25 DE SEPTIEMBRE DE 2006 Museo Nacional de Historia cumplirá 62 años El Museo Nacional de Historia, ubicado en el Castillo de Chapultepec y que integra objetos que van desde la época prehispánica, hasta los primeros años del siglo XX, cumplirá 62 años de existencia este miércoles 27 de septiembre.
(Notimex/Milenio).- Con más de 90 mil piezas que representan un testimonio invaluable de estilos de vida, costumbres y situación económica de la clase gobernante en México a lo largo de cuatro siglos, el Museo Nacional de Historia cumplirá el próximo miércoles 27 de septiembre, 62 años de existencia.
Ubicado en el Castillo de Chapultepec, la curaduría del MNH integra objetos que van desde la época prehispánica, hasta los primeros años del siglo XX, que sobresalen por su diseño, material y decorado que lo mismo le habla al visitante de una época determinada, de las modificaciones en la tecnología bélica o de su manufactura, entre otros aspectos.
De acuerdo con antecedentes históricos disponibles, el recinto es heredero del antiguo Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, ubicado desde 1910 en la calle de Moneda número 13, en el Centro Histórico, de esta capital.
Al fundarse el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1939 se dispuso también la creación de un nuevo museo y, las colecciones que formaban los departamentos de Historia y Etnografía Colonial y Moderna, formaron parte de la exhibición del Castillo de Chapultepec.
En 1939, por decreto del entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río, el Castillo de Chapultepec abrió sus puertas como Museo Nacional de Historia el 27 de septiembre de 1944.
Casacas, accesorios militares, chaquetas, un ornamento religioso y el retrato de José María Morelos y Pavón, así como las llaves de la Ciudad de México, entre otros objetos devueltos por España y Francia, fueron algunas de las primeras piezas que exhibió el recinto.
También se mostraba la pila en la que Miguel Hidalgo y Costilla fue bautizado, en Cuitzeo de los Naranjos, Guanajuato, y el confesionario enviado desde el pueblo de Dolores.
Del Museo Nacional de Artillería -que se creó durante el porfirismo y cerró en 1914- llegaron a las colecciones históricas armas, banderas y uniformes militares que, hacia 1924, sólo el acervo de monedas ascendía a 18 mil piezas de oro, plata y cobre.
Desde entonces y a lo largo de seis décadas el recinto cultural y educativo ha albergado cientos de piezas con gran valor histórico, señaló en entrevista con la Agencia Mexicana de Noticias, Salvador Rueda, director del MNH.
“La cantidad del acervo varía cada año, de repente llegamos a tener una donación, como la del Colegio Nacional que fue de varios cientos de piezas”, explicó el también historiador.
Detalló que hasta el mes de agosto contaban con aproximadamente 90 mil piezas, mismas que son exhibidas al público en las más de 45 salas que se compone el también llamado Museo del Castillo de Chapultepec.
Hace 15 años, continuó, se repente pudimos tener dos mil piezas, pero de esas mil 800 eran estampillas y otras 150 eran monedas.
Entonces el número puede ser muy alto, además de una colección fotográfica, joyas, relojes y libros.
El museo está dividido en seis secciones: Pintura, escultura, dibujo, grabado y estampa; Numismática; Documentos históricos y banderas; Tecnología y armas; Indumentaria y accesorios y Mobiliario y enseres domésticos, cuyas piezas están distribuidas en 12 salas en la planta baja y seis en la planta alta del Castillo de Chapultepec, donde tres de éstas son para exhibiciones temporales.
La planta baja está dividida en seis temas: Sala 1: “Dos continentes aislados” (…-1521) en la que se integran alrededor de mil 800 objetos de distintas época del México prehispánico, óleos sobre tela que datan del Siglo XVII y objetos militares de hierro forjado que fueron usados por los españoles durante la época de la conquista. Salas 2, 3, 4 y 5: “El reino de Nueva España” (1521-1821), donde se exhiben objetos novohispanos testimonios de la fusión de dos culturas, sus formas de vida, su organización política, social y la introducción de la iglesia católica.
En esta sección se incluye la famosa pintura “La fusión de dos culturas” de Enrique González Camarena, elaborado en 1963.
El tema de “La guerra de Independencia” (1810-1821), se exhibe en la Sala 6 del recinto, con pinturas y esculturas de la época que retratan a los protagonistas de esta fase histórica de México como Miguel Hidalgo y Josefa Ortiz de Domínguez, así como diversos objetos militares.
“La joven nación” (1821-1867) es otro de los temas que aborda el MNH en las Salas 7 y 8, donde se exhiben la bandera del primer imperio, objetos de porcelana y plata utilizados en aquella época, así como diversos óleos sobre tela que datan del siglo XIX.
Benito Juárez, las Leyes de Reforma, las intervención Estadunidense y Francesa, así como los primeros intentos de los grupos políticos de la época por establecer la República en México, son algunos de los aspectos que muestran al visitante estas dos salas a través de pinturas, objetos y documentos oficiales de aquel período histórico.
Las salas 9 y 10 abordan el tema “Hacia la modernidad” que abarca el período de 1867 a 1910, muestra básicamente pinturas que dan cuenta de la vida en el país luego del triunfo de la Independencia y de los primeros intentos de México por entrar a la modernidad con Porfirio Díaz como protagonista.
Oleos y murales de Victoriano Huerta y Francisco I. Madero, objetos varios, así como una serie de fotografías de Pancho Villa y los héroes de la Revolución Mexicana, integran las salas 11 y 12 del recinto con el tema “Siglo XX”, que abarca de 1910 en adelante.
La planta alta del Museo del Castillo de Chapultepec está dividida en tres salas: “Historia de la vida privada y cotidiana”; “Salón de malaquitas” y “Salón de virreyes”, destinadas a mostrar al visitante los estilos de vida de quienes habitaron el lugar, con objetos que dan muestran de la influencia extranjera en la época de la Colonia, así como los retratos de los primeros gobernantes después de la conquista española.
“Nuestros antepasados, pobres y ricos, sabían gozar de la vida, sonreír, apreciar la naturaleza y las cosas bellas… les gustaba la música, el baile, las corridas de toros, los palenques, los antojitos, los paseos, las novedades y las modas”.
Según se puede leer en una de las fichas explicativas.
El recinto exhibe toda clase de muebles y objetos domésticos y decorativos de excelente calidad como joyas, figuras de oro, plata, marfil y porcelana, biombos, así como abanicos procedentes de Japón, China, la India y otros países europeos.
La parte que corresponde al Alcázar del Castillo de Chapultepec, está compuesta por varios salones que también dan muestra de las formas y estilos de vida quienes lo habitaron, principalmente Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota, así como Porfirio Díaz y Carmelita Romero Rubio.
A decir de Salvador Rueda, esta parte del Castillo de Chapultepec, desde 1880 a 1882, durante el período del presidente Manuel González, se adaptó ya como Museo del Imperio.
“Lo que se ve como recámaras, salones de té, lectura, juego, comedores y de acuerdos, así como los objetos que los integran, fueron pensados desde el punto de vista museográfico por los mismos presidentes liberales”, precisó.
Así, la parte que corresponde al Alcázar, está integrada por 16 salas en la planta baja y 8 salones en la parte de arriba además de la terraza, donde se muestran los dormitorios imperiales con sus respectivos baños, el despacho de Doña Carmen Romero Rubio, la galería de emplomados y el Caballero Alto donde en 1877 se ubicó el primer observatorio astronómico del país.
La colección de pintura es extensa y de excelente factura, explicó el historiador, en ellas se abordan escenas de tipo popular e histórico; los retratos de la época son excepcionales por su número y calidad.
Para completar la visión panorámica de la historia nacional que estas obras brindan, en varias salas del Museo se realizaron pinturas murales por algunos de los más relevantes artistas mexicanos del siglo XX, entre ellos: “La Reforma y la caída del Imperio”, de José Clemente Orozco; “El Retablo de Independencia”, de Juan O` Gorman; “Del porfirismo a la revolución”, de David Alfaro Siqueiros.
En las salas temporales, indicó Rueda, hemos exhibido la obra de autores contemporáneos buscando siempre que sea un tema histórico para que no estemos viviendo nada más del acervo de lo que se hizo en el siglo XIX y quizá la primera mitad del XX, a excepción de los murales que se elaboraron a partir de la década de 1960, sino que tengamos material que todo el tiempo vaya creciendo y actualice las miradas de los mexicanos hacia su pasado.
Entre los planes que tiene el Instituto Nacional de Antropología e Historia, del cual depende el recinto, es la adecuación de algunas zonas, así como la colocación de un vitral de Roberto Montenegro que data de 1920, la adaptación del taller de restauración y el edición de un disco interactivo para niños que se refiere a la historia del Alcázar del castillo.
El MNH, indicó el funcionario, es uno de los lugares más emblemáticos para los mexicanos y lo que a mí me da gusto, es que en lugar de parecer que este emblema se va desgastando, por el contrario va creciendo y se va convirtiendo cada vez en un elemento muy importante para la historia del país.
“Si yo tuviera que hacerle un pliego de mortaja al siguiente director, mi intención iría encaminada a reforzar el principio de su fundamento que es la educación y el que tenga mucho más impacto en la gente, es decir, tratar que este emblema no sea solamente para los vecinos de la Ciudad de México y alrededores sino para todo el país”, enfatizó.
La intención sería hacer de los museos, no sólo de éste, un instrumento con el cual podamos trabajar y hacernos mejores personas, es una máquina de pensar, es una máquina de lectura que a la vez ofrece una o varias lecturas y que a la vez nos permite ser mejores, expresó el director del recinto que anualmente recibe más de un millón de visitantes nacionales y extranjeros.
Contrario a la modernización de algunos museos, cuyos directivos han buscado que sean interactivos a fin de atraer más públicos, Salvador Rueda señaló al respecto que el MNH se conserva como una máquina de pensar que requiere de un esfuerzo por parte del visitante.
“No buscamos banalizar su contenido haciendo trabajos o instalaciones de maquinitas que se conviertan en una suerte de juego, aquí el museo es como una máquina de pensar que requiere de un esfuerzo por parte del visitante, no le queremos resolver el problema sino planteárselo”, enfatizó.
Yo sé, agregó, que en tiempos de comidas rápidas y de vida acelerada, esta forma de presentar al museo podría ser un contrasentido, pero pienso que la lectura sosegada y concentrada, es mucho más provechosa que si lo hacemos rápido porque queremos hacer las cosas más fáciles.
Contrario a lo que pasa en otros museos, dijo, el interés es no banalizar la información, ni hacer que la ley del menor esfuerzo sea la que atraiga al visitante, éste tendrá que hacer un esfuerzo mental pues viene al museo a desarrollar su mente.
A decir del autor del plan maestro que propuso la transformación del MNH en 1997, el arquitecto Rogelio Alvarez Noguera, en aquella época el INAH buscaba que el museo, además de tener una colección permanente, tuviera una zona dedicada a las grandes exposiciones, es decir convertirlo en “el museo de México”.
Sin embargo, “el recinto se ha quedado desde hace muchos años como un museo de objetos con cédulas, digamos un museo pasivo, por lo que se prefirió arreglar unas salas para recibir algunas exposiciones”, concluyó el también académico de la Universidad Nacional Autónoma de México.
La resolución del máximo tribunal de México constituye una derrota histórica para los sectores conservadores, pero también un precedente para que la comunidad gay continúe en la lucha por sus derechos. [Sigue]