En la ruta de la migración, niñas, mujeres y mujeres trans sufren más violencia

Amnistía Internacional estima que seis de cada 10 mujeres que atraviesan México en su intento de llegar a Estados Unidos, están en riesgo de ser víctimas de agresiones sexuales.

Debajo del puente, junto a la vía del tren, se reúnen las y los migrantes que van a la mitad del camino dentro del territorio mexicano hacia la frontera norte. Es la ciudad de Irapuato, en Guanajuato, y en este sitio descansan, toman agua, consumen alimentos, intercambian su ropa por otra más limpia. También reciben palabras de apoyo y bendiciones por parte de quienes asisten al albergue Amigos del Tren México. Aquí fortalecen el cuerpo y el espíritu.

En este oasis migrante, alguna vez, Estrella hizo escala por unos días acompañada de una amiga -una mujer trans, como ella, y de la que nunca se supo cuál era su nombre, pero que se le recuerda por hacerse llamar por su identidad masculina-, con quien continuó su marcha hacia Estados Unidos.

Al cabo de un tiempo, Estrella fue la primera que regresó a buscar refugio nuevamente, pero cuando reapareció, no solo presentaba signos de haber sido violentada física y sexualmente, sino también estaba exhausta emocionalmente porque atestiguó el asesinato, a golpes, de su compañera.

Una vez que sanaron las heridas, Estrella, de origen centroamericano, retomó la esperanza de cruzar la línea fronteriza. Se marchó y otra vez no se supo de ella. Un año después, en un grupo de Facebook donde interactúa comunidad migrante, el perfil de un usuario publicó la foto de una mujer que pedía ayuda para contactar a sus familiares. Sí, se trataba de ella, que sorprendió a quienes lograron identificarla aun cuando en esta ocasión se le volvía a ver sin un brazo y sin una pierna.

La agrupación Médicos Sin Fronteras ha comparado la herida humanitaria -como consecuencia del éxodo hacia el “sueño americano”- con un conflicto bélico agudo actual. Esto a consecuencia de la violación a derechos humanos, así como por el número de víctimas mortales, las afectaciones emocionales, la precarización y/o el sufrimiento en la experiencia humana. La organización alerta que los y las migrantes “padecen algunas de las peores formas de violencia que hay en el mundo hoy en día”.

En aras de la búsqueda para mejores oportunidades de vida y donde la precarización de la población en tránsito es una realidad; son niñas, mujeres y personas trans las que llegan a pagar un precio más alto, pues por su condición de género “están más expuestas a la violencia sexual”, según lo dicho por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en el informe Sometidos a abusos y abandonados. Una perspectiva de género sobre el tráfico ilícito agravado de migrantes y su respuesta.

La “antimexicana”, una aliada

Una de cada tres mujeres en el mundo ha experimentado, por lo menos alguna vez en su vida, violencia sexual, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Pero en el contexto migrante, son ellas quienes padecen una exposición mayor a este tipo de agresiones, y además se les infringe como “una demostración de poder, misoginia, racismo o gratificación sexual”.

“(Las migrantes) padecen algunas de las peores formas de violencia que hay en el mundo hoy en día”.

 Médicos sin Fronteras

Gretchen Kuhner, directora del Instituto para las Mujeres en la Migración AC, asegura que las expresiones de violencia sexual hacia niñas, mujeres o mujeres trans migrantes se presentan como trata, tortura, acoso, violación, extorsión. Esta situación conlleva, a su vez, a embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual o en algunas ocasiones, la muerte.

Kuhner detalla también que quienes comúnmente cometen este tipo de delitos son “los polleros” o traficantes de personas, los compañeros de viaje, las parejas sentimentales que las acompañan -o que las alcanzan en algún punto del recorrido-, así como también policías y agentes migratorios que comprometen la libertad de ellas a “cambio de favores sexuales”.

Anahí Libanesa, activista de la asociación Amigos del Tren México, indica que el fenómeno de la violencia sexual hacia niñas, mujeres y mujeres trans en situación migratoria es una realidad que podría ir en aumento debido a la impunidad, la invisibilización, el desconocimiento de las leyes y sus derechos, así como el incremento de población migrante, lo que hace de esto una situación todavía más preocupante.

Libanesa recuerda el siguiente testimonio: “Pasó una muchacha de origen centroamericano por una ciudad cercana a nuestro albergue; había sido abusada más de tres veces, por más de 20 hombres”.

La activista destaca que se tiene registro de quienes incluso llegan a “comprometer el ejercicio de su sexualidad” mediante previo acuerdo con algún varón para reducir, de alguna manera, el riesgo de ser atacada por otros hombres, pero esto no deja de ser una variante de la violencia sexual.

Ante el riesgo inminente de que en algún momento del trayecto las mujeres sean objeto de violencia sexual, se ha observado que algunas han optado por la ingesta de la píldora o de la inyección anticonceptiva, a la que conocen como “la antimexicana”, en alusión al hecho de evitar un embarazo no deseado en territorio mexicano, donde están la mayor parte del tiempo.

Anahí Libanesa señala que son las mayores de 18 años quienes se someten a tratamientos de control natal, debido al ineludible factor de abuso por el que podrían pasar. Además, mencionó que algunas mujeres llegan a desconocer este recurso médico, mientras que otras llegan al refugio para preguntar por la píldora del día después, lo que podría suponer una señal de que ya fueron agredidas.

Al respecto, Gretchen Kuhner, del Instituto para las Mujeres en la Migración, confirma esta práctica por parte de la población femenina migrante; sin embargo, aclaró que aunque es importante atenderlas y acompañarlas, esto podría fomentar la normalización de la violencia sexual.

Por ello, hace un llamado para visibilizar este contexto para incidir a través de las autoridades en la facilitación de procesos migratorios, como por ejemplo el otorgamiento de visas humanitarias, para que de esta manera se pueda erradicar el problema desde la raíz.

Más daños colaterales: persecución, trata y feminicidios

Las mujeres informan una exposición mucho mayor a la violencia durante la migración y reportan dificultades para acceder a atención médica en su recorrido, por lo tanto, son ellas quienes requieren servicios de esta naturaleza de manera primordial, explica la ONUDD en el informe Sometidos a abusos y abandonados….

Las infecciones de transmisión sexual, por ejemplo, forman parte del testimonio de muchas mujeres migrantes, y aunque algunas logran establecer contacto con un profesional de la salud durante su trayecto hacia Estados Unidos, existen casos de mujeres que, por el hecho de ir solas o en condiciones complejas, es muy difícil que logren atenderse, explica Gretchen Kuhner.

En el caso de los embarazos no deseados a consecuencia de la violencia sexual, la experta en derecho destaca la importancia de legalizar el aborto en México, así como en toda la región, pues además de tratarse del reconocimiento de un derecho humano para las mujeres, este tipo de previsiones legales deberían considerarse para evitar la persecución del Estado.

La ONU recuerda que en El Salvador y Honduras la interrupción del embarazo está criminalizada en todas las circunstancias, mientras que Guatemala solo se permite cuando hay peligro para la vida de la madre.

La trata y el feminicidio son dos vertientes más de la violencia que sufren mujeres y niñas migrantes, expuestas también a la participación de bandas delictivas. Anahí Libanesa refiere que la gran preocupación de quienes hacen labor de apoyo en el albergue donde ella colabora recae más en las mujeres, debido a la incertidumbre que hay sobre su trayecto.

“Nosotros trabajamos en conjunto con otro equipo que está en Mexicali y lo que nos dicen es que ‘por lo menos ustedes ven llegar mujeres y niños hasta Irapuato, acá no los vemos’; eso quiere decir que, si Irapuato es la mitad de su recorrido para llegar a Mexicali, la mayoría no llega… ¿qué pasó con ellas? ¿dónde están? ¿regresaron? no lo sabemos. ¿Fueron víctimas de abuso y murieron? Probablemente. ¿Las han prostituido? Lo más probable también”, explica la defensora de derechos humanos.

La Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito afirma que pese a la gravedad de la violencia que viven migrantes en tránsito, solo un reducido número de casos se cuantifican y castigan debido a los vacíos legales de protección, al abuso policiaco, a la normativa punitiva hacia el aborto; así como también a traslados masivos que no distinguen necesidades legales, el desconocimiento de información sobre asistencia o servicios disponibles, la carencia de instituciones legales, la propia movilidad, la desconfianza en las autoridades o el miedo a la deportación.

Las Organizaciones de la Sociedad Civil, una salida

El fenómeno migrante comenzó a reportarse en los medios de comunicación desde la década de los ochenta del siglo pasado, y tal vez desde el año 2000 en los foros académicos, estimó Gretchen Kuhner.

Al hacer un balance de la situación actual, la experta señala que no solo se cuenta con mayor información o reconocimiento del fenómeno social, sino que también ha habido un incremento de hasta cuatro veces de asociaciones civiles para ayudar a este grupo de la población.

Kuhner afirma que lo que no ha cambiado durante este tiempo es la ausencia de políticas públicas, así como de iniciativas eficaces por parte de Estados Unidos, México y del resto de los países de la región.

En ese sentido, lamenta que pese a la existencia de acuerdos y pactos internacionales, no ha sido suficiente para contener las motivaciones de los flujos migratorios y las violaciones a los derechos humanos, hecho que atribuye a resistencias e intereses políticos.

Post Author: anodis