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12 DE MAYO DE 2006 Recupera lesbiana su identidad por 18 años Mientras la Ciencia se esfuerza por encontrar respaldo genético para justificar la existencia de personas con inclinaciones homosexuales, los grupos de lesbianas y gays tratan de imponer sus agendas a fin de conseguir privilegios.
(Jaime Lázaro*/ Agencia Órbita).- Un numeroso grupo de hombres y mujeres como el personaje de nuestra entrevista, levantan su bandera para decir que estuvieron equivocados, que fueron arrastrados e influenciados por la lujuria, por el mundo que los rodea y por el enemigo que quiso destruirlos a través de la mentira.
Ellos encontraron su verdadera identidad cuando conocieron al Ser Supremo que se las dio: Jesucristo. Y fueron libres, como Edith, que ahora comparte su testimonio. Apenas tenia 12 anos cuando por primera vez beso a otra niña de su misma edad. Las continuas notas que alguien de manera anónima dejaba a Edith Gutiérrez, crearon en ella la expectativa por conocer a ese niño. Pero se dio con la sorpresa que era otra niña. Sin embargo, la atracción no decayó. Ellas se hicieron novias.
Esta no era una experiencia aislada a sus sentimientos, ya que desde muy tierna sintió rencor a las personas del sexo masculino. Su padre, fue el primero que sembró eso en Edith, ya que casi siempre llegaba muy borracho a casa para agredir física y verbalmente a su madre. Además, la visita de una tía lesbiana que llegó a casa con su pareja, por algunas semanas, sembraron confusión en su mente. Y para colmo, un pariente cercano violó a su querida hermanita.
El padre había abandonado el hogar y Edith tuvo que tomar el lugar masculino, sosteniendo a la familia y realizando todas las actividades del hombre de la casa. La niña de nuestra historia, empezó a vestirse como hombrecito. Sentía atracción por las de su mismo sexo. No se lo podía explicar.
Edith recuerda que por dentro se sentía hombre. Creía que sus genes eran masculinos. "Quería dominar a la mujer; quería ser como un varón, pero tenía que ocultarlo", relata. La primera relación seria que tuvo con otra mujer duró 7 años. Al terminar, se sumergió en el consumo de alcohol, marihuana y cocaína. Edith andaba de fiesta en fiesta. Después de eso, tuvo varios romances largos. El anhelo de su corazón era que un día Dios le diera una esposa con quien vivir por siempre.
"Para la lesbiana el conquistar a una mujer femenina es como ganar un trofeo", cuenta al mencionar que hubo un punto que ya no le gustaba ir a los clubes. "Conquistaba mujeres que no eran lesbianas. Seduje a más de medio centenar. Sentía que tenía una fuerza mayor que me ayudaba a hacerlo. Tenía tal poder, que yo misma me admiraba".
Pero Dios tenía planes serios para Edith. Él empezó a tocar su corazón cada vez que ella se disponía a dialogar. Aprovechando la desilusión que Edith sentía y el vació que dejaban las orgías y el consumo de drogas, el Señor comenzó a hablarle en sus caminatas matutinas.
La relación se fue haciendo tan cercana que Edith anhelaba estar cada mañana en ese íntimo diálogo. "Algo dentro de mi me decía ¿a dónde vas? ¿Qué piensas hacer? ¿No estás cansada? Sentí algo lindo platicando con Dios a solas. Empecé a hacer esto continuamente".
Edith quien había vivido en el lesbianismo por 18 años, estaba convencida que debía hacer un cambio. Uno de esos días, al llegar a casa, abrió una Biblia y leyó Proverbios 3. Se detuvo en el versículo 6 que termina: ...Y el enderezará tus veredas". Al leer esto, Edith se preguntó si podría enderezar las suyas. "¡Perdóname, quiero que tú endereces mis caminos!", le dijo. Edith tuvo una noche muy especial con Dios. Cuenta que sintió algo que le estaba limpiando todo su ser. "Yo sé que eres tú", le dije. "Cambia mi cara, cambia mi cuerpo, cambia mi rostro. Y cuando lloraba, sentía que algo salía de mi cuerpo".
Edith entregó su vida a Jesucristo, se involucró a trabajar en la iglesia donde congrega, estudia en el Instituto Bíblico Emmanuel y comparte su testimonio en las iglesias o lugares donde es invitada. Ahora ella espera conocer al hombre que Dios le ha reservado, para casarse y tener familia. "Tengo planes. Me siento una mujer hecha y derecha. No tengo confusiones de nada. Soy una rosa caminando. El Señor me lo ha borrado, me ha hecho fuerte en Él. Y aunque nunca me he enamorado, estoy orando por un esposo".
Edith pasará unos días en Miami en el mes de mayo y espera compartir su testimonio en donde la inviten.
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