21 DE NOVIEMBRE DE 2006 Wal Mart vs conservadores por la “cuestión gay” La derecha cristiana de EU, impulsa un boicot contra Wal Mart, desde que ésta aprobó una política de no discriminación hacia los homosexuales. Lo que irrita al grupo es una alianza entre la empresa y la National Gay and Lesbian Chamber of Commerce.
Andrés Lautaro
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Cuando los afiches de Secreto en la montaña –la película que cuenta una historia de amor entre dos cowboys- empezaron a desplegarse en las fachadas de las tiendas Wal Mart de EU, en abril de este año, comenzó el primer capítulo de una guerra que es de raíz ideológica, pero que amenaza con tener efectos económicos mucho más concretos.
En esa ocasión, Wal Mart se sumó a los minoristas que vendían el DVD de la exitosa película, pero esa decisión –lejos de pasar desapercibida como un lanzamiento comercial más- le ganó el rechazo de las organizaciones cristianas más radicales, muy influyentes en el centro y sur de EU.
Tupelo, una agrupación religiosa de Mississippi, acusó al imperio minorista más grande del mundo de abandonar su imagen familiar y desde su página web alentó a los "cristianos preocupados a que hagan saber a los gerentes locales de Wal-Mart su disgusto por la decisión de la cadena de promocionar y vender una película pro-homosexual."
Se insinuaba un boicot pero ello finalmente no ocurrió y Wal-Mart, pese a las presiones, siguió vendiendo la película de los vaqueros gays. Era la primera batalla de un conflicto que crecería en intensidad meses después, cuando el gigante comercial adoptó una política de explícita aceptación hacia la comunidad gay.
Boicot navideño
No se trata de que Wal Mart vaya a financiar las marchas del Orgullo Gay ni que planee destruir moralmente a la familia tradicional, como gustarían creer sus detractores más paranoicos. En rigor de verdad, lo que la cadena oficializó fue una reelaboración de sus códigos de ética, en los cuáles se dejó bien claro que la compañía se opone a cualquier forma de discriminación, incluida aquella motivada por la orientación sexual.
Sin embargo, lo que irrita a la derecha religiosa es la alianza de la cadena de tiendas con la National Gay and Lesbian Chamber of Commerce porque ven en ese acuerdo la influencia de lo que ellos denominan “un lobby pro-gay”. Su indignación es doble porque se trata de una compañía tradicionalmente asociada a los norteamericanos de origen rural y sureño.
Las reacciones no se han hecho esperar y los más extremistas proponen arruinar económicamente a Wal-Mart, especialmente en vísperas de las compras navideñas, todo un clásico de la conducta consumista norteamericana.
Los primeros que dijeron “presente” para el boicot contra la cadena (un verdadero imperio que tiene 3.700 sucursales en todo el país) fueron los miembros de la Trinity Church del estado de Tennessee. Su líder, Carol Jacobs, sostuvo que su iglesia ha había estado gastando miles de dólares en las tiendas Wal-Mart y en el Sam´s Club pero que “ya no lo hará nunca más”.
Días después se sumaron los baptistas de Missouri, una comunidad religiosa de 600 mil personas, y la organización “Operation Save America”, cuyo dirigente Flip Benham se hizo tristemente célebre por irrumpir en la marcha gay de Charlotte (Carolina del Norte) al grito de “¡Una mujer no puede casarse con otra mujer!”.
Según informa el sitio 365gay.com, los últimos en sumarse al coro de voces opositoras a Wal-Mart son los baptistas del estado de Alabama. Sin embargo, en lugar de instar a sus miembros al boicot comercial, solamente les pidieron rezar por la cadena debido a que sus acciones “son contrarias a las creencias bíblicas de la mayoría de sus consumidores”. El “loco” de la pancarta
Y como si fuera poca la controversia instalada entorno al tema, hace unos días se conoció el caso de Edwin Crayton, un hombre que se plantó frente a una sucursal de Wal-Mart en Natchitoches (Louisiana) portando una pancarta crítica con la compañía.
“Cristianos: Wal-Mart apoya el matrimonio gay. No se detenga aquí”, decía el cartel. La policía local instó a Crayton a retirarse del lugar y amenazó con arrestarlo argumentando que no tenía permiso para manifestarse.
Pese a ello, tiempo después la organización ACLU ganó judicialmente la demanda que sostenía que “el derecho a expresar lo que uno piensa en cuestiones políticas y religiosas es fundamental para la vida democrática”. Con ese aval judicial, el municipio de Natchitoches le otorgó a Crayton un permiso oficial para que continúe manifestando su disidencia frente a la nueva política de la empresa minorista más grande del planeta. Menos mal, porque está en todo su derecho.
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 Wal Mart se opone a cualquier tipo de discriminación
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