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14 DE MAYO DE 2007 Ser homosexual: del pecado a la diversidad Homosexuales, lesbianas y travestis han existido en México desde la época prehispánica. Sin duda han sido siglos de represión y castigos, pero hoy, en pleno siglo XXI, los colectivos LGBT luchan por el respeto a sus derechos.
Siempre ha habido “jotos y mayates”, pero en los últimos 30 años, hemos empezado a vernos como “disidentes sociales” y a reclamar nuestros derechos humanos. Pasamos de de ser “pecadores” y luego “maricones, marimachas y amanerados”, a ciudadanos que manifestamos una cara de la diversidad sexual, con los riesgos y ventajas que esto conlleva, en un proceso que no es sencillo y que debe pasar por romper la homofobia introyectada y por crear lazos de solidaridad interna, así como alianzas políticas con otras fuerzas sociales que luchen por el respeto a la diversidad y la convivencia democrática.
Salvador Novo, en su ensayo “Las locas y la inquisición” nos menciona que Netzahualcoyotl mandó a destripar, por el ano, a los “pasivos”, es decir, a los hombres que habían sido penetrados por otros hombres, y a los penetradores. Los castigados eran enterrados en cenizas hasta que exhalaran el último aliento.
En otra época, en Veracruz y otras costas, ya habíahombres vestidos con ropa de mujer. El Inquisidor Torquemada decía: “eran todos los demás de ellos sométicos en tanta manera que andaban en hábito de mujeres, muchachos a ganar en aquel diabólico y abominable oficio”.
Ya más cristianizados, el 6 de noviembre de 1658, 14 hombres llamados “sodomitas” fueron quemados y otro, por ser muchacho, sólo recibió doscientos azotes. De ellos, el más famoso era: “La Cotita de la encarnación” un mulato que desde la edad de 7 años se dio a este “vicio”. En ese auto de fe fue ajusticiado un español al que llamaban “Señora la grande”, que era el encargado de armar las parejas y proporcionarles lugar dónde llevar a cabo sus relaciones sexuales. Cabe decir que fueron denunciados más de 100 clientes de este grupo.
Vino la Independencia y, los constituyentes del 1824 y del 1857 tomaron el espíritu napoleónico para hacer las leyes y dejaron (formalmente) la cama y los culos fuera de la jurisdicción de los tribunales. Por eso, no ha existido en el México independiente ningún argumento Jurídico en contra de la homosexualidad y los policías se han tenido que escudar sólo en los conceptos de “moral y buenas costumbres”, que dejan margen para la negociación política y monetaria entre el sorprendido y su acusador.
Nos brincamos varios siglos, por falta de datos, y llegamos al domingo 18 de noviembre de 1901, cuando, a las 3 de la mañana, la policía interrumpió en la calle de la Paz (hoy calle Ezequiel Montes) y dio lugar a la famosa Redada de los 41, aunque en realidad había una reunión de 42 hombres: 22 de ellos vestían masculinamente, 19 estaban travestidos y uno más, cuyo nombre no se publicó, era Ignacio de la Torre, Yerno de Porfirio Díaz y Patrón de Zapata .
Esta redada se hizo sin ningún argumento legal, pues la Ley en México nunca se había inmiscuido expresamente en los actos privados. Sin embargo, dicha acción sentó el precedente de que una fiesta privada podía ser interrumpida, no por ser ilegal, sino porque la policía o un vecino sospecha que se “violentan la moral y las buenas costumbres”, como señala el escritor Carlos Monsivais en su ensayo “La gran redada”, publicado por el Suplemento Letra S el 8 de Noviembre de 2001.
A partir de Noviembre de 1901 y hasta el 2 de Octubre de 1978, los homosexuales y lesbianas mexicanos somos sujetos que aprenden a vivir en las sombras, en el miedo y, hacen del humor y la solidaridad su mejor arma. Se sienten y se viven lejos de la posibilidad de que la ley les ampare, sobre todo si son pobres. Así, como reitera Monsivais: “Los gays viven presos del pánico de la redada, y que esto no es psicologismo lo prueba la continuidad de los atropellos policíacos y de la redada moral: los insultos, el desprecio, la ira y la congoja de los padres”.
Es por esto que muchos homosexuales de la tercera edad recuerdan cómo se tenían que esconder en los tinacos cuando la policía irrumpía en las fiestas, en los años 60´s o, cómo para salir de los baños Ecuador debían agazaparse y esperar a que viniera el camión y treparse al vuelo, para evitar ser detenidos y extorsionados, o más cerca, cómo había que ir en “bola” a las primeras Discos Gays para evitar que la policía los detuviera.
Después de los 41, el siguiente gran momento de aparición de los homosexuales en México es con la aparición de artistas como Jaime Torres Bodet y Salvador Novo, quienes al estar cerca del poder y ser tan notorios, crearon chistes como aquel que decía: “Los buenos van al cielo, los pecadores van al infierno y los maricones van… al INBA”
Stone Wall en Estados y el 68 mexicano, nos ayudaron a pensar a los gays y lesbianas que podíamos ser ciudadanos y tener derechos . En 1978 marcharon gays y lesbianas como un grupo más en la conmemoración del X aniversario de la matanza de Tlaltelolco, y con el valor que les dio el ser aceptados por los contingentes de los sesenta y ochenta, en 1979, organizaciones ciudadanas de homosexuales como LAMBDA, y FARH, por mencionar algunas, se realizó la primera Marcha del Orgullo Homosexual en México D. F. En los ochentas, como señala la página web “mundo gay”: México fue testigo de la masificación del ambiente, ahora sí “ambiente gay”, y junto a este vigoroso crecimiento en la afluencia de homosexuales y lesbianas a los sitios de reunión, vino un notable cambio en los patrones de conducta de muchos de nosotros.
Los antros gays ofertaban la ilusión de vivir plenamente la Gay Liberation, es decir, la posibilidad para cada uno de nosotros de representar plenamente los estereotipos comerciales que veíamos en los estilos de vida de los homosexuales de Norteamérica”, pero este sueño lo acabó el sida y muchos activistas de los derechos homosexuales murieron o cambiaron su foco de atención de los derechos Gays a la lucha contra el mortal virus. Creció la homofobia porque se culpaba a gays y bisexuales de que sus “pecados” provocaban “víctimas inocentes” entre niños y mujeres.
En los años 90´s, el VIH hizo evidente la gran diversidad de comportamientos sexuales existentes en nuestra población y entonces, fue posible empezar a hablar, a nivel amplio, de “Diversidad sexual “. Por tanto, fue posible también impulsar, primero en la ciudad de México y luego en el resto del país, las leyes contra la discriminación por motivos de orientación sexual. El Sida también permitió darse cuenta de la indefensión jurídica de las parejas homosexuales, así como de la necesidad de garantizar esa seguridad. Apareció entonces un nuevo campo de lucha, que fue el reconocimiento a las “parejas de hecho”.
En esta época los gays también fuimos invitados a todo programa de radio o TV que quisiera subir rating, y eso nos dio a conocer en nuestra amplia diversidad; este peiodo fue propicio para la consolidación de algunas revistas gays como Hermes, 41soñar fantasmas, Macho Tips, Atracción, y las de heterosexuales que se salían del molde, como wingers.
Ya entonces, el travesti heterosexual hace programas de radio y televisión y se rompen algunos de los últimos sellos de muchos clósets. En esta década surgen también organizaciones sexológicas como CECASH y su sección “Crisálida” de travestis heterosexuales.
Otros rompedores del silencio fueron los y las sexoservidoras. Empieza una resignificación y dignificación de este trabajo que lo hace público y lo lanza a las ofertas de las páginas de anuncios de masajes y les permite crear organizaciones para reclamar y defender derechos a tener salud y a trabajar.
En 1996 aparecieron los medicamentos antirretrovirales. Se abrió la lucha por conseguir este tipo de fármacos con acceso universal. Las organizaciones en defensa de los derechos de las personas que viven con VIH (PVVIH), principalmente las gays, se fortalecieron e incrementaron su número.
Todo este panorama de “liberación” no podía dejar de estar acompañado de su contraparte. En los 90´s también se fortalecieron, con el apoyo del gobierno de Salinas de Gortari y de Zedillo, los grupos más conservadores como Próvida, que llegaron a exigir cárcel para los “adúlteros”. El nuevo milenio nos presenta un mosaico de muchos colores y texturas con respecto a la Diversidad Sexual en México. Los homosexuales somos ahora un mercado muy productivo que viaja, consume y empieza a tener peso político.
Tenemos que empezar a aprender a usar este poder: desde ser consumidores más exigentes, hasta respetar nuestra propia diversidad, sin desgarrarnos por promesas de huesos políticos y sobre todo, generar nuevos líderes, con visiones políticas más amplias y frescas. Este es el reto para ser ciudadanos con plenos derechos y responsabilidades. ¿Nos atreveremos?
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