Por Roberto Zedillo Ortega (@soykul)
En este inicio de 2022, varios comentarios excluyentes han ameritado un amplio rechazo (especialmente en redes sociales). Tan solo el jueves pasado trascendieron dos casos ilustrativos, ambos a manera de “broma”. El primero: una serie de “preguntas y respuestas” transfóbicas en un programa matutino de Televisa. El segundo: un “chiste” antisemita durante una clase virtual.
¿Por qué es indispensable combatir las expresiones de este tipo? Porque no son inofensivas. Cada “broma” de esta índole refuerza prejuicios o minimiza la discriminación y la violencia; por ende, contribuye a normalizar la vulneración cotidiana de derechos, y nos anestesia ante las agresiones verbales, físicas e incluso homicidas hacia diversos grupos sociales en nuestro país.
Casi todas las personas crecemos en sociedades donde estigmatizar es la regla; es decir, donde lo común son los mitos sobre cualquier forma de diversidad. Eso significa que no estamos exentas de ser parte del problema. En el proceso de criarnos, seguramente internalizamos (aunque sea de manera inconsciente) nociones excluyentes de algún tipo, ya sean LGBTI-fóbicas, misóginas o sexistas, racistas o capacitistas, gordofóbicas o adultocentristas. El punto es que en cualquier momento podemos estar en la situación de hacer un comentario excluyente y que se nos recrimine.
¿Qué hacer en esos casos? Aquí propongo una breve lista con diez sugerencias —que sin duda se pueden ampliar, y cuya aplicación seguramente requerirá acompañamiento cercano, así como de acciones preventivas.
- No caer en negación. Es posible que nuestra intención no haya sido ofender o menospreciar a nadie, pero eso no borra los efectos de lo que decimos ni los hace menos graves.
- Escuchar a las demás personas. Incluso en redes, frecuentemente hay quienes buscan explicar la forma en que nuestro comentario reproduce estereotipos o contribuye a la burla.
- No minimizar la situación. Quizá nos parezca un “chiste inocente”, pero eso suele obedecer a que las consecuencias de ese “chiste” no nos afectan personalmente.
- Ofrecer disculpas. En general, es pertinente hacerlo en el espacio en el que se emitió el comentario (es decir, en el mismo periódico, salón, programa, revista…).
- Reconocer plenamente la situación. Es importante que la disculpa sea genuina y no la usemos como oportunidad para dar excusas ni para restarle gravedad al hecho.
- Dar espacio a especialistas. Si los comentarios se dan en un foro público, es importante acompañar la disculpa con testimonios, reflexiones o información en voz de los grupos históricamente discriminados y/o de personas, organizaciones o dependencias expertas.
- Tratar de sensibilizarse. Vale la pena aprender más en torno a las realidades que enfrenta el grupo que fue objeto de nuestro comentario.
- A futuro, intentar “des-aprender”. En otras palabras, invertir un esfuerzo consciente en evitar esta clase de expresiones de ahora en adelante.
- Cobrar conciencia de nuestra responsabilidad. Tengamos en mente que cualquier tipo de poder o influencia (p. ej. un puesto directivo, un cargo público, un espacio mediático) hace que nuestras palabras tengan mayor alcance, lo cual nos obliga a tener mayor cautela.
- Contribuir a derribar prejuicios. Si es posible, esto implica involucrarnos activamente en erradicar los estigmas hacia las distintas expresiones de la diversidad.
Por supuesto, cada una de estas recomendaciones tiene que adaptarse al caso concreto, y varias pueden requerir acciones complementarias o deben realizarse en un momento oportuno. Sin embargo, en conjunto pueden contribuir a un mejor manejo de estas situaciones —en las que, de nuevo, todas las personas nos podemos ver involucradas. Al final, erradicar las expresiones excluyentes y combatir los estereotipos requiere de un cambio cultural. En ese sentido, hace falta un esfuerzo del que podemos (y debemos) ser colectivamente partícipes.

