4 DE SEPTIEMBRE DE 2008
Un matrimonio fallido por un avionazo en España Aquel 16 de agosto, para cerrar un círculo, María había regresado a su pueblo para casarse con Rubén Daniel Sánchez Pérez, un ingeniero industrial especialista en energía renovables, al que había conocido en Las Palmas de Gran Canaria. Estaba feliz.
David Rafael Estrada Correa
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El sábado 16 de agosto pasado, a las 7:00 de la noche, en Batres -un municipio situado al sureste de Madrid-, los vecinos se congregaron a la puerta del número 19 de la calle Molino para ver a la novia.
María Jesús Font Rodríguez, de 31 años, estaba preciosa. Llevaba un sencillo vestido blanco, con los hombros descubiertos, larga cola y un ramo de flores naturales entre las manos. Pero se negaba a salir. "Le daba vergüenza que todo los vecinos la vieran vestida de novia, pero cuando al fin salió, todo el mundo le aplaudió y le silbó de lo guapa que estaba", cuenta Beatriz Olea, su amiga y vecina.
Todavía emocionada, la mujer explica el motivo de tanto alboroto: “En un pueblo de mil 400 habitantes, estas fiestas se celebran como propias. Todos van. Estén o no invitados”.
María había emigrado por cuestiones de trabajo hace ocho años a Gran Canaria, una isla española situada en el Océano Atlántico. Durante este tiempo había hecho de todo: voluntaria de la Cruz Roja, grabadora de tatuajes, cajera de un supermercado y, recientemente, buscando tener un mejor ingreso, había decidido estudiar Psicología.
Aquel 16 de agosto, para cerrar un círculo, María había regresado a su pueblo para casarse con Rubén Daniel Sánchez Pérez, un ingeniero industrial especialista en energía renovables, al que había conocido en Las Palmas de Gran Canaria. Estaba feliz.
El párroco de la iglesia de la Asunción, contagiado por el entusiasmo de la joven pareja, ordenó que el campanario de Batres repicara a fiesta. Todo el pueblo se enteró de su enlace.
La pareja había decidido posponer dos meses su luna de miel y volver al municipio grancanario de Ingenio (tierra natal de él), donde tenían su casa, para que ella pudiera presentarse en septiembre a unos exámenes de Psicología.
Rubén acababa de concluir su proyecto de Ingeniería Industrial Superior en la Universidad de Las Palmas y estaba a punto de presidir el Villa de Ingenio, un legendario club de Balonmano, un deporte que goza de amplia popularidad en países europeos como Alemania, Croacia, Dinamarca, España, Francia, Islandia, Polonia y Suecia.
Los últimos días que pasó en el pueblo, María Jesús le confesó a sus familiares y amigas sus planes con su marido y cómo habían pensado en tener niños lo antes posible.
“Era encantadora. Estaba muy enamorada y tenía muchos planes”, revela Rocío, su prima. Antonio, amigo del novio, también recuerda: “Hace dos semanas, en su despedida de soltero, nos dijo: ‘es la mujer que siempre soñé’. En la boda iba muy guapo. Todo fue tan rápido que aún no he revelado las fotos”.
María Jesús y Rubén llevaban cuatro días de casados cuando abordaron, la tarde del miércoles 20 de agosto, el vuelo JK5022 (Madrid-Las Palmas) en el aeropuerto de Madrid-Barajas.
Llevaban cinco maletas de regalos y presumían las argollas matrimoniales todavía relucientes. "Me voy que pierdo el avión", fue lo último que dijo la joven a su madre cuando entró en la panadería que atiende Maite, amiga de la familia.
El McDonnell Douglas-82 matrícula ECHPP de la compañía Spanair, tenía anunciada su salida a las 13:05. Una falla en el sistema auxiliar del motor, que aparentemente se corrigió, había retrasado la salida por más de 78 minutos.
A las 14:23 horas, tiempo de España, el avión inició la maniobra de despegue, el momento más delicado del vuelo. A lo lejos, el comandante de otra aeronave que tomaba tierra en la pista de enfrente, procedente de Ecuador, comentó a la base: “Ese avión no despega”.
Con notable dificultad, el vuelo JK5022 se elevó 55 metros en el aire desde la pista 36L, cuando se le incendió el motor izquierdo. Se desequilibró, el ala tocó el suelo y en seguida vino una enorme explosión del depósito cargado de queroseno. La nave se partió en dos y comenzó a arder. El fuselaje quedó hecho añicos. Eran las 14:28. En ese momento murieron carbonizadas 153 personas, entre ellas 20 niños, dos bebés y María de Jesús y Rubén. Sólo sobrevivieron 19.
Esa tarde en Batres, las mismas campanas de la parroquia que cuatro días atrás habían repicado para anunciar la boda de los Font-Sánchez, ahora llamaban a duelo para la celebración de una misa en su memoria.
Hasta el momento, los cuerpos de la pareja de recién casados no han podido ser identificados. Su familia espera en el hotel Auditórium de Madrid el resultado de las pruebas de ADN para poder llevárselos…
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 El pasado 16 de agosto un avión de Spanair no despegó.
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