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11 DE JULIO DE 2008
Lorenzo, hijo de Ingrid Betancourt, de niño a joven político
Lorenzo Delloye tenía trece años cuando secuestraron a su madre. Hoy, a sus 19 años, se ha convertido en todo un hombre, lidera un movimiento mundial para liberar a secuestrados en Colombia y tiene tres grupos de seguidores en la red social Facebook.

David Rafael Estrada Correa

El hijo menor de Ingrid Betancourt tenía trece años cuando secuestraron a su madre. Hoy, a sus 19 años, se ha convertido en todo un hombre, lidera un movimiento mundial que trabaja por la libertad de los secuestrados en Colombia, tiene tres grupos de seguidores en la red social Facebook, y muchos dicen que tiene el talante político de su famosa madre.

Aún cuando ya transcurrieron más de seis años, Lorenzo Delloye tiene grabada en su cabeza la tarde del 23 de febrero del 2003. Visitaba a un amigo suyo en París cuando, de pronto, recibió una llamada de su padre, el diplomático francés Fabrice Delloye.

Le dijo que saliera rápido, que lo estaba esperando en su carro para darle una noticia. El joven bajó las escaleras corriendo. Sabía que en Colombia las cosas no estaban fáciles para su madre, quien poco tiempo atrás, por cuestiones de seguridad, había decidido que él y su hermana mayor, Melanie, debían vivir un tiempo en Francia.

Pensó en todo y en nada. “¿Habrán matado a mi madre?”, se preguntaba hasta antes de que su padre, con el rostro sombrío y las lágrimas a punto de salir, le dijera: “Han secuestrado a tu madre”.

Lorenzo tenía tres años menos que Melanie y, recientemente, sin poder ocultar su desesperación, declaró al diario londinense The Sunday Times: “Los odio (a los secuestradores), porque me han arrebatado a mi madre justo cuando más la he necesitado”.

Pero, contrario a lo que muchos de sus familiares pensaban, ese dolor no lo dobló, por el contrario, lo fortaleció como a un roble y, para sorpresa de muchos, sin que nadie interviniera en esta decisión, asumió la causa de la libertad de su madre y en el último año se ha convertido en uno de los activistas mundiales más beligerantes en contra del secuestro.

Así lo demostró el pasado 8 de abril, cuando convocó a la Marcha blanca, en la que más de 10 mil parisinos caminaron desde la Ópera hasta la Asamblea Nacional.

Estuvieron con él, como siempre, su hermana Melanie, su abuela Yolanda y Juan Carlos Lecompte, el segundo esposo de su madre. Pero también, y después de un dedicado trabajo de convocatoria, lo acompañaron varias personalidades de la política mundial: la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner; el canciller francés Bernard Kouchner; el alcalde de París, Bertrand Delante; y la primera dama francesa, Carla Bruni-Sarkozy.

Hoy, si en algo se ha convertido Lorenzo, es en un líder político. Y para muestra ahí están sus encuentros con la candidata presidencial francesa Segolene Royal, con los presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Nicolás Sarkozy de Francia, así como la gran cantidad de mensajes enviados al presidente Álvaro Uribe para promover iniciativas que iban desde la atención médica a su madre, hasta el intercambio humanitario.

“Sé que usted, en el fondo, no quiere compartir con las FARC el riesgo de la muerte de mi madre… por lo que sus intenciones no deben quedarse en un mero símbolo”, le dijo al mandatario colombiano en una rueda de prensa el pasado mes de mayo.

Pero este joven no sólo ha heredado de su madre el gusto por la política. Sino también su juicio y su responsabilidad. Por eso, y porque la misma Ingrid se lo pidió alguna vez, dejó a un lado su deseo de convertirse en cantante, para concentrarse en sus estudios de Derecho y Economía en la exigente Universidad de la Sorbona.

“A mi Lorenzo, mi LoliPop, mi ángel de luz, mi rey de aguas azules, mi chief musician que me canta, y me encanta, al dueño de mi corazón, quiero decirle que desde el día que nació y hasta hoy ha sido mi manantial de alegrías. Todo lo que viene de él es bálsamo para mi alma, todo me reconforta, todo me apacigua, todo me da placer y placidez”, le escribió Ingrid en una carta de supervivencia que envió a su familia a finales del año pasado.

Lorenzo, en tanto, se comunicaba con su madre a través de la radio, a través del La voz de los secuestrados, un programa que supuestamente escuchaban los plagiados en medio de la selva colombiana, y le leía parte del contenido que compone Lettres à maman (Cartas a mamá), un libro de cartas que se editó en Francia a finales del año pasado y se pretende lanzar en todos los países de América Latina, así como en España, Estados Unidos, Portugal y el Reino Unido, entre otros, y que fue prologado por el Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel.

“Deja que nuestras palabras que llegan a ti, una a una, a través de la radio, sean tu fuerza”, le escribieron los hermanos Delloye en una de ellas.

A las ocho treinta de la mañana del pasado 3 de julio, apenas unas horas después de su liberación por parte del Ejército Nacional, Ingrid Betancourt, por fin, se reunió con Melanie y Lorenzo.

El reencuentro se dio en la puerta del avión que llevó a los hijos de la ex candidata presidencial de París a Bogotá. Ahí se abrazaron, se besaron y lloraron, después de más de seis años de separación forzada. “Fue una orgía de besos –resumió posteriormente Betancourt. Estoy en el paraíso. Ellos son mi razón de vivir, mi orgullo, mis estrellas, por ellos seguí con ganas de salir de la selva”.

Lorenzo, vestido con un pantalón de mezclilla, una chaqueta color beige y esa melena alborotada que lo ha hecho tan famoso en todo el mundo, con una enorme sonrisa dibujada en el rostro, dijo: “Siento demasiada felicidad… Gracias! Hemos ganado un combate por la libertad”. Y, sin olvidar el activismo que lo ha acompañado los últimos meses y muy seguramente ya nunca más abandonará, el joven de 19 años adelantó:

“Todavía hay más secuestrados en la selva y vamos a luchar por ellos; no vamos a parar". Y los tres, fundidos en un abrazo, se fueron a celebrar y conversar algo de lo mucho que no se han dicho en estos 2, 323 días de forzado cautiverio.

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El hijo menor de Ingrid Betancourt tiene 19 años de edad.

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