Pride: orgullo y esperanza

El Pez fuera del agua. Es una fórmula clásica de las películas cómicas en torno a la cual se han tejido algunas tan buenas como Pride: Orgullo y esperanza del dramaturgo Matthew Warchus. Y sí, tiene esta estructura: el héroe se encuentra fuera de su elemento. Así, un grupo de gays londinenses se encuentra de pronto metido en un pueblo minero de Gales. A pesar del tema y a pesar de estar basada en hechos reales, Pride es como una fábula. En ella, un grupo de homosexuales (hombres y mujeres) decide llevar su activismo un paso más allá y apoyar a un contingente de mineros en huelga. Estos mineros, alguna vez escucharon hablar de la homosexualidad, pero no han visto nunca a un grupo tan colorido.

Con francas referencias a Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, Pride explora el drama de estos trabajadores que, a causa de sus salarios caídos, tienen que aceptar el dinero que consiguen boteando sus amigos gays. Sin embargo, pronto tendrán que recular. Y es que los mineros, a pesar de la necesidad, comienzan a verse atacados por sus enemigos que en la prensa escriben: “a los mineros los apoyan los pervertidos”.

Estamos en 1985, son los años de Reagan y de Thatcher, de Juan Pablo II. El mundo no ha dado el salto hacia la normalización de las preferencias sexuales que tanto auge ha tenido en lo que va del siglo. Pride es una historia divertida y ligera, pero, ¿qué hay más allá de lo evidente? Para entenderlo hay que detenerse a mirar con cuidado la primera secuencia.

Mark es activista homosexual. Una mañana se levanta feliz para preparar su café. Detrás de él aparece el amante en turno. Pregunta con algo de temor: “¿quieres que te deje mi teléfono?”. Mark no responde. Se queda pasmado ante el televisor. Ahí está en la caja cuadrada. La lucha de los mineros contra la policía, contra Thatcher, contra El Sistema.

¿Qué ha visto? ¿Por qué decide Mark que debe formar parte de este problema? En la respuesta a esta pregunta está la belleza de esta obra en la que, por supuesto, se entretejen toda clase de chistes de cliché. Pero, además, Pride: Orgullo y esperanza forma parte de la tradición de la mejor comedia británica de modo que llama la atención (visibiliza, como está de moda decir) las luchas de las clases trabajadoras. En este sentido Pride recuerda a The Full Monty y hasta a Billy Elliot, dos clásicos de la comedia de Gran Bretaña. Porque sí, tanto los obreros de Full Monty como Billy Elliot tienen que superar el ridículo. Billy, por ejemplo, tiene que imponerse al temor a ser llamado “poof” por su padre y su hermano.

Pero, si uno lo piensa, Pride es más que una película gay. Es cierto que tiene lo mejor de esta clase de cine, a saber, una banda sonora espectacular, un chico que sale del clóset y otro que no se habla con su mamá hasta que comienza la aventura. Hay también un malo que quiere humillar a los homosexuales, pero al final retorna al buen camino. Hay poco sexo, sin embargo. Tan poco que podría decirse que es una obra familiar. Pero volvamos al tema: ¿por qué decide aquella mañana Mark apoyar a los obreros? Porque habiéndose levantado luego de una noche casual descubre que la vida le está quedando grande. Y él quiere luchar por algo más importante que el desfile homosexual. Algo que incluso se escribe con mayúsculas: La Revolución.

Post Author: anodis