14 DE JUNIO DE 2012
Linterna Verde y el problema de la diversidad en los cómics
El anuncio ha generado una cantidad considerable de publicidad para DC Comics, siendo reportado con menor o mayor fortuna por un amplio número de medios tanto especializados como generales, y en este caso ha sido bastante menos admirable.

Redacción Anodis

Ragap



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Se han colgado del asunto para obtener tanta prensa gratis

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Después de un par de semanas de intensa especulación, DC Comics reveló la semana pasada que el personaje previamente heterosexual que habían anunciado sería reintroducido con una orientación homosexual no es otro sino Alan Scott, el Linterna Verde original y líder de la Sociedad de la Justicia de América (JSA, por sus siglas en inglés), creado en los años cuarenta por Martin Nodell y Bill Finger (quien también fuera el poco reconocido co-creador de Batman). Tal evento se dió en las páginas del segundo número de Earth-2, que salió a la venta el miércoles pasado, escrito por James Robinson.

El anuncio ha generado una cantidad considerable de publicidad para DC Comics, siendo reportado con menor o mayor fortuna por un amplio número de medios tanto especializados como generales. Ahora, existen varias cuestiones interesantes respecto a la decisión tomada por DC y lo que esto nos dice del cómic mainstream actual. Desde el punto de vista creativo, las declaraciones de James Robinson dejan en claro que esto no se trata tanto de un mandato editorial como del guionista permaneciendo fiel a la intención de incluir personajes diversos en sus historias, misma que ha demostrado en el pasado en títulos como JSA (con Obsidian, personaje gay e hijo de Alan Scott pre-DCnU, cuya desaparición después del reboot inspiró en parte a Robinson para hacer gay a Scott) o Starman (donde tuvo lugar el primer beso entre dos hombres en la historia del cómic mainstream —¡en 1998!—).

Por otro lado está el actuar de DC como compañía, que en este caso ha sido bastante menos admirable: básicamente se han colgado del asunto para obtener tanta prensa gratis como sea posible. DC creó altas expectativas al declarar que el personaje en cuestión sería alguien ‘prominente’ e ‘icónico’ y aunque habrá quien lo discuta, Alan Scott está lejísimos de ser cualquiera de las dos cosas. Claro, es un personaje con más de setenta años de historia, pero no es para nada el primer personaje en el que uno piensa cuando se escucha el nombre de Green Lantern. Ni el segundo. Ni el tercero. Quizá el quinto, si somos generosos. Después de todo, Alan Scott lleva sesenta años sin protagonizar un cómic que tenga por título Green Lantern.

Y aunque es comprensible que DC quiera toda la publicidad posible y que se les vea como de avanzada —especialmente en vista de las críticas que han recibido por el manejo de diversos personajes post-reboot—, inflar el anuncio y después hacer una revelación tan tibia como la de Alan Scott no hace sino recordarnos lo lejos que estamos todavía de tener un personaje gay realmente ‘prominente’ o ‘icónico’, es decir, alguien en quien DC (o para el caso, cualquier otra editorial) realmente tenga invertido dinero: alguien que vaya a aparecer en películas, en series animadas, en figuras de acción.

Claro, en vista de reacciones como las de la siempre vigilante organización One Millon Moms o de los cuestionables comentarios y ‘bromas’ de fanáticos y advenedizos que por alguna razón son considerados aceptables —revísese, por ejemplo, esta compilación de tuits con infinitas variaciones del chiste "pink lantern"— parece que cualquier paso por pequeño que sea es de agradecerse (y bueno, en muchos sentidos sí se agradece). Pero no es difícil ver que DC está jugando a tener el pastel y comérselo también: pueden decir que apuestan por la diversidad con un Linterna Verde gay, mientras el Linterna Verde que de verdad importa, el que genera dinero, sale en películas y tiene su propio título, sigue siendo heterosexual.

Con esto, DC pierde la oportunidad de hacer la declaración de principios que cuando menos hubiera representado sacar del clóset a un personaje con mayor popularidad —vaya, nadie esperaba que fuera Superman o Batman, pero alguien como Red Robin o Superboy hubiera funcionado de maravilla— especialmente en un medio como el cómic mainstream, tan falto de cualquier tipo de diversidad real. Porque aún con lo que se ha avanzado, la verdad es que la mayor parte de los héroes (y sus creadores) siguen siendo hombres blancos heterosexuales cisgénero y no mucho más.

Así, si es poco el lugar para personajes gay o lésbicos, es todavía menor para bisexuales, trans* o cualquier otra identidad no comprendida dentro de la heteronormatividad y en consecuencia menor para historias más desafiantes (y eso sin agregar cuestiones raciales o de otra índole, porque el panorama resultaría desolador). Sí, Alan Scott es gay, pero también es blanco, cisgénero y millonario, por lo que en el gran escenario difícilmente resulta un personaje provocador. Al contrario, se inscribe en la tradición de la cultura pop de comoditizar la diferencia, usándola como gancho pero finalmente reafirmando la norma.

Con esto no quiero decir que la intención de DC no sea positiva, o que James Robinson no pueda explorar temas interesantes en su narrativa. Tampoco significa que no existan personajes sexualmente diversos bien escritos y disfrutables. Ahí están Batwoman (que protagoniza su propio título), Wiccan y Hulkling de Young Avengers (con todo y que les haya tomado siete años besarse en panel), Karolina Dean y Xavin de Runaways (éste último uno de los pocos personajes trans) o los ya clásicos Apollo y MIdnighter de The Authority/Stormwatch. Significa que DC y Marvel —aquí resulta interesante que, en comparación, sea Archie Comics quienes tomen decisiones más audaces respecto a estos temas— tienen que comprender es que ya no basta incluir personajes como si tratara de tachar elementos de una lista y esperar que les demos una estrellita. Necesitan ser más ambiciosos si quieren que los veamos como realmente progresistas, necesitan narrar historias o crear personajes que no tienen representación dentro del medio en la actualidad. Y necesitan hacerlo de una forma orgánica, lo que implica aumentar la diversidad en su staff y encontrar creadores que sean capaces capturar la voz y experiencia únicas a cada tipo de personaje.

Tomen nota: ya no se trata sólo de cumplir cuotas.

Por: Pablo Alva
Fuente: Milenio.

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