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El metro es el escenario urbano en el que diariamente más de cuatro millones y medio de chilangos (por nacimiento, necesidad o convicción), historias, humores, rumbos y destinos se entrelazan.
Resulta casi imposible imaginar la metrópolis sin el gigante gusano naranja. Para quienes crean que sólo es un medio de transporte, les sugiero adquieran un boleto (el costo no es pretexto), y vivan la experiencia subterránea analizando con los cinco sentidos el contexto.
La escuela de la diversidad se llama "El Metro", sí, ahí se ofrece sauna, masaje y seducción. Si deseas ir de shopping también es una opción, puedes adquirir "productos de alta calidad", según gritan los vendedores de artículos traídos de Taiwan.
Libros de poemas y explicación de los sueños, recetarios de comida vegetariana, películas de estreno, discos compactos, dulces, chicles y gomitas, son sólo algunos de los productos que conforman ¡la oferta!, ¡la promoción!.
Shows y música en vivo, son la variedad, sí, desde la actuación de un payaso (no me refiero a las usuarias que se maquillan con gran habilidad durante el trayecto), hasta la gran hazaña de acostarse sobre pedazos de vidrio muy filosos.
Sin dejar de mencionar, aquellas prácticas de lucha libre entre los usuarios (as), que se disputan un asiento(en horas pico sólo uno de cada diez goza de éste privilegio), el oxigeno y respeto.
El Metro puede ser desde un hospital de parto, hasta el lecho de muerte de suicidas y accidentados, pero la comunidad gay (una parte, los autonombrados Metreros), dice que es el hotel más barato del mundo, si te preguntas ¿por qué? , te invito a que leas la historia qué me confesó X men:
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