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18 DE JULIO DE 2008 Sáficas Gabriela Mistral, una Nobel para leer entre líneas No había sido la elegante y citadina mujer letrada que imaginaría, sino una joven maestra rural que enviaba sus poemas a los periódicos. Sin embargo, fue la primera persona latinoamericana en llevarse la condecoración.
En 1945 la chilena Gabriela Mistral, cuyo verdadero nombre fuera Lucila Godoy Alcayaga, se convirtió en la primera mujer y el primer latinoamericano que obtuviera el Premio Nobel de Literatura.
No había sido la elegante y citadina mujer letrada que imaginaría quien piense en ese galardón, sino una joven maestra rural que enviaba sus poemas a los periódicos de la provincia chilena. Sin embargo, su calidad literaria le reservaría un lugar indiscutible entre los grandes.
En 1922 se publica su primer poemario: Desolación; al que seguirán Ternura (1924) y Tala (1938). Después de recibido el Nobel, publicaría Lagar (1954) y Poemas de Chile (1967).
Su condición de lesbiana no ha podido ser probada y, definitivamente, eso no es lo más importante cuando de un monumento literario como ella se trata. Pero a quienes nos gusta leer entre líneas disfrutamos encontrar en ciertos textos esa sensibilidad y ese tono que sólo se usan —¡si lo sabrá uno!— para dirigirse a otra mujer. A continuación les comparto algunos.
VERGÜENZA
Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa como la hierba a que bajó el rocío, y desconocerán mi faz gloriosa las altas cañas cuando baje al río.
Tengo vergüenza de mi boca triste, de mi voz rota y mis rodillas rudas. Ahora que me miraste y que viniste, me encontré pobre y me palpé desnuda.
Ninguna piedra en el camino hallaste más desnuda de luz en la alborada que esta mujer a la que levantaste, porque oíste su canto, la mirada.
Yo callaré para que no conozcan mi dicha los que pasan por el llano, en el fulgor que da a mi frente tosca y en la tremolación que hay en mi mano...
Es noche y baja a la hierba el rocío; mírame largo y habla con ternura, ¡que ya mañana al descender al río lo que besaste llevará hermosura!
DAME LA MANO
A Tasso de Silveira
Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás. Como una sola flor seremos, como una flor, y nada más...
El mismo verso cantaremos, al mismo paso bailarás. Como una espiga ondularemos, como una espiga, y nada más.
Te llamas Rosa y yo Esperanza pero tu nombre olvidarás, porque seremos una danza en la colina, y nada más...
LA FLOR DEL AIRE
Yo la encontré por mi destino, de pie a mitad de la pradera, gobernadora del que pase, del que le hable y que la vea.
Y ella me dijo: "Sube al monte. Yo nunca dejo la pradera, y me cortas las flores blancas como nieves, duras y tiernas."
Me subí a la ácida montaña, busqué las flores donde albean, entre las rocas existiendo medio dormidas y despiertas.
Cuando bajé, con carga mía, la hallé a mitad de la pradera, y fui cubriéndola frenética, con un torrente de azucenas.
Y sin mirarse la blancura, ella me dijo: "Tú acarrea ahora sólo flores rojas. Yo no puedo pasar la pradera."
Trepe las penas con el venado, y busqué flores de demencia, las que rojean y parecen que de rojez vivan y mueran.
Recientemente, Yura Labarca y Francisco Casas han filmado The Woman Passenger, la primera parte de un proyecto que pretende rescatar la faceta lesbiana de la gran poeta chilena.
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