25 DE AGOSTO DE 2008
 Fuera del Clóset Dueñ@s de las noches poblanas La cuna de ellos o ellas en Puebla es el Paseo Bravo, 13 Sur entre avenida Juárez y 3 Poniente; el tráfico de placeres, especialmente para hombres, se hace presente todas las noches aunque los viernes y sábados hay un repunte.
Rafael Sánchez Zanella
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La noche se acerca y es hora de salir a la calle, el lugar, detrás de un teléfono público, en un parque o en cualquier esquina es grato para ellos. Una peluca, unas medias, un par de zapatillas, una faldita o un vestido strech, son objetos de transformación.
Una llamada basta para avisarle a los colegas de oficio y, de esta forma, corroborar que asistirían al lugar de 'trabajo', trabajo callejero, la de vender el cuerpo por placer o a cambio de unos pesos.
“La verdad lo hago por placer, porque me gusta y me divierte salir de noche”, cuenta un hombre vestido de mujer; ella o él se dice llamar Niurka y suele deambular por el Paseo Bravo, exactamente por la 13 Sur y Reforma, a veces se aventura a pararse en el Gallito, el afrancesado reloj que regaló a la ciudad la comunidad francesa con motivo del cien aniversario de la Batalla de Puebla. Ubicarse ahí tiene el riesgo de ser levantado más rápido por la policía.
Este monumento es clásico punto de reunión de los gays que se ligan por chat o de las comadres de la comunidad para irse de reventón al Franco’s o al Charly’s de la 11 Norte y 10 Poniente para tomarse unas chelas y ligarse un chacal, o tal vez irse al Italian Coffe para admirar a los meseros de culillo apretado, los más guapos de la ciudad que tienen un enorme pegue entre los gays de estos lares.
Niurka como le gusta que le digan, se vuelve travesti en las noches, de día ella es ‘normal’, con otro nombre y cara ante la sociedad poblana, porque: “Los poblanos son mochos y se persignan cuando ven un hombre con un hombre o una mujer con otra de su mismo sexo”, argumenta.
La cuna de ellos o ellas es el Paseo Bravo, 13 Sur entre avenida Juárez y 3 Poniente; el tráfico de placeres, especialmente para hombres, se hace presente todas las noches aunque los viernes y sábados hay un repunte después de las 10 de la noche.
Después de esa hora, cuando la luna llena ilumina ya la Villita, resta sólo esperar que pase algún cliente y darle la facilidad de escoger para irse a coger. Niurka no se hace esperar y se ofrece solita, describiéndose desde la ventana del auto: “Con condón o sin condón; si te gustan así como yo, adelante, 15 centímetros” precisa.
Y es que es mito que las vestidas sean pasivas exclusivamente, las hay bien activas que te ofrecen centímetros de placer según la expresión que tiene la cara del presunto cliente, son tan expertas que saben de sólo verlos el rol sexual.
Sin mencionar precios u ofertas, ella sólo espera distraerse, satisfacer a sus clientes para que regresen a buscarla, dice, hacer realidad sus fantasías también es realizar las de ella. Lo que cobra es lo de menos, advierte que disfruta del sexo y se remate le pagan.
Ella no es como otros que pretextan, ya sea para proteger aunque sea un poquito su respetabilidad, que no tienen otra forma para ganarse la vida, lo hacen por dinero, no por placer. Niurka te dice la neta “me gusta el sexo”.
En esos momentos, cualquier enfermedad de transmisión sexual queda en segundo término: “La actividad es difícil, sí es por necesidad”, dice otro de los practicantes, que se hace llamar Betty.
Los travestis que se prostituyen compiten por la clientela con los jóvenes que se hacen llamar chichifos, ellos no representan mujeres de fantasía, se ofrecen como cuerpos viriles guapos, fuertes y dispuestos a pasarla bien con quien les pague bien, no importa si el cliente es hombre o mujer, homo, bi o buga, joven o viejo, se lo lleva quien le llegue al precio.
Los peligros que corre un sexoservidor es más grande puesto que servirle a un hombre te hace correr muchos riesgos, muchos peligros como la de salir golpeado o que te obliguen a hacerlo sin condón, pero como dice el dicho ‘lo bailado quién te lo quita’, precisa Betty.
El sondeo de las patrullas no es para vigilar la seguridad de los que transitan en ese lugar a esas horas, sino para morbosear a estos jóvenes que utilizan sus cuerpos para externar la imagen de una mujer, con deseos de un hombre.
A veces los patrulleros no disimulan el hambre de la corrupción para sobornar a estos hombres con perfumes de mujer, aprovechan sus rondines para sacarles sin condición de 300 pesos a 500 a cambio de no llevárselos al Ministerio Público: “Ya hasta los conocemos y a veces les hemos hecho favores”, cuentan los travestis del Paseo Bravo.
Con necesidad o no, lo real es que la profesión más antigua del mundo se sigue realizando exactamente igual por más que al inicio de la presente administración municipal, como sucede cada tres años, se prometen analizar medidas para controlar la prostitución, “es el mismo cuento de siempre”, precisa la activista Alejandra Fonseca, famosa por la protección institucional que da a chicas y chicos que en Puebla viven del talón.
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 La profesión más antigua del mundo perdura.
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