27 DE DICIEMBRE DE 2012
Carta a la senadora Maki Esther Ortíz Domínguez
Nos indigna de la iniciativa de la senadora Ortiz, ya que (a los gays y lesbianas) nos borra del mapa y nos dice descaradamente que los avances científicos y de la medicina son privilegio de unos cuantos.

Redacción Anodis

Ragap



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Esta ley no considera a la familia homoparental: LasDosMamis

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Dentro de 6 días Criseida y yo cumpliremos 9 años de haber decidido unir nuestras vidas en "sagrado matrimonio". Es decir, sagrado para nosotras, ya que en esos momentos (2 de enero de 2004) ninguna ley mexicana contemplaba la posibilidad de unión entre nosotras, e incluso si hubiera existido, lo legal y civil, al ser laico no habría tenido el sentido sagrado que nosotras le imprimimos al jurarnos amor en la Pirámide de la Luna en Teotihuacán. Meses antes, cuando ella aceptó ser mi novia, le dije que la letra chiquita de nuestra relación serían los hijos que yo soñaba con llegar a tener algún día. El 10 de octubre de 2006, gracias a un proceso de fertilización in vitro, nacieron Diego y Santiago: nuestros hijos.

Al día de hoy, llevamos 18 años de conocernos, 10 años de relación, 9 años viviendo juntas, 6 años de ser madres y 2 años de estar legalmente casadas. Nuestra historia de vida y las leyes de nuestro país van un tanto desfazadas, al grado que he llegado a sentir que vivimos en la "ilegalidad", la "clandestinidad", la constitución que promete no discriminarnos nos deja de lado a mí y a mi familia. Criseida y yo hemos luchado, durante algunos años ya, constantemente para que esto deje de pasar y para que todas las familias de México, de hoy y mañana, independientemente de la diversidad en que estén constituidas sean igualmente protegidas. La ley no debería estar escrita para decirnos e imponernos cómo conformar nuestras familias, sino para proteger a las que formemos independientemente de cómo las hagamos.

Cuando Criseida y yo nos sentimos listas y preparadas para ser madres acudimos a un centro médico especializado en reproducción asistida. Ahí nos explicó el médico los diversos procesos que existen y elegimos el mejor para nosotras. Decidimos usar óvulos de ambas con esperma de un donante anónimo. Para obtener 3 embriones viables fue necesario disponer de 22 óvulos, 12 de Criseida y 10 míos. Éstos fueron tomados el 15 de febrero de 2006, el día 17 de febrero recibimos una llamada del médico para explicarnos cómo se habían desarrollado las células fertilizadas: de Criseida se habían fertilizado algunas y se habían dejado de desarrollar otras tantas hasta resultar en tres embriones, en mi caso quedaban dos. Íbamos con cinco embriones de los cuáles se elegirían los tres más viables para implantarme. A la mañana siguiente, listas para la implantación el médico me llamó a solas para mostrarme fotos ampliadas de las células que me implantaría. Me explicó que durante la noche dos de las cinco células habían dejado de dividirse, lo cual significaba que sólo nos quedaban exactamente los tres que habríamos de implantar: dos de Criseida y uno mío.

Un mes después, al volver para realizar los estudios pertinentes descubrimos que solo permanecían dos embriones dentro de mí. Así fue como gesté a nuestros gemelos hasta el octavo mes en que Santiago se sentó y decidió que era momento de nacer.

Diego y Santiago han llenado nuestras vidas de alegría y uno que otro sobresalto. Sus sueños nos motivan, sus dudas nos conciernen, sus miedos nos preocupan, su vida es nuestra felicidad. Los amamos y damos las gracias por todos esos pequeños milagros que se conjugaron para que llegaran a nuestras vidas y sin los cuales hubiera sido imposible tenerlos con nosotras.

Tuvimos la suerte de contar con una “pequeña fortuna” que llegó a nuestras vidas y sin la cuál realizar el pago de un procedimiento así hubiera sido imposible; tuvimos la suerte, también, de contar con la apertura del médico que nos aceptó y orientó adecuadamente; la gracia cósmica que permitió que el embarazo se diera en el primero y único intento (no había presupuesto para más); la bondad de la gente a nuestro alrededor que los ha cobijado y amado por ser las excelentes personas que son ahora; pero sobre todo y quizás la más importante, la suerte de que no hubiera una ley que impidiera la reproducción asistida a las lesbianas.

El día de hoy nos encontramos, tristemente, con la iniciativa de ley propuesta por la senadora Maki Ortiz, que vendría a impedir, entre otras cosas, que familias como la nuestra se formen. Dicha ley limita el de por sí ya limitado acceso a la reproducción asistida únicamente a parejas heterosexuales que tengan un certificado médico que diga que son estériles y/o infértiles. Infertilidad de la cuál culpabiliza a la mujer por no empezar a tiempo en sus intentos de ser madre puesto que según expresa “la mujer hoy en día, ha decidido tener su primer hijo a una edad en la que naturalmente la fertilidad disminuye por causas biológicas”.

Nos duele sobre todo que esta ley no considera a las familias homoparentales y que incluso prohibe familias como la nuestra, ya que en su Título Segundo, Capítulo Único, Protección del embrión, Artículo 10.- “Queda prohibido: ... VI. El implante simultáneo de embriones no provenientes de la misma pareja...” Esto es triste porque, el hecho de que los embriones implantados deban pertenecer a la misma pareja acaba con la posibilidad de hermanitos como Diego y Santiago. No estamos hablando de casos hipotéticos, estamos hablando de personas reales, con vidas y sentimientos reales, con derechos que debemos proteger y no discriminar.

Nos duele porque las técnicas de reproducción asistidas son costosas. No sólo en lo económico, sino en lo físico y lo emocional. Y ahora estarán limitadas a un único perfil de pareja. María de los Ángeles Velasco apunta en su tesis doctoral “¿Maternidad lésbica, paternidad gay” algo que esta ley debería considerar: Las estrategias mediante las cuales las personas utilizan para ejercer la maternidad o la paternidad, entre ellas, la reproducción asistida. Sin embargo, María de los Ángeles Velasco subraya algo importante:

Si alguna pareja heterosexual tiene problemas de infertilidad o desea adoptar niños, existe todo un aparato del Estado que apoya, ayuda y acompaña a la pareja en el proceso, si bien en algunas ocasiones bastante largo. Sin embargo para las parejas homoeróticas no existe dicho apoyo gubernamental, institucional y social, al contrario; viven una serie de obstáculos, ya que se representa a estos hombres y mujeres como incapaces de desempeñar roles parentales.

Un elemento más es que si bien algunas de las estrategias mencionadas pueden ser utilizadas por parejas o sujetos heterosexuales, sólo se recurre a ellas como último recurso cuando existen problemas con respecto a la reproducción biológica, mientras que para el caso de las parejas homoeróticas, en la mayoría de las ocasiones, son las únicas con las que cuentan para hacer realidad su deseo de ser padres y/o madres
”.

Es esto lo que más nos indigna de la iniciativa de la senadora Ortiz, que nos borra del mapa y nos convierte en criminales. Que nos borra del mapa y nos dice descaradamente que los avances científicos y de la medicina son privilegio de unos cuantos. Que alienta la corrupción y nos aleja de la cultura de legalidad porque así como nuestras familias ya existían antes, ya existen ahora, seguirán existiendo después. La reproducción asistida nos obliga a pensar en muchas cosas y a redefinir otras tantas, entre ellas el parentesco. Por eso nos parece terrible que el Estado se preste para ejercer una vigilancia discriminatoria sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos, que se preste a cancelar posibilidades para los gays y lesbianas, para las viudas, para las mujeres que quieren ser madres, para los hombres que quieren ser padres.

No podemos comprender cómo el Estado puede legislar solo para unos cuantos y cómo es que los derechos de los demás quedan suprimidos, prohibidos y en algunos casos, como el nuestro, criminalizados.

LasDosMamis: Activismo Virtual
Ana de Alejandro
Criseida Santos Guevara


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Senadora del PAN propone Ley de reproducción asistida discriminatoria

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