Crímenes de Odio e Impunidad en México: Un Llamado a la movilización LGBTIQ+ callejera

Por Juan Jacobo Hernández

Constataciones, según yo eh…

Primera constatación: Los últimos meses hemos atestiguado mediante las redes sociales y los medios virtuales en México una serie de crímenes de odio contra personas LGBTI (mujeres transgénero trabajadoras sexuales, parejas de hombres gay y recientemente a un activista gay propulsor de acciones políticas en favor de las poblaciones LGBTI).

Dichos crímenes comparten un denominador común: la impunidad… Salvo en un par de casos, los asesinos andan sueltos por la inacción, el desdén y las escasas investigaciones oficiales, mayormente deficientes, precarias y prejuiciosas, que impiden el acceso a la seguridad y a la justicia. De manera paralela, las protestas LGBTI en redes, al carecer de sus correspondientes protestas presenciales, en las calles, resultan a final de cuentas “llamaradas de petate” fácilmente olvidables o desechables.

Segunda constatación: La difusión de esos crímenes ha suscitado indignación, dolor e impotencia en colectivos, organizaciones y personalidades del mundo LGBTI que se han movilizado de manera virtual y expedita para exigir justicia y denunciar en sus espacios dichas atrocidades.

Estas respuestas ante los recientes crímenes de odio contra miembros de nuestras poblaciones son posibles gracias a la existencia y disponibilidad de espacios comunitarios, sociales, políticos y mediáticos abiertos con mucho tesón y arrojo por cientos, miles de activistas y militantes LGBTI a lo largo de décadas. Estos espacios facilitan las acciones de demanda, denuncia y protesta ante la violencia asesina, aunque pocas de esas acciones culminan en la identificación, captura y procesamiento de los asesinos.

Tercera constatación: En México contamos con una nutrida masa crítica LGBTI que incluye a intelectuales, políticos/as, investigadores, académicos/as, funcionarios públicos, luchadoras/es sociales, activistas, legisladores, artistas, influencers, etc., y a organizaciones y colectivos de diversa índole, origen y propósito que se reclaman LGBTI, muchos de cuyos integrantes se mueven, trabajan o son parte de una especie de “círculo rosa” que se caracteriza por detentar o estar cercano al poder político y económico, y/o pertenecer a los espacios donde se toman las decisiones. En este contexto, atestiguamos eventos de todo tipo –locales, nacionales e incluso internacionales- que estas personalidades y agrupaciones promueven, patrocinan, diseñan o implementan.

Que haya esa masa crítica –que en mi opinión debiera representar un capital humano y social encaminado a lograr el bienestar de las poblaciones LGBTI – es algo que se debe aquilatar objetivamente: representa un logro de muchos años a lo largo de varias décadas, donde incontables personas preparadas y comprometidas, muchas de ellas ya fallecidas, abrieron el camino con su compromiso, sus conocimientos y experiencia para que las vidas de las personas LGBTI sean más dignas, libres de prejuicio y violencia. Pese a la evidencia de cuán poblado está el universo de la diversidad sexual, el hecho es que hasta el momento, muy pocas* o ninguna de sus acciones o propuestas logra hacer aún mella visible para detener o cuando menos atenuar la ola de discriminación, violencia y crimen que asola a los/as LGBTI más vulnerables y expuestas a esos abusos; para ello es indispensable reconocer la autocomplacencia como un obstáculo que hay que vencer.

*Las iniciativas para prohibir las terapias de conversión, la exigencia de despenalización del VIH y las iniciativas para el respeto a la identidad sexo-genérica de las personas son algunos de los avances que hay que reconocer.

Cuarta constatación: Si hacemos un ejercicio rápido de mapeo a nivel nacional para tratar de identificar cuántas organizaciones y colectivos se autodefinen como LGBTI, cómo se organizan internamente, dónde/en qué ciudades, poblados o municipios se ubican, por qué y para qué se formaron, quiénes los conforman, cuáles son sus actividades principales, para quienes trabajan, cómo mantienen sus organizaciones o colectivos, de dónde salen sus recursos…, nos vamos a sentir muy frustrados.

No existe un censo/inventario/directorio actualizado parecido y lo que conocemos es lo que los propios colectivos o grupos postean sobre su quehacer en las redes sociales o en sus portales. Algunas páginas organizacionales son muy llamativas e informativas y es así como nos enteramos parcialmente de su quehacer. Por lo que publican, la mayoría se limita al tratamiento y abordaje de temas no contenciosos: entretenimiento, concursos de belleza o simpatía, escenificaciones, video-blogs con invitadas y promoción de todo tipo de eventos sociales.

Hemos constatado por fortuna que cada vez son más numerosas las OSC/colectivos locales en cuyas páginas se promueven, difunden y socializan temas y eventos con un claro perfil sexo-político, e invitan y convocan a movilizaciones de protesta o celebración. Cuando menos en cada capital estatal o ciudad importante hay un grupo o colectivo con este perfil. Sin embargo, habría que enterarse por qué la mayoría de quienes se anuncian informan poco sobre las situaciones de violencia, acoso y discriminación que de alguna manera u otra experimentan y/o afectan directamente a sus seguidores. Muchas, demasiadas, ni siquiera los mencionan. Basta con revisar algunas para confirmar este silencio inexplicable. Urge atender este vacío formativo e informativo que experimentan esas organizaciones y colectivos y buscar maneras de allegarles insumos que les permitan entender el papel importante que pueden jugar entre sus seguidores/as, sin abandonar su modo de interactuar con ellos/as.

Mi opinión… muy sesgada como lo habrán de notar.

Contamos con un enorme universo de activistas, militantes, influencers, colectivos, iniciativas y oportunidades para poder mejorar las condiciones de vida y el bienestar de las poblaciones LGBTI a lo largo y ancho del país, en todos los aspectos de la vida. Es inmenso el caudal de logros acumulados durante las últimas décadas. No se puede negar el éxito que hemos tenido al posicionar los temas LGBTI en casi todos los ámbitos del quehacer político, de salud, cultura, derechos, seguridad, acceso a la justicia, etc. Se cuenta con funcionarios/as electos en regidurías, legislaturas y el senado. México tiene la marcha LGBTI más longeva y nutrida en América Latina. Agreguen sus logros… Pero como nada es perfecto –ni queremos que lo sea- la respuesta LGBTI tiene varios talones de Aquiles:

  • Los beneficios para las comunidades y las personas concretas llegan en gotero o se implementan a paso de tortuga (una cosa es ganar la aprobación de una propuesta, una norma o una ley para promover los cambios y otra lograr que lo ganado se implemente de manera expedita y llegue a sus beneficiarios). Quizás sea por ello que los Protocolos de actuación, las Resoluciones o los dictámenes aprobados con mucho esfuerzo y talento en las distintas instancias de decisión se queden en el limbo y su entendimiento se reduzca a un pequeño círculo de personas que no tienen manera para que bajen de manera sensible hacia quienes están dirigidas; o simplemente no saben cómo explicarlas en lenguaje sencillo y comprensible para que las poblaciones locales o no se sientan identificadas con esos productos o simplemente no entiendan para qué son. Las correas de transmisión por ende son muy deficientes.
  • No existen suficientes facilitadores/as LGBTI con capacidades o habilidades prácticas que puedan coadyuvar para que esos logros se materialicen; tampoco existen los recursos (ni la voluntad política para que los haya) para apoyar a las/os facilitadores de esos procesos.
  • Se necesitan iniciativas de fortalecimiento de los sistemas comunitarios para tratar de poner piso parejo a las organizaciones/colectivos más alejados de los centros de conocimiento o poder LGBTI. Es muy importante que exista un núcleo de OSC fuertes, bien financiadas y muy visibles; sin embargo entre sus limitaciones una muy importante es estar ubicadas en grandes ciudades, con proyectos anclados financieramente y con poco margen para desplazarse a otras localidades. En no pocas ocasiones, cuando salen llevan a sus beneficiarios un menú hecho y cocinado en cuya elaboración éstos no participaron, o sin conocer de manera directa las necesidades y demandas identificadas por esas poblaciones, teniendo como consecuencia que las potenciales beneficiarias no se vean reflejadas en las propuestas.
  • Para poder materializar las demandas y responder a las necesidades auto-identificadas de las poblaciones LGBTI, además de conocerlas y compartir con ellas propuestas de acción para beneficiarlas, es indispensable no reducir toda la actividad a lo que se hace desde recintos a los que no tienen acceso las poblaciones, ni creer que con teclear enjundiosos mensajes ya la hicimos. Tomar las calles además de tomar las redes es indispensable y necesario para arrancar logros. Ningún cambio revolucionario o significativo ha sido ajeno a la movilización en las calles, ninguno. En los años 70-80 las redadas en la CDMX no se terminaron por las cartas y las denuncias que los grupos del Movimiento de Liberación Homosexual publicaron en los medios. Sí, la difusión ayudó pero el elemento clave fue que el loquerío salió y salió y volvió a salir a las calles para que desaparecieran no sólo las redadas sino que también para que se domara a la nota roja al quitarles un jugoso negocio exhibiendo ignominiosamente a las personas trans. El acceso gratuito y universal a medicamentos para salvar vidas de personas con VIH se hizo desde la incidencia política respaldada por intensas y frecuentes movilizaciones en las calles. El FRENPAVIH no redujo su presión al estado, salió a las calles, sitió hospitales, asedió a los funcionarios en las oficinas de la Secretaría de Salud y triunfó. Actualmente las movilizaciones de protesta y exigencia encabezadas por Alain Pinzón, su equipo y aliados por el acceso a la PrEP, a los ART son emblemáticas y ejemplares aunque pisa muchos callos, al igual que las acciones de Fuera del Closet en Toluca, Vida Plena en Puebla, Sinaloa Incluyente en Culiacán, o las frecuentes movilizaciones de las mujeres trans en muchas ciudades de la república exigiendo el fin de la impunidad ante los crímenes por transfobia, por mencionar algunas.
    Es preciso dejarse de mojigaterías políticas, no espantarse, no “sacarle al parche” y recomendar a las conservadoras lilas -y miren que las hay y son munchas- ponerse mucho gel para que no se les paren los pelos cuando vean marchar por las calles a una runfla de locas vociferantes gritando por sus derechos y por los tuyos.

¡QUE VIVAN LAS MOVILIZACIONES CALLEJERAS, SIN CALLE NO HAY CAMBIO!

Post Author: anodis