3 DE ENERO DE 2007 Fuera del Clóset Cuando ser gay homofóbico es el colmo de los colmos La homofobia de los gays se manifiesta de muy distintas maneras, pero el común denominador es el rechazo a las minorías dentro de las minorías, y éstos son los afeminados, obvios, travestis o vestidas y transexuales a los que muchos gays llaman jotos.
Contradicción, contrasentido, absurdo, rareza, eso es una paradoja, término que según el diccionario significa idea extraña u opuesta a la opinión común, algo inverosímil pero aparentemente verdadero. Es cuando los patos le tiran a las escopetas o un burro hablando de orejones. Es paradójico que un alcohólico te critique por ser ebrio, que un político te acuse de ladrón si él adolece del mismo defecto, que un periodista le diga a un colega mitómano si él difama por dinero, que tu amigo te acuse de no ser digno de confianza si él es traicionero, que un cura te diga que es pecado masturbarse si tiene concubina, casa chica o viola chamacos, o también que un gay exprese de otro despectivamente que es un maricón y joto por ser obvio o transvestirse.
Si de por sí la homofobia es un terrible mal que tiene su origen en los prejuicios, mitos, en el machismo y en la crianza de una madre castradora, peor y el colmo es que exista homofobia entre gays. He aquí la paradoja elevada a la máxima potencia y del que mucho se ha escrito como el peor enemigo para la autoestima de muchos hombres que no asumen sus diferencias internas y la reprimen con odio e intolerancia hacia modelos de lo que no quiere ser. Eso no tiene perdón de Dios.
Pero no confundir. Psicólogos de Mexfam explican que la homofobia es un mal que se presenta no sólo en los heterosexuales, también es sorprendente el número de homosexuales que padecen ese miedo o rechazo irracional a los diferentes y uso este término no por antonomasia o eufemismo del ser gay o maricotas, sino para indicar el rechazo que tenemos a aquellos que viven su gayacidad de manera distinta y que nos parece mal a la luz de nuestros prejuicios, fobias o envidias.
En el fondo de la paradoja está la homofobia que se mueve en el fuero interno de cada gay mal asumido e inmaduro y que con actitudes de rechazo evidentes o en potencia hacia otros gays pone de manifiesto este odio o miedo a lo distinto, a lo que no quiere para sí como si fuera obligatorio para estar dentro, en onda o en el ambiente.
Se trata de una autoflajelación, explica el psicoterapeuta Jesús Tamariz Saldaña, que atiende al colectivo LGBT en Mexfam en Puebla. ¿Pero por qué el autocastigo? Sencillo: "consideramos que nuestra homosexualidad es una terrible carga, un castigo, una desgracia que nos avergüenza: ¿por qué yo Dios mío? (decirlo al modo Marga López o Libertad Lamarque)".
Y es que esta homofobia de los gays, dice, "se manifiesta de muy distintas maneras, pero el común denominador es el rechazo a las minorías dentro de las minorías y estos son justamente los afeminados, obvios, travestis o vestidas y transexuales, a los que muchos gays llaman maricones, putos y jotos y le echan la culpa de que la sociedad rechace todo lo que suene, huela y se vea gay".
Jesús echa más fuego a la paradoja: esos rechazados por sus iguales son, curiosamente, "la parte más visible y por ello vulnerable del conglomerado homosexual de toda ciudad y quienes sirven para estereotipar a todo homosexual". La sociedad buga, por pura lógica, desconoce que en la misma homosexualidad existe tanta diversidad como variada es la misma naturaleza. Y a esos distintos por ser evidentemente públicos, no sólo se lanzan los dardos venenosos, sino que sirven como modelos de sordidez, de lo absurdo o de actitudes bizantinas dignas del purgatorio.
De remate, lo homosexuales "que no son así", los que padecen homofobia internalizada, que no tiene macula de jotez en sus actitudes, que parecen "hombres normales", promueven esta única categorización del ser gay por no salir a la calle tal como son, por estar ocultos, por no expresarse ni manifestarse, por estar cómodamente en su closet viendo como los otros luchan bizarramente por "los derechos iguales para lesbianas y homosexuales". Son los llamados "tapados" que a su vez son rechazados por esos otros cuyas espaldas reciben las ofensas por ser evidentemente jotos.
Aunque estamos en el mismo barco no nos gustan a todos los mismos marineros y maniobras de navegación. De la errónea apreciación del "todos son iguales", de estos falsos estereotipos, de esa soberbia nuestra, de esa paradójica mentalidad absurda, es que surge el rechazo de unos gays hacia otros aunque tengan la misma orientación, problemáticas y objetivos. Por ser distintos dentro de la misma diversidad sexual, asustan, incomodan o quizás provoquen la envidia de más de un reprimido que no se atreve a hacer por miedo y vergüenza lo que esos otros manifiestan como un estilo de vida más pleno y libre.
El miedo al rechazo familiar y social es más fuerte que el deseo de vivir libremente como esos otros, cuya forma de ser se envidia pero que se disimula con odio, rechazo y miedo. Quizás muchos de esos tapados no son tan viriles como aparentan y a oscuras y a escondidas viven su propio yo. Es el ejecutivo de día y vestida de noche, curita vespertino y prostituto nocturno, macho de mañana y bien puto de madrugada. Falso que la doble vida sea satisfactoria y segura, tarde que temprano explota la represión, la tensión, la frustración y se descubre la verdad.
Parte de esa homofobia en los gays es la lucha interna en la comunidad de algunos por ser mejores que otros en todos los sentidos y que raya en la competencia malsana, en la grilla, en las amenazas, en los pleitos, en las calumnias, en el separatismo, en los guetos dentro del gueto, "en los madrazos fuera del antro porque ese maricota me vio mal".
La principal manifestación de esta fobia entre similares es quizás el rechazo y desprecio que sentimos por quien creemos inferior y que generalmente son, en el ambiente gay, los afeminados, las obvias, las vestidas, las operadas, las locas, las zorras, las zocaleras, las p… Y aguas: ese rechazo que en el peor de los casos deriva en violencia es una rayana actitud homofóbica, "categórica y absurda actitud homofóbica", remarca Tamariz Saldaña. Y más aguas: esa actitud homofóbica es en realidad "un rechazo a nosotros mismos y a lo que pudiéramos convertirnos si nos permitiéramos ser auténticos como aquellos compañeros a los que criticamos".
Ante esto es necesario que cada uno de nosotros sea lo más honesto posible, revisar nuestras actitudes ante los compañeros de lucha para no lastimar a nadie. Todos, sean como sean sus actitudes, habilidades y personalidades, merecen respeto y aceptación, no basta la tolerancia porque implica soportar. Baste como conclusión por ahora entender que cada cual como gay es especial no por sus actitudes externas o gustos manifiestos, sino por lo que cada uno es en su interior como ser humano y eso es precisamente, concluye Tamariz, "de lo que cualquiera debiera enamorarse".
En el nuevo año nada de tolerancia, demos y pidamos respeto y aceptación.
Después de que el 21 de diciembre de 2009 fuera aprobado el matrimonio gay; el 4 de marzo de 2010 entrara en vigor la reforma al código civil del DF y el 11 de marzo se celebraran las primeras uniones civiles, es momento de celebrar. [Sigue]