Alameda, la firma responsable y ‘queer’ creada por una hija de la moda rápida

Por Patricia Moreno

“Después de muchos años trabajando en el ‘fast fashion’, siento que llega el momento de materializar más que un deseo, una necesidad”, asegura Isabel Ruiz Furió, alma mater del proyecto

Cuando tenía frente a ella la tarea de nombrar su proyecto personal de moda, Isabel Ruiz Furió (Valencia, 1990) tiró de sensaciones. De espacios seguros. O, al menos, de evocaciones a alguno de estos. “Alameda es el nombre del paseo en el que está situada la casa donde crecí. Es un paseo de tierra con terracitas y árboles gigantes por los que me encantaba trepar de pequeña. También es el sitio donde fumé mi primer cigarro, y alguna otra cosa más… Para mí, es una palabra con una sonoridad bonita y que significa casa. Para emprender este proyecto, que me daba un poco de vértigo, necesitaba un nombre familiar que me trajese estabilidad y fuerza”, asegura esta joven, en cuyo currículum están Zara KidsC&A y, actualmente, Mango. “Empecé a vivir de la moda relativamente pronto. Mi primer trabajo no fue, como les pasa a bastantes compis de profesión, en una marca elitista que me hacía trabajar diez horas a cambio de un sueldo muy cuestionable y un montón de prendas de marca. Me parece una elección muy respetable y preciosa, pero la fortuna me llevó a la moda rápida”. Así, con una carrera en el diseño forjada en los big players de la moda pronta internacional, esta joven valenciana residente en Barcelona apuesta por una firma en la que imprimir su visión más íntima de la industria.

Esta se traduce en creaciones sin género y en unidades limitadas que plantean un modo alternativo de relacionarse con la ropa. “Después de muchos años trabajando en el fast-fashion siento que llega el momento de materializar más que un deseo, una necesidad. Este proyecto me ha ayudado a recordar por qué comencé en la moda, he vuelto a divertirme y a disfrutar de lo que hago, y además he aprendido muchísimas cosas nuevas, partes del proceso que ni conocía; también he superado mi indiferencia congénita a las redes sociales y mi pánico a la burocracia. Pero lo que más me ha gustado comprobar sobre mí misma es hasta qué punto puedo comprometerme con algo cuando me importa. Noches muy largas, findes muy cortos. He tenido que decir que no a planes por quedarme en casa trabajando y lo he hecho a gusto. Increíble, con lo que me gusta a mí una cervecita…”, concede la creativa, que con apenas unos meses de andadura celebra la buena acogida de Alameda. “Por ahora estoy muy contenta con cómo está funcionando. Estoy recibiendo mucho apoyo y gente muy guay está proponiéndome colaboraciones y proyectos muy interesantes. A nivel de ventas vamos creciendo poco a poco, por ahora en España y en países del norte de Europa, ¡y seguimos ampliando!”, transmite entusiasta.

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Para su primera campaña, Alameda cuenta con dos figuras clave en la escena ‘queer’ de España: la fotógrafa Arden y el bailarin de ‘voguing’ Jayce, en la imagenARDEN

De alguna manera, tu infancia está presente en el proyecto, con esa alusión a la alameda donde creciste. ¿Qué impacto tuvieron aquellos años en tu vocación creativa?

Por lo que puedo recordar, de niña siempre fui más bien introvertida e independiente. Como hija pequeña y un poco descolgada de tres hermanas, no coincidimos mucho en las etapas vitales, por lo que me acostumbré bastante a ir a mi aire, algo que aún me caracteriza, creo. Por desgracia, la creatividad nunca tuvo un papel importante en mi educación: me enseñaron a estudiar y respetar ciertas parcelas de creación artística, pero siempre como mera espectadora. Nunca se fomentó una actitud creativa, ni se vivía en un ambiente artístico, y para colmo fui a un colegio católico en el que ni había una opción educativa artística.

¿Y qué hay de la moda? ¿Cuáles son tus primeros recuerdos asociados a esta?

Muy probablemente todo empezara en una pequeña tienda de ropa infantil que tenía mi madre en Valencia, y donde pasé la mayor parte de mis tardes a la salida del colegio probándome ropa, haciendo recados o simplemente observando. Crecí sintiendo que lo que llevaba decía mucho más de mí de lo que yo misma decía y en todas las fases de mi vida fue extremadamente importante para mí la expresión de quién era a través de la ropa.

¿Qué consideras que es lo que más te ha influido a la hora de configurar tu personalidad creativa?

Creo que una de las mejores cosas de las que siempre dispuse para alimentar la creatividad es el tiempo. Nunca tuve una de esas agendas repletas de actividades extraescolares que te roban todo tu tiempo hasta caer rendida en la cama. Tenía mucho tiempo libre que “perder” y como niña de ciudad pasaba mucho de este tiempo en casa sola, cosa que creo que desarrolla tu imaginación de forma muy natural y personal. Nunca me aburro cuando estoy sin hacer nada, de hecho, es algo que echo mucho en falta hoy en día y creo que es un elemento importante para dar cabida al pensamiento creativo. Otra cosa es aprender a canalizar o materializarlo, eso ya hay que aprenderlo.

Las piezas de Alameda estn diseadas y producidas en Barcelona en talleres con trabajadoras en riesgo de exclusin social
Las piezas de Alameda están diseñadas y producidas en Barcelona, en talleres con trabajadoras en riesgo de exclusión socialARDEN

En Alameda no hay tricot, sin embargo, empezaste especializándote en esta técnica. ¿Cómo fue?

Estudié diseño de moda en la EASD de Valencia y, por casualidades de la vida, con el tiempo mi experiencia acabó especializándome en el área del punto-tricot, un mundo bastante específico y técnico, pero muy interesante. En muchas universidades puedes especializarte en este área desde los estudios para contar con el conocimiento técnico necesario, pero en mi universidad esta opción no existía, así que lo aprendí todo trabajando. Cuando trabajas para empresas grandes te dedicas a algo muy concreto porque el nivel de especialización es altísimo, así que después de nueve años dedicada al tricot, en mi proyecto personal, Alameda, he querido hacer algo completamente diferente.

¿Cómo diste el salto a las filas de Inditex?

Todo empezó el verano que terminé la carrera. Hice un proyecto final de carrera inspirado en los pintores Prerrafaelitas que disfruté muchísimo y presenté con mucha ilusión al concurso EGO, en Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Para sorpresa de todos, se seleccionó para participar en el concurso. De esto hace muchísimo tiempo pero no se me olvida el verano de duro trabajo, ilusión, alguna que otra lágrima y mucho, mucho calor en casa cosiendo la colección. Fue una de las experiencias más increíbles de mi vida y, aunque no gané el concurso, me abrió la puerta a mi primera experiencia profesional en Inditex, que patrocinaba el evento. No estaba en mis planes pasar a formar parte de la plantilla de semejante gigante del fast-fashion, pero cuando surgió la oportunidad, me emocionó pensar todo lo que podría aprender de gente que había llegado tan lejos y que mis prendas podrían llegar a personas de todo el mundo. Creo que fue una buena decisión y que me abrió una puerta a una rama de la moda que, si bien hoy ya no concuerda con muchos de mis principios, en aquel momento me pareció una oportunidad irrepetible. Mi primera experiencia fue en Zara Kids, y me llevo dos cosas muy importantes: lo muchísimo que aprendí cada día (recién salida de la carrera, no sabía ni siquiera cómo funcionaba una empresa de moda real, mucho menos de ese tamaño), y la gente tan guay con la que me encontré, que se alejaba mucho de la idea cinematográfica de gente malvada y superficial que se dedica a la moda.

¿Qué vino después?

Después de unos años allí decidí probar suerte con experiencia internacional, más motivada por la idea de vivir en otro país que por la experiencia laboral en sí, así que me mudé a Alemania a C&A, donde comencé a trabajar en mujer, en tricot de nuevo. Vivir en el extranjero fue muy enriquecedor, lo considero el Erasmus que nunca hice y me hizo apreciar más las cosas buenas de mi país. Tras un tiempo allí volví a Barcelona para trabajar para Mango. En esta marca me encontré con unas personas increíbles a las que considero más amigas que compañeras de trabajo y que me han apoyado muchísimo en el proceso de creación de Alameda.

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“Sin duda, la estrella de la colección ha sido el vestido verde, cosa graciosa porque estuve a punto de no hacerlo”, traslada la diseñadora de AlamedaARDEN

Al crear tu propia marca, ¿tenías claro que tendría una producción responsable?

Sí, siempre que he podido he tomado las decisiones intentando optar por la opción más sostenible y ética. Se trata de producciones muy pequeñas compatibles con unos hábitos de consumo moderados y sostenibles. Las prendas están confeccionadas en un pequeño taller en Barcelona, en el que trabajan mujeres en riesgo de exclusión social. Lo encontré en una web de networking textil. Su gerente ha trabajado en la India gestionando talleres con métodos de producción sostenible y ahora en Barcelona gestiona una cooperativa que contrata a mujeres migrantes que aprendieron a coser en sus casa para, así, profesionalizar sus conocimientos y que aporten un salario digno a sus familias.

¿Por qué moda sin género?

Porque la moda siempre ha sido un reflejo de su momento histórico y creo que cada vez más personas nos damos cuenta de lo innecesario de las distinciones de género. Es una lucha que viene de muy lejos, y mi papel como persona cisgénero, blanca y de clase media que ha crecido resguardada y muy cómoda en el sistema es escuchar y aportar mi granito de arena para que nadie tenga que crecer sufriendo por unas normas que no sirven para nada. Ojalá mi descendencia (si tengo) crezca en un mundo en el que no se diga “las mujeres son así y los hombres son asá, y si no encajas en esto hay algo que no funciona bien”.

¿De dónde proceden los tejidos?

Para esta colección quise usar tejidos de seda, y para compensar los costes y por cuestiones de colorido y abastecimiento, trabajé con varios orígenes. Uno de los tejidos está hecho en España, es una seda increíble tornasolada (¡y carísima!). También trabajé con una empresa de reventa de stocks de tejidos; en este caso desconozco el origen de los mismos, pero me alegra saber que son tejidos que de otro modo se desecharían. Por último, por necesidades de stocks y colorido, también trabajé con un proveedor inglés de sedas, que fabrica en China. No es lo ideal, pero en la política de empresa garantizan que todas sus fábricas cumplen con la legislación OKEO-TEX, que vela por que se cumplan unos estándares de seguridad en el trabajo, y Reach, que controla el uso de químicos en la producción.Lo más visto

Fuente: Vogue

Post Author: anodis