¿Apoco se hace investigación sobre VIH en México? La importancia del sector académico en la respuesta a la epidemia

Por Ricardo Baruch

Por décadas se ha implantado la idea en la sociedad de que los ensayos clínicos sobre VIH, los artículos en revistas indexadas, los reportes de estudios y las recomendaciones internacionales sobre salud salen sólo de Estados Unidos, Canadá y Europa. Pero la realidad es que desde la década de los 80, científicas y científicos mexicanos han hecho grandes aportes a la humanidad desde campos como las ciencias básicas, las ciencias sociales, las humanidades, entre otras. 

El sector académico ha sido fundamental para comprender desde aspectos de virología tales como los mecanismos de reproducción del VIH en el cuerpo y cómo ataca al sistema inmune; epidemiología para saber en qué grupos hay más casos y más muertes; antropología para sumergirse en las dinámicas de las poblaciones con mayor riesgo; e incluso economía para evaluar qué intervenciones de prevención son más costo-efectivas para beneficiar a más gente. 

Con la pandemia del COVID19, el mundo volvió a reconocer la importancia de la investigación científica, y a preguntarse: ¿cómo es posible que a 40 años de que inició la epidemia en el mundo occidental, seguimos sin una vacuna o una cura para el VIH?  Las respuestas son múltiples, pero lo importante es que hay que aprovechar este nuevo impulso para asegurarnos que a la ciencia se le dé el lugar que merece en la atención a los grandes temas de salud de nuestros tiempos.

Junto con Brasil y Argentina, México ha estado a la vanguardia de la investigación sobre VIH en América Latina, una región que sufre por la falta de recursos, pero que tiene talento de sobra. Desde instituciones de gobierno como el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, pasando por universidades como la Autónoma Metropolitana, centros públicos de investigación como el Colegio de la Frontera Norte en Tijuana, espacios privados como el Tec de Monterrey y organizaciones de la sociedad civil como Inspira Cambio A.C. en la CDMX o Una Mano Amiga, en Tapachula, Chiapas, el país se ha movido para conocer datos, publicar tesis, presentar en congresos internacionales y sobre todo, contribuir a que se implementen más y mejores políticas públicas para la detección, prevención y tratamiento del VIH. 

El CONASIDA creado desde los años 80, luego llamado CENSIDA, es la institución encargada de la rectoría en materia de VIH desde el Gobierno Federal. Desde ahí se dieron algunas de las primeras investigaciones, particularmente en el área de epidemiología. Los doctores Carlos del Río, Patricia Uribe, Jorge Saavedra, José Antonio Izazola y Carlos Magis -por nombrar algunos- encontraron que la epidemia en México estaba concentrada en algunos grupos como los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), mujeres trans y personas que se inyectan drogas. Por ello, era necesario atender a esas poblaciones de manera prioritaria y establecer medidas particulares para la detección y prevención. 

Desde los institutos nacionales, joya de la corona del sector salud en México, se hace ciencia básica y social para avanzar en tratamientos para el VIH y conocer a las poblaciones vulnerables. La Dra. Patricia Volkow en Cancerología, Luis Soto y Juan Calva en el Zubirán, Gustavo Reyes Terán y Santiago Ávila en el INER, entre tantos otros, han contribuido en el conocimiento sobre cuáles son los mejores tratamientos para personas con VIH e incluso avanzar en las nuevas tecnologías para la prevención. En el Inst. Nacional de Psiquiatría, el Dr. Hamid Vega lidera la investigación sobre la Profilaxis Pre-Exposición o PrEP en México. Desde el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el Dr. René Leyva y César Infante impulsan el conocimiento y las políticas de VIH para población migrante en el sur y norte del país. El Mtro. Sergio Bautista, las doctoras Magali Cuadra y Arantxa Colchero, así como la recién fallecida Sandra Sosa, hicieron aportes para conocer la epidemia en la población trans, HSH y de UDIs. Del INSP también emanaron reconocidos epidemiólogos como el Dr. Jaime Sepúlveda que hoy en día dirige múltiples proyectos desde la Universidad de California en San Francisco, o el Dr. Mauricio Hernández que desde el IMSS sigue impulsando políticas innovadoras como la PrEP para el VIH que ya está disponible en varias partes del país. 

La UNAM por supuesto no podría quedarse atrás. Con investigadores de amplia trayectoria como el Dr. Juan Pablo Gutiérrez que ha coordinado grandes encuestas poblacionales sobre VIH, pero también investigadores jóvenes como el Dr. Juan Carlos Mendoza que desde la Facultad de Medicina impulsa el trabajo sobre salud sexual de la población LGBTI+, o la Dra. Claudia Rafful quien desde la Fac. de Psicología está descifrando el nuevo fenómeno del chemsex y el uso de cristal-meth que está provocando que haya muchos casos nuevos de VIH en el país. 

Ejemplo de la relevancia del rol de nuestro país en estos temas es que la Ciudad de México ha sido la sede de los dos congresos más grandes de investigación sobre VIH en el mundo: la Conferencia Mundial de Sida #AIDS2008 y la Conferencia de la Sociedad Internacional de Sida #IAS2019. En ambos eventos se dieron cita miles de activistas, políticos, científicos y medios de comunicación de todo el planeta para conocer los avances que deberían darnos las herramientas para detener la epidemia en el año 2030, como lo marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 

Mención especial merecen la Dra. Brenda Crabtree y el Dr. Juan Sierra quienes desde el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, coordinan la Clínica VIHva, un centro de investigación de talla mundial que entre otros proyectos, es sede de MOSAICO, la investigación sobre la vacuna experimental de VIH que en México y otros países de América Latina, ha reclutado a cientos de HSH y mujeres trans para estudiar la eficacia de un tratamiento que podría evitar la transmisión del virus.

La lista puede seguir en instituciones tan diferentes como la FLACSO con la Dra. Cecilia Gayet, la UPN con el Dr. Ignacio Lozano, la UAM-Xochimilco con José Arturo Granados, Ana Amuchástegui y Luis Ortiz, la Clínica Condesa con la Dra. Andrea González, y más numerosas universidades en el interior del país. 

Pero… ¿dónde está toda esa información que emana de la academia mexicana? El sistema está creado de tal forma que quienes se dedican a la ciencia deben publicar en revistas propias de los gremios académicos y tengan poco tiempo para la divulgación general. Hay que reconocer que muchas investigaciones han servido para informar la respuesta gubernamental y social a la epidemia del VIH a través de la participación de quienes las elaboran, en diversos comités, consejos e incluso en la administración pública.

Un tema pendiente, tanto en México como en el mundo, es que se traduzcan los resultados de la investigación hacia la política social, la normatividad y la legislación. No es de extrañarse que los datos digan una cosa y las medidas al respecto van en sentido contrario. Pero eso no es culpa de la academia sino de la clase gobernante que tiende a ignorar la evidencia y se deja llevar por lo que sea popular en el electorado. Los medios también deben volverse más aliados de la comunidad científica para ayudar en el reporte de resultados de investigaciones, como sucedió recientemente con los estudios relacionados con la COVID19. Tal ha sido la negación de una amplia implementación de la educación integral en sexualidad a pesar de la contundente evidencia de que contribuye a la prevención de embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y también el VIH. 

Hoy se vive una de las peores crisis en cuanto apoyo a la investigación científica se refiere en México. El CONACYT ha disminuido financiamientos, las universidades tienen menos presupuesto, los incentivos para académicos son más complejos. Pero eso no ha disminuido el ímpetu de decenas de jóvenes que, desde la medicina, la psicología, el trabajo social, la sociología, las relaciones internacionales, la mercadotecnia, la comunicación, entre otras disciplinas, están interesados en aportar para entender mejor la epidemia del VIH y ayudar a reducir los daños provocados por ella. 

40 años después de que apareció el VIH en las Américas seguimos teniendo miles de muertes relacionadas con el sida, más de diez mil casos nuevos por año en México, cientos de violaciones a los derechos humanos por serofobia. Pero tenemos también personas comprometidas desde el gobierno, la sociedad civil, el sector privado, los medios de comunicación y también la academia. Sin esfuerzos coordinados no lograremos la meta y sin la ciencia, no sabremos cuáles son los mejores caminos que hay que seguir. Invertir en investigación es invertir en un mejor futuro, un futuro sin discriminación y sin muertes prevenibles. 

*Doctor en ciencias de la salud pública, activista e investigador en salud sexual y reproductiva. Twitter: @Baruchdom

*Una versión corta de este artículo fue publicada en Time Out México

Post Author: anodis