer nuestra diferencia es reconocer lo que tenemos en común y todxs juntxs somos más fuertes, no hay porqué poner barreras entre sectores de la diversidad, todo lo contrario, hay que eliminarlas, cohabitar entre el espectro del arcoíris porque la sexualidad y el género es fluido y un día te toca rojo y al otro amarillo y afortunadxs aquéllxs que recorran todos los tonos y las texturas porque serán los más evolucionados, los que recorrieron el destino de Tiresias y terminaron con los yugos decimonónicos de homos y heteros, de cis o trans. Conceptos que no nacen de la diversidad sino que adoptamos para poder reconocernos pero que en el momento histórico en el que estamos solo hay valores como la empatía y la sororidad que pueden salvar a cada unx de nosotrxs en nuestras diferencias pero con la aceptación de todas ellas. 

Por lo pronto yo sí puedo decir en primera persona que no soy lo que era hace 31 años ni lo que era hace 6 ni seré lo que sea dentro de 10. todos evolucionamos y no tenemos que casarnos con etiquetas que solo sirven para que el Estado Nación y los Partidos Políticos se hagan de ciudadanos votantes en bloque imaginario que solo usan como botín electoral. 

Todos los que pertenecemos a las disidencias no podemos encasillarnos en etiquetas que tienen más de un siglo diseñadas para señalarnos. Yo ante todo soy, he sido y seré una rebelde revolucionaria ante cualquier sistema que oprima a sus integrantes. Y para parafrasear a Preciado, ya hemos pagado nuestros nombres con nuestros cuerpos.

Post Author: anodis