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20 DE JUNIO DE 2006 Marcha del Orgullo ¿política o glamour? La XXVIII Marcha del Orgullo fue entrañable. Pero nuevamente ganó el glamour a la política. El que lo quiera ver que lo vea. La Marcha del Orgullo LGBT está lejos de conciliar la fiesta y el posicionamiento discursivo.
Para quien quiera mirar, para quien acepte la lluvia de formidables mensajes que trae en su vientre, la XXVIII Marcha del Orgullo LGBT demuestra que es materialmente imposible formular un mensaje político con contundencia, en medio de una caminata festiva, hermosa, ruidosa, lúdica, donde cada año miles de hombres y mujeres toman Paseo de la Reforma para reivindicar su disidencia sexo genérica.
Sin duda es sano que la ciudad se desborde de tanta energía e ingenio, con alegría, en comparsas, carros alegóricos, música moderna y vestidos deslumbrantes, pero creo que ese mundo impresionante de gente no es el aforo adecuado para emitir un mensaje tan importante como el que leyó el escritor José Ramón Enríquez la tarde del sábado 17 de junio en el Zócalo. Un mensaje político, intelectualmente abordado, pierde fuerza cuando no tiene el aforo adecuado para dimensionar su contenido y mucho menos si al mismo tiempo están ingresando a la Plaza de la Constitución grupos de jóvenes extasiados con la música y el ambiente creado sobre esas discotecas rodantes montadas sobre trailers que quitan atención y seriedad al discurso.
Así no se puede. La Marcha del Orgullo LGBT está lejos de poder conciliar la fiesta y el posicionamiento discursivo. Desde que esta impresionante movilización de las disidencias sexuales se masificó, sencillamente no se han podido integrar una y otra cosa. El registro de notas periodísticas es claro al respecto; cada medio se va por su lado, cada uno destaca lo que considera importante y se da el caso de que hasta las artistas invitadas se convierten en noticia en lugar de la propia marcha.
Se puede decir que es necesario invitar a personalidades de la farándula, queridas y respetadas como Gloria Trevi o Rocío Banquells, cierto, pero ¡se trata de la marcha del orgullo! Algo, entonces, no está caminando bien.
Como lo he sostenido en años anteriores, el Comité Orgullo México AC (COMAC) hace un esfuerzo extraordinario para organizar y convocar esta parada anual, pero su despliegue de recursos y capital humano se diluye cuando las agencias de noticias y los reporteros consignan datos distorsionados del propósito de la marcha. Claro que hay excepciones de cobertura y ANODIS es ejemplo de ello, pero los medios convencionales siguen en otra sintonía.
Podría decirse que hubo varias expresiones políticas a lo largo de este recorrido. Cierto, hubo esos contenidos aunque desarticulados; desde el extremo que metió el tema de Atenco y el zapatismo, pasando por la vehemencia de los universitarios, el radicalismo de quienes no organizan nada y se montan el en trabajo de los demás, hasta la singular exhibición de candidatos al Congreso y a la ALDF sin voz (no les dejaron hablar, pero su presencia constituye un mensaje) y el discurso central, dado a conocer por uno de los nuestros, por José Ramón Enriquez, pero en un contexto inapropiado.
Quizá, y esta es únicamente una sugerencia, sería bueno que la XXIX Marcha se realizará con dos eventos; Primero, presentando en conferencia de prensa el discurso oficial, la agenda de demandas sociales y políticas y la denuncia de la imparable homofobia. Segundo, más tarde o al día siguiente, dando el banderazo para mostrar el músculo, la diversidad, la fuerza de símbolos e individualidades que caracterizan este colectivo.
¿O es que cada año seguirá repitiéndose esta dificultad de presentar un discurso sólido luego de una larga caminata donde ya casi no hay periodistas y la gente está cansada? Habiendo 365 días al año, es difícil aceptar que en uno sólo deban acomodarse tantos propósitos formales y festivos, ambos necesarios.
La XXVIII Marcha del Orgullo fue entrañable. Pero nuevamente ganó el glamour a la política. El que lo quiera ver que lo vea.
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