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14 DE MARZO DE 2005
"Sadomasoquismo", un estilo de vida
Este texto es resultado de una conversación con Vampmaster, uno de los personajes más famosos de la escena bdsm en nuestro país, amo profesional de larga y prestigiosa trayectoria

Gabriela Granados

(Revista Amor y Sexo)¿Qué tiene en común alguien que le hace a propósito un chupetón a su pareja en un lugar muy visible del cuerpo, con alguien que gusta de atarla y torturarla vestida de cuero o de látex? Ambas personas están jugando con el poder dentro del erotismo. Sólo que la segunda lo ha llevado al espacio altamente codificado del bdsm: que incluye el llamado “sadomasoquismo”, los juegos de dominación/sumisión, disciplina, castigo y bondage (la práctica de inmovilizar al otro para dejarlo “indefenso”).

En la charla con Vampmaster abordamos conceptos y características de esto que, para algunos, llega a la categoría de estilo de vida: se compran juguetes y ropa especial, dedican ciertos días a la semana a ello, frecuentan determinados sitios e incluso establecen relaciones de pareja sobre la base de los roles am@-esclav@.

Los sexólogos contemporáneos (y sus practicantes) consideran al bdsm como una expresión más de la diversidad sexual y no como una patología, siempre y cuando se trate de juegos que cumplan con tres características: ser sanos, seguros y consensuados. Es decir, que sean dentro de un acuerdo voluntario de las partes, que no provoquen daños o marcas permanentes (exceptuando a los tatuajes o piercings), y que no pongan en peligro la integridad física o emocional de los participantes. El bdsm se diferencia de la violencia sexual real porque parte de una negociación y siempre respeta los límites y acuerdos.

Dominación y sumisión: dos caras

Son dos tendencias presentes en todos los seres humanos: tomar o entregar el poder, a nivel físico y/o psicológico. Algunas personas disfrutan más siendo dominantes y otras, sumisas; mientras que otras pueden intercambiar. De ahí provienen los términos “Dominante”, “Am@” o “Dom/Dómina” para quienes ejercen el poder; “sumis@” o “esclav@” para quienes se someten; y “switch” para las personas que gustan jugar los dos papeles.

Hay más sumisos que dominantes, porque es más difícil ser dominante. Contrario a lo que piensa mucha gente, el dominante lleva la peor parte: el sumiso nada más se deja ir, se deja hacer; en cambio, el dominante tiene que pensar qué van a hacer, hacerlo y, además, asumir la responsabilidad del placer y la seguridad de ambos. Pero para ser un buen amo uno tiene que haber sido sumiso, porque tienes que saber qué se siente que te hagan lo que tú vas a hacer. Por eso, incluso, se puede aprender con un mentor; y a veces hay una tercera persona (un esclavo o sumiso) para que practiques.

Y hay niveles: una persona “sumisa” retiene la mayor parte de sus derechos, puede ejercer la réplica y tiene mayores límites. Un “esclav@”, por el contrario, tiene que hacer todo lo que su Am@ le ordene, siempre y cuando no entre en las salvaguardas de su “contrato de esclavitud” (por ejemplo que no afecte su vida pública, su trabajo). Las relaciones de dominación/sumisión pueden limitarse a un juego de dos horas de vez en cuando; o bien, pueden llegar a lo que se conoce como 24/7 (todo el tiempo: 24horas al día, 7 días a la semana).

Aunque, como en todo, hay excepciones, Vampmaster observa que al hombre sumiso le gusta más ser esclavizado, humillado, y tiene más fetichismo con los pies o las botas (se satisface aunque al final no haya coito u orgasmo); mientras que a las mujeres sumisas les gusta más ser medio torturadas, medio usadas, pero que termine en sexo, rico, en orgasmo. Las mujeres sumisas suelen tener situaciones no resueltas con su padre; mientras que los hombres sumisos viven situaciones de poder en la vida real, mucha gente que depende de ellos, tienen muchas presiones. Son perfiles comunes en esto, dice.

Placer, dolor y disciplina

Una relación de dominación/sumisión, ¿se parece o tiene que ver con la limeranza, con ese enamoramiento dependiente, centralizado y unilateral de tipo “adolescente” que describió Dorothy Tennov? Pues algo así: una relación bdsm, según Vamp, es como llevar un primer enamoramiento, pero largo-largo... por eso los periodos de angustia. Pero hay que saber medirse.

Por ejemplo: queda el dominante que va a ver a su sumiso a las ocho. Bueno, pues desde las cinco el sumiso ya está esperando, imaginándose lo que le va a hacer. ¿Cuál es el chiste? Vas haciendo crecer la excitación con la expectación. Pero no hay que pasarse: si se tarda más de tres horas, el sumiso va a empezar a imaginarse de más. En todas las relaciones que se idealizan demasiado, siempre es mejor la fantasía que la realidad.

Otra recomendación: hay que combinar el placer con el dolor. Y con lo inesperado. Imagínate que le das a tu pareja diez nalgaditas suaves y después una fuerte. Le va a doler. Si después le das una segunda nalgada fuerte, va a decir ¡ay!, y tal vez ya no quiera jugar. En cambio, si después de una fuerte le besas el cuello sensualmente, o le haces un cariñito donde le pegaste...

En el bdsm también se juega con humillación, castigo y disciplina. Cuando hay una “desobediencia” tiene que haber un castigo, y dependiendo de su gravedad, puede ser leve, fuerte o ya en rangos de “tortura”. Con los niveles de obediencia se demuestra qué tan bien adiestrado está tu esclavo. Algunos definen al castigo como estímulos físicos dolorosos (que en cierto nivel provocan la liberación de endorfinas, generando paradójicamente un efecto placentero); pero el peor castigo para un esclavo es no pelarlo y que su ama o amo lo saque de su reino.

Vampmaster, para quien casi todo sadomasoquismo empieza por la mente, ejemplifica un juego de disciplina: imagínate que quieres disciplinar a tu novio porque siempre llega tarde, sugiere; ¿cómo lo castigarías? En el mundo vainilla (lo contrario al bdsm) haciéndolo esperar. Aquí, la disciplina es pedirle algo imposible. Por ejemplo, le pides que registre en un cuaderno todas las veces que esté pensando en ti. Luego, un día de la semana, le haces un juicio sumario: se tiene que acordar de todas y tú estás cotejando con su cuaderno. Cada equivocación u omisión, un latigazo bien dado...

Seguridad, comunicación y confianza

Hay que platicar mucho, ganarse la confianza. Hay que hablar, antes y después de cada sesión. Tienes que negociar antes qué sí y qué no. Y después, de nuevo hablar. Abrazas a tu sumiso, lo besas, le dices ¿cómo te sientes? Le dices un cumplido: aguantaste mucho más de lo que esperaba, aunque no esa cierto. Y al día siguiente le llamas y primero le preguntas cómo se siente. Porque a la mejor el dolor del día anterior se transformó en un ardor que le hace recordarte...

Hay que saber diferenciar el juego y el no juego. Saber cuando ya te está siendo destructivo: cuando te ocasiona o estás ocasionando un daño o marca permanente; aunque tatuarse el nombre del otro puede ser aceptable. Lo que ya no se vale es decirle rómpete un codo, o quémate el brazo. También estás pasando el límite cuando gastas demasiado en esos juegos y te están quitando otras cosas, como todo.

Se vale todo lo sano, seguro y consensuado, insiste Vamp. Lo seguro incluye el uso de condones para el coito, guantes de látex para el fisting (penetración con la mano) y límites en los juegos con sangre para prevenir el VIH. Pero también un segundo juego de llaves de las esposas, por si en un movimiento salieron volando y de pronto hay un sismo... Hay que tener mucho cuidado en los juegos de asfixia. Hay que tener siempre algo a la mano para cortar los amarres en caso de emergencia. Nunca hay que mezclar electricidad con agua.

Siempre hay que tener una “palabra clave” o “safe word”, que sirve en este contexto donde a veces “no” quiere decir “más, por favor”. En algunos círculos la palabra clave es “piedad”, y significa parar todo lo que estás haciendo, independientemente de los límites que previamente se hayan acordado. Esta palabra forzosamente se tiene que usar una vez durante la primera sesión que tengas con alguien: es una forma de cerciorarse de que el dominante la va a respetar... y de que sabrás decirla cuando sea necesario.

Para más avanzados hay otro sistema, de tres palabras (como semáforo): “verde”, que significa seguir con la misma parte del cuerpo, pero no con la misma técnica; “amarillo”, que indica seguir en la escena pero hacer otro tipo de técnica, en otra parte del cuerpo; y “rojo”, que significa alto total. Y hablando de límites, también puede negociarse previamente hasta dónde va a jugarse con el dolor; o si va a jugarse o no con el miedo.

Cuando sales con alguien por primera vez debes usar la llamada “alarma silenciosa”: avisarle a un amigo o amiga con quién y a dónde vas, y poner un tiempo para llamarle, y una clave para indicarle si todo está bien o no. Por ejemplo, si dices “ya nos vamos a su casa” puede significar que estás en peligro y debe aparecerse con amigos y policía de inmediato. Nunca juegues sin saber en dónde; y nunca mezcles bdsm con alcohol ni drogas.
Para mayor información: www.bdsmexico.org

Tips de bdsm light para parejas curiosas

1. Juega con la comida. Amarra a tu pareja con una mascada o unas medias, no muy apretadas. Embárrale de comida y cómetela toda. Lo más rico: plátano, cajeta, café frappé, helado, miel, cerezas...

2. Amarra a tu pareja y bésala, y hazle cosquillitas hasta que más no pueda.

3. Hazle el amor a tu pareja; y, de repente, dale unas cuantas nalgaditas...

4. Cuando estés o tu pareja esté a punto de tener el orgasmo, insértale un dedo en el ano. Interesante que una mujer se lo haga al hombre.

5. Toma desprevenida a tu pareja en la calle. Rodéala por atrás y sujétala fuertemente. Sin que se pueda voltear, mordisquéale el cuello y las orejas. Especial que el hombre lo haga a la mujer.

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Dominación y sumisión: las dos caras

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