26 DE JULIO DE 2013
¿Aborto y diversidad sexual?
Regularmente, los activistas que abordan la diversidad sexual, se repliegan sobre sus propios temas, adoptando una visión parcial de las luchas sociales. Pero dicho activismo debe recuperar el carácter solidario con otras luchas.

Alejandro Juárez Zepeda

Ragap



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La diversidad sexual debe recuperar el carácter solidario

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Organizaciones feministas de Chile, convocaron el jueves pasado a una demostración para exigir aborto libre, seguro y gratuito; una protesta más contra la penalización impuesta a las mujeres en los últimos meses de la dictadura de Augusto Pinochet y que, 23 años más tarde, sigue impidiendo practicarse una intervención de este tipo, entre muchísimas de ellas (al menos 438 abortos se realizan diariamente en condiciones inseguras en ese país), a una niña de 11 años, víctima de repetidas violaciones por parte de su padrastro.

Pero la manifestación fue internacional y se replicó en otras ciudades del mundo, como Barcelona, Buenos Aires, París, Quito y México, DF. Así pues, a las 4 pm, bajo la consigna #YoAbortoel25, se dieron cita en el Hemiciclo a Juárez de nuestra ciudad capital, las personas, hombres, mujeres, transgénero y otrxs, convocadas por organizaciones como diferentEs*, Pan y Rosas, y Laboratorio Corporal Queer.

La semana pasada hablamos sobre la necesidad de adoptar un enfoque integral, transversal e interseccional en la lucha contra la discriminación, que se expresa fragmentariamente en forma de racismo, clasismo, machismo, homofobia, etc., pero, en realidad, constituye un solo y mismo fenómeno. Por ello, no deja de llamar la atención que algunas de las organizaciones convocantes en México a esta manifestación, no trabajen específicamente el tema de los derechos reproductivos.

No obstante, tal como lo expresó en la demostración Emmanuel Álvarez Brunel, coordinador de diferentEs*, organización que combate la dominación ejercida a través de estereotipos y falsas identidades: “hoy sabemos que no hay luchas separadas, que no hay manera de vencer la pobreza, la desigualdad, la obligatoriedad de los roles sexuales y de género, la opresión en los cuerpos, si no luchamos en unidad, si no sumamos en vez de restar o dividir”.

Regularmente, los activistas que abordan cuestiones de diversidad sexual, se repliegan sobre sus propios temas de trabajo, adoptando una visión parcial de las luchas sociales. Solamente protestan y trabajan por aquellas cuestiones que afectan a su gremio particular y especial estilo de vida. Buscan asimilarse a la sociedad patriarcal mediante la conquista del matrimonio igualitario, o puntos especiales en materia de seguridad social (por ejemplo, tratamientos gratuitos contra el VIH/Sida), o empoderarse y mejorar su influencia pública mediante el robustecimiento de la “economía rosa”, pero no sienten ninguna simpatía o afinidad con las luchas obreras, campesinas, populares, indigenistas, feministas, altermundistas u otras.

En un contexto histórico marcado por la crisis del sistema capitalista, que no sólo ha motivado protestas de gran calado, desde 2008, en países como España, Grecia, Brasil e incluso los Estados Unidos, sino que también ha contribuido a las revueltas de la llamada Primavera Árabe en países que, no obstante sus diferencias culturales, raciales y religiosas, tienen perfectamente claro que la discusión debe centrarse en combatir la tiranía, la desigualdad y la explotación, la necesidad de crear solidaridades entre naciones y causas sociales y políticas, se vuelve un punto de inflexión al momento de repensar la estrategia de lucha de la sociedad civil organizada a nivel global.

Los atributos propios de la época en que vivimos, estos “tiempos líquidos”, para usar la expresión de Bauman, marcados por el consumo y el desecho, por el espectáculo y la banalidad, han llevado el individualismo y la indiferencia social a un grado superlativo. Nada que no ocurra en nuestro patio trasero nos incumbe; nada que escape a nuestra esfera de influencia nos preocupa. “Lo mío y sólo lo mío” es la divisa que anima nuestras acciones.

En este sentido, reiteramos que generar puntos de contacto y encuentro entre las distintas causas sociales y pueblos que las protagonizan, debe ser una preocupación central en la agenda de la sociedad civil organizada; protestar y trabajar no sólo por lo que nos afecta particularmente como personas, sino como parte integrante de la sociedad y la humanidad.

También el activismo por la diversidad sexual debe recuperar el carácter solidario con otras luchas, de sus inicios. Recordemos que los contingentes que afirmaban la disidencia en materia sexual, hicieron presencia en las manifestaciones de la época, ya fuera a favor de la Revolución Cubana, Sandinista o la conmemoración de las luchas estudiantiles del 68. No existe razón por la cual un homosexual o un transgénero sientan que no tienen cabida en la construcción de los consensos para las reformas políticas, económicas y sociales que vienen.

Porque, como decía Paco Vidarte, “¿con qué derecho vamos a exigirle a un hetero que no sea homófobo si nosotras somos transfóbicas o racistas? Nos parece evidente e indiscutible que a todo hetero se le debe exigir que no sea homófobo, ¿acaso a nosotras nos basta con ser lesbianas para que ya nadie tenga derecho a exigirnos nada?, ¿basta con ser trans para tener el cielo de la militancia ganado?, ¿basta con ser marica para que nadie pueda exigirnos ya ningún tipo de compromiso ni de solidaridad? ¿Constituye una justificación suficiente el hecho de ser gay para no tener que asumir más responsabilidades con la sociedad ni con otro tipo de injusticias que nada tienen que ver con la homofobia? Soy marica, luego estoy salvada. Soy marica, pero me caso. Soy marica, luego exenta de ser solidaria. Soy marica, luego justificada para no preocuparme más que de mi culo...

“No basta con ser marica para que tu existencia esté justificada”.

(Esta columna está dedicada a Francisco Zárate Rivera, en celebración de nuestras coincidencias y diferencias)

Twitter: @abrevaciones
Fuente: La Silla Rota.

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