30 DE SEPTIEMBRE DE 2008 Fuera del Clóset Explotan la falda, travestirse a veces también es un trabajo Hay quien dice que lo hacen como un homenaje a la belleza femenina, pero el caso es que no causa el mismo impacto un hombre vestido de mujer que una mujer que viste de hombre, lo cual hasta parece elegante y una osadía valiente y cachonda.
El travestismo masculino es mucho más que vestirse como mujer. Hay una razón psicológica detrás y no es la misma para todos. Unos lo hacen para corregirle la plana al creador, creen ser mujeres atrapadas en una fisiología masculina; otros más –perversos fetichistas– sienten poseer al objeto de su deseo erótico: la mujer.
Por difícil que parezca, travestirse no es una filia exclusiva de ciertos homosexuales, hay también quienes usan pelucas, bubies artificiales y faldas por motivos profesionales o creativos, ya sea porque es shoucera en un espectáculo nocturno en antros de ambiente, o porque es un personaje más para la vida de un actor y viven de ser mujeres en un escenario por algunas horas, con eso lucran.
Estudios sobre el travestismo masculino ven un trasfondo sexista, en la medida en que vestirse de mujer resulta cómico, un absurdo que salva para ciertos varones (no aplica para los transexuales) el honor viril, pues realmente se trata de una vacilada para pasarla bien, pues si te gusta emocionalmente resultas homosexual, y si eres gay de por sí, resultas vestida y eso es un deshonor para las tapadas.
Hay quien dice en el mundo del espectáculo que lo hacen como un homenaje a la belleza femenina, pero el caso es que no causa el mismo impacto un hombre vestido de mujer –que es gracioso para unos y patético para otros– que una mujer que viste de hombre, lo cual hasta parece elegante y una osadía valiente y cachonda.
Abundan películas de hombres travestidos que resultan absurdos cómicos, comedias ligeras y que tienen como objetivo ligar mujeres (El Crucero de las Locas o ¿Y Dónde Están las Rubias?), solucionar conflictos familiares (Mrs. Doubtfire) o alcanzar un éxito profesional (Tootsie) y que resultan bastantes divertidas porque el hombre que viste de mujer se ve ‘ridículo’ o ‘chistoso’, y eso no lo hace gay y lo femenino.
Entonces, ¿es ridículo? De ahí el trasfondo sexista dicen expertos. Ver a Barbra Streisand como hombre en Yentl o a Julie Andrews en Víctor Victoria ¿fue igual de cómico o un culto a lo masculino?
Es pregunta, veamos los casos más célebres en nuestro México tan machista, de actores que se ponen faldas para ganar muchos pesos.
Héctor Suárez Es un histrión de esos que no caen mal como Chespirito o Eugenio Derbez, con una carrera actoral prestigiosa de más de 50 años. Ahora monta en teatro un personaje femenino, María Inmaculada, en La Señora de su Casa, de Dario Fo. En ella hace una reflexión sobre el machismo y la discriminación que victimiza a la mujer, sin dejar la comicidad que lo caracteriza.
En 1976 llevó a escena La Jaula de las Locas, la clásica comedia de travestis homosexuales. En su programa ¿Qué nos Pasa? (1985-1987 en Televisa) hizo a la célebre Doña Zoila, la tradicional madre y esposa controladora del “que me da el kamafán” si no le hacen caso.
Antes ya había hecho parodias femeninas en La Cosquilla (1970) y Sábado Loco, Loco (1981) sin olvidar La Cosa, que ya hizo en Imevisión en 1991 al lado de Juan Carlos Méndez, con el que montó el delicioso sketch del negrito Tomás y su mamá Tomasa, ¿los recuerdan? Es lo mejor que ha hecho la tele mexicana en el humorismo pícaro.
Gonzalo Vega Con Martina en La Señora Presidenta ya lleva más de tres sexenios empoderado triunfando en todo el país con un personaje femenino que le ha dado más que cualquier otro de machín que haya hecho en pantalla o en teatro.
Siendo actor dramático con esta matrona chistosa descubrió su lado lúdico y con ingeniosos enredos se da el lujo de hacer crítica político-social al tiempo que aborda la dicotomía de la bisexualidad, pues a la Martina le gusta la tortilla y también los paquetes, sus devaneos sexuales demuestran su capacidad eróticamente lúdica.
Antes, en 1977, Gonzalo Vega actuó en la película El Lugar sin Límites/i> en la que la hizo del amor tomentoso de un travesti personificado por Roberto Cobo, el clásico manirroto de historia mexicana, igual que lo hizo Eduardo Palomo en Crónica de un Desayuno al personificar a la Ramona, el sexoservidor que se la pasaba buscando el pene que le cortaron.
Gonzalo Vega dice sobre Martina, que por medio del humor muestra a la sociedad lo que podría hacer si no fuera tan timorata e hiciera lo que realmente quisiera hacer con su vida sexual, considera que como Martina es una mujer, no un afeminado travesti, opinó lo contrario.
Eduardo España Aunque está inmerso en la telebasura que produce Televisa para la consumición de las masas, y que hace la gran diferencia con Héctor Suárez y Gonzalo Vega, es de reconocer que con su personaje nacido en el bodrio de Adal Ramones, Otro Rollo, descubrió a la gallina de los huevos de oro, pues realmente Doña Márgara Francisca causa risa de tan graciosa y por su magistral forma de manejar el doble sentido y las groserías, que ya le costaron la censura de Gobernación.
No es mal actor, ha hecho teatro clásico y cine, pero sabe sacar provecho personificando a una doña muy de barriada, como muchas que abundan en Tepito en el DF o en la Santa María de Puebla.
Se le puede ver en Telehit y en otras barras cómicas de Televisa. También la hizo de gay en Rosas por Siempre al ado de Adal Ramones y de otros actores, un sketch/i> seriado con el cual se intentó demostrar apoyo y reconocimiento a la comunidad gay, pero sólo hicieron el ridículo. “Para mí que vayan y chin... a su madre, diría Márgara Francisca.
Germán y Freddy Ortega Con La Jitomata y la Perejilda, los cómicos de origen poblano la han hecho en grande en Televisa y manejando la marca Mascabrothers hacen teatro y mucha más parafernalia actoral en la ciudad de México pero sin crear algo nuevo a lo de siempre en el humor.
En honor a la verdad, son geniales en su papel de cocineros putitos, que en La Parodia daban consejos a las amas de casa, aunque no dejan de ser burdos y vulgares, justo para vender en la industria cultural marca Televisa.
Víctor Trujillo El tremendo Brozo el Payaso Tenebroso cuando trabajaba en Imevisión creó a uno de los personajes femeninos más graciosos y ‘cultos’, la Beba Galván, quien inclusive llegó a tener su propio programa, Humorcito Corazón.
Se fue a las Olimpiadas con José Ramón Fernández en las buenas épocas de Los Protagonistas en TV Azteca y hoy en las filas de Televisa, de vez en cuando saca del closet a la mujer que Trujillo lleva dentro.
No es un simple personaje amariconado como la Güera Limantour de Daniel Bisogno, que es un atentado al humor para rayar en el patetismo en pantalla para tontos.
A diferencia de esta cosa con tetas, la Beba Galván tiene clase y Trujillo hace con ella un trabajo de actuación muy fino; en tanto la Limantour entrevista nacademios, ella se da el lujo de charlar con Monsivais o Gael García; mientras la otra va de fracaso en fracaso en programas unitarios de TV Azteca, como el Club de las Baquetonas, la Beba triunfaba en cable.
Y aquí no se acaba la historia pero sí el espacio, ya que falta La Roña y otros personajes femeninos encarnados por actores, como la multitud que se han puesto bubbies en Aventurera. Para la siguiente seguiremos el recuento y también recordaremos a los personajes homosexuales de la televisión mexicana.
Cientos de personas participaron en una marcha contra los dichos y acciones del Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, quien ha institucionalizado la discriminación y la homofobia. [Sigue]