19 DE FEBRERO DE 2007
Televisión y diversidad sexual: entre el amor y el odio
Con opiniones a favor o en contra, desde hace “poco” la televisión le ha entreabierto las puertas a la diversidad sexual. Mientras que en otros países es común ver a personajes gays, en México, son relegados a estereotipos impuestos por la misma sociedad.

Redacción Anodis

Ragap



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En México la televisión ha ridiculizado al homosexual

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Nadie sabe a ciencia cierta cuándo se comenzó a tocar el tema de la diversidad sexual en la televisión. Los pocos escritos que se han hecho sobre el tema ni siquiera se han puesto de acuerdo al respecto.

Existen registros acerca de que la temática de la diversidad sexual en la televisión de Estados Unidos se comenzó a dar desde los años 60, y de ahí fue progresando paulatinamente alrededor del mundo hasta que hoy en día ha llegando incluso a convertirse en un género dentro de la televisión mundial, aunque existen sociedades renuentes a aceptar la aparición de personajes gays en la llamada “caja idiota”.

El panorama estadounidense

En 1964, el programa Espionaje se colocó como el primer programa Prime time en la Unión Americana en incluir en su historia a algún personaje homosexual. Por otro lado, en 1967, en el programa NYPD (no confundir con el de los 90), apareció el primer personaje que se asume como homosexual y en 1970, en la serie Medical Center, se incluyó el primer diálogo discriminatorio contra los homosexuales.

Sin embargo, es hasta 1975 cuando aparece Soap, la primera serie con un personaje homosexual como protagonista, encarnado por el actor Billy Crystal, y en 1976, en el programa Sirota’s Court, aparece la primer pareja del mismo sexo. La serie tuvo éxito, pero a partir de ahí se cayó en un bache durante la década de los 80, atribuido a situaciones que afectaban directamente a la comunidad LGBT mundial, como la aparición del Sida, la homosexualidad en los adolescentes y una escena que en su momento causó polémica y perturbamiento de las llamadas “buenas conciencias”: la serie Twentysomething mostraba por primera vez una escena de cama entre dos hombres.

En 1992, durante el programa Melrose Place, serie creada por Aaron Spelling (creador de otras serie emblemáticas de los 90 como Beverly Hills 90210 y Charmed), apareció el actor Doug Savant (quien interpretó el personaje de Matt y a quien muchos recuerdan por la película Godzilla de 1998), actuando como homosexual en una serie en donde predominaban los “acostones”, asesinatos y demás temáticas violentas para mantener el alto rating. Obviamente, una escena en donde él se besa con otro hombre levantó ámpula entre la opinión pública, aún así, este personaje permaneció durante cinco años en la misma.

Con todo, muchos consideran a la actriz Ellen DeGeneres como “la pionera” de este tipo de programas, al admitir, durante su programa Ellen (1997), así como en la vida real, su lesbianismo. Esta declaración llevó al programa a grandes niveles de rating, situación que pronto se tornó contraproducente, al grado que la llevaron a su cancelación. Tiempo después, regresó con otro programa similar, The Ellen show, el cual tuvo un éxito moderado.

Desde ese momento casi todas las teleseries estadounidenses comenzaron a agregar personajes homosexuales o lesbianas a su elenco. En estos años fue muy común explorar la vida de los gays, sin embargo, existían pasajes dentro de las tramas que escandalizaban desde los productores y dueños de canales hasta a los anunciantes; poco a poco se han roto estos tabúes, aunque todavía existen ciertos sectores reaccionarios que no pueden observar estas escenas sin lanzar gritos de alarido. Así, Dawson’s Creek, Buffy la cazavampiros, Felicity, The O. C., Six Feet Under, Spin City, y un largo etcétera, comenzaron a tener personajes homosexuales o lésbicos, algunos pasaron sin pena ni gloria, en tanto que otros se convirtieron en pieza fundamental para la trama en cuestión.

En 1998 surge una serie que revolucionaría la manera de ver a los homosexuales en la pantalla chica: Will & Grace. Creada por Max Mutchnick y David Kohan, narra la historia de cuatro personajes; dos hombres gay (Will –Eric McCormack- un abogado muy masculino y Jack –Sean Hayes- un joven que trabaja principalmente como comediante) y dos mujeres heterosexuales (Grace –Debra Messing-, una decoradora de interiores con aires de neurosis y Karen –Megan Mulally- una mujer adinerada a la que le gusta tomar en demasía). La diversidad de situaciones por las que tienen que atravesar la convierten en un éxito hasta mediados de 2006, cuando termina, aunque todavía sigue transmitiéndose en México.

Es en 1999, cuando una serie inglesa toma al mundo por sorpresa y no se limita a un personaje homosexual, sino que muestra una parte del mundo gay en Londres a partir de la vida de tres hombres homosexuales: Queer as folk, que aunque sólo duró dos temporadas, fue objeto de un rating favorecedor, a pesar de las críticas de grupos conservadores que se escandalizaron al ver a hombres besándose y teniendo sexo entre ellos.

Esta serie fue inspiración de una versión estadounidense del mismo nombre, que se basa en el estilo de vida de cinco hombres en Pittsburgh, en una trama que combinaba por partes iguales drama, comedia y sexo. Incluso, antes de cada capítulo aparecía esta leyenda: “Queer as Folk es la celebración de las vidas y las pasiones de un grupo de amigos gays. No trata de reflejar toda la sociedad gay”. A diferencia de la inglesa, esta serie duró cinco temporadas, entre el 2000 y el 2005, aunque se tuvo contemplada una sexta, Showtime, la cadena productora de la serie, se negó.

Las lesbianas, que generalmente eran relegadas en la televisión, tuvieron un programa dedicado a ellas en The L Word, serie que tenía cierta semejanza con la anterior en el sentido de que se presentaba la misma trama, la diferencia es que ahora era protagonizada por mujeres lesbianas. Actualmente, la serie se transmite por Warnel Channel y este 2007 estrenará su cuarta temporada.

Incluso, ya existen varios canales en la televisión de paga dedicados a esta temática, como Logo TV, (propiedad de MTV) y G Channel (señal de origen argentino dedicada al sexo gay). De los que no son tan conocidos en México, tenemos a PrideVision TV, de origen canadiense, Showtime (responsable de traer shows como Queer as Folk y The L Word) y Pink TV, señal francesa cuyo principal atractivo es tener programación tanto para adultos como para adolescentes que están descubriendo su identidad.

En MTV, incluso, algunos programas dedicados a jóvenes que se conocen y tienen citas, tomaron un giro inesperado y comenzaron a tomar en cuenta a la diversidad sexual. Así, series como Invadecuartos, Next y Dismissed mostraban que también había jóvenes gays (masculinos y femeninos) que disfrutaban jugar al amor y conocer otras personas como ellos. El fin de semana pasado, se presentó Vida real: salí del clóset, que mostró las historia de cuatro jóvenes (dos hombres y dos mujeres) que experimentaron diversos cambios en su vida al confesar ante sus diversos medios ambientes (familiar e íntimo) su orientación sexual.

La diversidad sexual rebasó también la línea de los reality shows, siendo incluso protagonistas de muchos de ellos, como en Boy meets boy o Queer eye for the straight guy. O en programas que reúnen a un número determinado de personas, como en The Real World, o Survivor, programa que causó revuelo en México y donde su primer ganador manifestó ser gay durante el desarrollo del programa.

Por si esto fuera poco, diversos actores han decidido salir del clóset, como Neil Patrick Harris (Doogie Howser), T. R. Knight (Grey’s anatomy) y Kristanna Loken (Terminator 3), sin que esto repercuta en sus carreras actorales, cosa que, como veremos más adelante, no podría suceder en México.

El triste caso mexicano

Mientras que en países de Sudamérica, Estados Unidos y Europa, estos temas son tratados hasta cierto punto con normalidad, la diversidad sexual en México está relegada al tristemente homofóbico género de la comedia, donde persiste la imagen del gay amanerado y la “loca”, cuyo único empleo disponible es en la estética o en un restaurante, misma que ha perdurado durante mucho tiempo en la televisión mexicana.

A diferencia de países como Colombia y Argentina, donde estos personajes pueden incluso ser protagonistas de las historias, México, que por cierto, está optando por comprar historias particularmente de estos dos países debido a la falta de creatividad de los escritores mexicanos de telenovelas, están suprimiendo dichos personajes para desarrollar nuevos conflictos.

El caso de Argentina es muy particular, puesto que recientemente se estrenó una serie cuyo estelar era un señor de edad avanzada, Martín Fierro, personaje interpretado por el actor Juan Carlos Dual, quien fue llamado “el primer abuelo gay de la televisión”. Sin embargo, estas historias parecen no interesarle a los dueños de las televisoras y prefieren repetir patrones que alguna vez funcionaron y que no parecen tener fin.

Recordemos a Paul (Radamés de Jesús) en la telenovela Volver a empezar (1994), o a Pablo Cheng en Vivo por Elena (1998), que cayeron en las típicas fórmulas de representación a un homosexual (es decir, movimientos femeninos, voz aguda, caminar particular). A lo largo de los años, se ha repetido este mismo patrón en diversos programas.

Cómo olvidar, por ejemplo, a Valente (César Bono) en Diseñador ambos sexos, donde su protagonista (Héctor Suárez Gomiz) se ve obligado a desarrollar tendencias homosexuales para sobresalir en el mundo de la moda. O más recientemente, y retomando el molde del estilista, a Omar Chaparro como “Yajairo” en No manches, o a Adrián Uribe y Gustavo Munguía como “Carmelo” y “Paul-Yester” en La hora pico. Particularmente este último personaje se colocó tan en el gusto del público, que tiene su espacio en La hora de la papa, un programa familiar en donde supuestamente no existen “esas cosas”.

Fue en 1999, cuando de la mano de la telenovela La vida en el espejo, el actor José María Yazpik interpreta un personaje gay reconocido por los mismos críticos como el primer personaje gay de telenovela representado con dignidad. Lo curioso es que esta telenovela se transmitió por TV Azteca, televisora que no tienen aún definida su forma de tratar al colectivo LGBT por televisión. Aún así, es de reconocerse que los personajes gays de sus telenovelas (Juan Pablo Medina en Cuando seas mía¸ Juan Manuel Bernal en La heredera o Margarita Gralia en Mirada de mujer) son trabajados con una credibilidad digna de reconocimiento.

En tanto, en Televisa se han dado casos contrastantes, por un lado, actores como Manuel Landeta (Barrera de amor) han logrado actuaciones dignas, otros, como Sergio Mayer (La fea más bella) cayeron en el amaneramiento y afeminamiento al cual se le ha condenado al hombre homosexual a través del tiempo, con un personaje que ha causado incluso molestias entre el colectivo LGBT: Luigi.

Los Reality shows mexicanos no se han salvado de este tipo de problemas, en especial la edición mexicana del Big Brother. En el primero, vemos a Eduardo (mejor conocido como “El Doc”) y a Patricio Zambrano (a quien siempre le ha gustado el escándalo) en poses muy cariñosas entre ellos, sin que eso signifique nada, aunque el primero hacía poses muy amaneradas a diestra y siniestra. En la segunda edición, Rodrigo Gómez no ocultó su orientación sexual y en una cena con todos los habitantes de la casa, lo confesó, cosa que a la postre le costaría la expulsión, y en el llamado Big Brother 3:R, Daniel Troyo, originario de Maravatío, Michoacán, declaró ser bisexual, lo que le ocasionó conflictos con varias personas dentro de la casa y que también le costó una pronta expulsión.

Pero no todos los programas enfocados en este público han sido fríamente recibidos. En 2001, Horacio Villalobos presentó el concepto Desde Gayola, en Telehit, donde a través de la comedia presentaba diversas situaciones relacionadas con el colectivo LGBT. El programa tuvo tal impacto que se convirtió en el más visto del canal por un muy buen tiempo. Además, algunos de sus personajes se convirtieron ya en iconos de la cultura gay capitalina (La Súpermana, “La Tesorito”, Manigüis, el Chef Ornica, etc). Sin embargo, a mediados del 2006 el programa salió del aire por motivos económicos, y Telehit bajó drásticamente sus niveles de rating.

Recientemente, el escándalo lo dio Adal Ramones al incorporar en su programa Otro rollo, una emisión llamada “Buscando a Memo”, en el que desfilaban 10 hermosas mujeres, pero de ellas, una era hombre, y al terminar se descubrió que eran dos, y no uno. Esta emisión causó una molestia en el público transexual, argumentando que era una ofensa hacia este importante sector del colectivo LGBT.

Incluso, no hay que olvidar esas emisiones que, en un afán de informar, desarrollan su concepto en la diversidad sexual, como Triple G, emisión radiofónica que hasta hace poco se transmitía también en televisión bajo el sistema SKY, y Fuera del clóset, que se transmite por Telefórmula. Estas revistas están cargadas de información y de temáticas relacionadas con el colectivo LGBT, tocando también otros temas como el VIH/Sida, el ejercicio y la salud sexual, entre otros.

La opinión de un experto

Álvaro Cueva, reconocido crítico de televisión, platicó con Anodis sobre este tema. De acuerdo con él, en México no se puede hablar de una diversidad sexual presente en la televisión nacional abierta: “Por un lado, se pretende que este sea un país muy democrático, donde todos tengamos igualdad de oportunidades, igualdad de manifestaciones, pero la triste realidad es que, al menos en la televisión abierta nacional, no hay oportunidad realmente de abordar los temas de diversidad sexual”.

Tal vez por eso ve muy difícil que algún día, dos hombres que se amen o dos mujeres que se adoren puedan ser protagonistas de una telenovela: “Es triste, porque nos lleva a pensar en una situación de doble moral, pero ahora en las recientes adaptaciones para telenovela, están modificando estos personajes para llevar a cabo otro tipo de conflictos”, explica

Incluso, sería más difícil para un actor gay que ha vivido toda su vida dentro del clóset poder salir de allí y manifestarse, puesto que “estamos hablando de un producto que se exporta a todo el planeta, que está respaldado por muchas marcas comerciales, el asunto es que si sale del clóset, ¿qué va a pasar con su carrera? La sociedad, en realidad, le tiene temor a lo diferente”, asegura el periodista.

La situación es diferente si se trata de una comedia a la de un drama, incluso entre nacionalidades, ya que en México se tiende a ridiculizar al homosexual de todas las maneras posibles, en tanto, en Estados Unidos se maneja como parte de la vida y de la sociedad.

En programas como Mujer, casos de la vida real, se toma como un castigo: “es decir, ‘sufres por ser homosexual’, eso es imperdonable en el contexto de la televisión mundial, porque un personaje puede ser gay o no, y sufrir lo mismo”. La situación se torna más adversa cuando se tocan temas delicados como el Sida, “se alimenta la idea de que ‘el Sida es sólo para homosexuales’, y segundo, se alimenta la idea de que ‘el Sida es un castigo’, lo cual no puede ser; mucho menos una conducta que cierto grupo ataca con sus prejuicios”, enfatiza.

Y de las lesbianas, mejor ni se habla, ya que para Cueva, el problema va más allá de lo que sufren los hombres gays: “Si los homosexuales se quejan, las lesbianas están ahogadas en la depresión. Digamos que en el mundo lésbico las cosas son todavía peores, porque ahí el estigma se multiplica, es horrible. Además, es un mundo que todavía no ha salido tan abiertamente del clóset, que tampoco se han tratado sus derechos como deberían”.

Para él, el problema va más allá de las políticas televisivas, comparándose –inevitablemente-, con Estados Unidos: “Allá los grupos de diversidad sexual están unidos, tienen poder económico, entonces, si de repente alguien saca un contenido que ataque a la comunidad gay, deja de anunciarse, de pagar y por tanto, la televisión debe tomar una postura clara al respecto. En México la comunidad gay no existe. No hay unión más que para ir al desfile (sic). Entonces, si sale o no sale el contenido, igual compran los productos o no los compran, igual no pesan en la sociedad en términos financieros. No pasa gran cosa, por eso hacen lo que quieren con los contenidos.”

A decir de Cueva, la solución en tal circunstancia se llama diálogo, es decir, que todas las partes involucradas dialoguen sin ningún tipo de presión extra, para hablar del valor que representa la diversidad sexual en la sociedad, aunque otros lo nieguen. Y no solamente eso: “Mi propuesta es hacerle entender a los dueños de los medios de comunicación que la diversidad sexual es parte de la realidad, de la sociedad, de la vida. No es un asunto que deba tener calificativos de bueno o malo. Porque los medios de comunicación están llenos de homosexuales y lesbianas que viven en una mezcla de pánico, inercia y horror que incomoda a todos, porque ni ellos se atreven a decir lo que son, ni el público les cree lo que están aparentando. Entonces, hay que hablar para que se deje de satanizar el asunto y se incluya en los contenidos de los programas, porque tampoco se trata de llenar la televisión de homosexuales. Más bien, entender que es parte de la vida.”, agrega.

Mientras no se cambien ciertas cosas de la forma de ser de la sociedad mexicana, más difícil se hará la reivindicación del homosexual, la lesbiana, el bisexual, el travesti y demás miembros del colectivo LGBT. No es tratar de copiar lo que han hecho otros países, sino más bien, darle el valor a la diversidad sexual para ser, de verdad, una sociedad homogénea, que no se avergüenza de nada, ni de nadie.

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