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7 DE JULIO DE 2008

Desde el diván
¿Cómo funciona la psicoterapia?
No siempre podemos nosotros mismos ver lo que nos sucede desde la distancia. Entonces entras en el consultorio, que es un área de seguridad donde tienes la contención de un psicólogo, y puedes permitirte tomar distancia de tus problemas.

Hernán  Paniagua

Alguna vez en nuestra vida, todos hemos considerado la posibilidad de asistir con algún terapeuta para que nos ayude a encontrar la solución de nuestros problemas emocionales.

La principal ventaja de recibir psicoterapia consiste en la posibilidad de ver los mismos problemas que en otro momento te agobiaban desde una perspectiva diferente. Con el apoyo del terapeuta, puedes hacer distancia entre tú y tus problemas, observándolos en diferentes facetas para, finalmente, irte aproximando a ellos de manera gradual hasta resolver, asimilar o reconciliarte con ell o los conflictos que te agobiaban.

Frecuentemente los problemas los vemos como a la superficie de un muro en un edificio enorme y que tenemos a una escasa pulgada de nuestra nariz. Cuando necesitamos describirlo, identificarlo y saber cómo es, cuán alto es, de qué color, qué tan grueso o qué forma tiene, encontramos la cosa virtualmente imposible porque le tenemos demasiado cerca.

No siempre podemos nosotros mismos ver lo que nos sucede desde la distancia. Entonces entras en el consultorio, que es un área de seguridad donde tienes la contención de un psicólogo, y puedes permitirte tomar distancia de tus problemas.

Tomas tu conflicto entre tus manos y lo contemplas sin temor a salir lastimado, lo estiras, le cambias de forma, lo conoces a detalle y te familiarizas con él.

De pronto te das cuenta de que tras tanto ruido había muy pocas nueces, no era para tanto; y a medida que vas viéndolo en su verdadera dimensión, tu tranquilidad va desplazando al agobio.

Así, cuando identificas objetivamente a tu problema: que no eres el único o la única a la que le sucede, que no es tu culpa, que no es para siempre y lo que se te ocurra, el proceso terapéutico súbitamente evoluciona como de un salto.

No lo es todo, claro, pero el alivio que sientes es el inicio para seguir explorando con confianza y mayor precisión. Después de esta fase, el trabajo en psicoterapia continúa.

El terapeuta es algo así como tu guía durante un safari por la Selva Negra de tu psique. Con un guía, uno bueno, no tienes la preocupación de extraviarte, ni de ser devorado por las bestias salvajes. Exploras los vericuetos de tu historia, tu percepción del mundo, tus relaciones interpersonales de una manera sistemática, atando cabos y dándote cuenta de las cosas.

Ese es el objetivo crucial de la psicoterapia: el “darte cuenta”. Una vez que te das cuenta de que los problemas no son tan infranqueables, puedes seguir adelante, dándote cuenta que no es tan imperdonable eso que te recriminas, por ejemplo; una vez que te das cuenta de cómo hacías las cosas, cambias y las continúas haciendo de un modo más eficaz.

En psicoterapia aprendes a aliarte contigo mismo, no en contra tuya.

Y así, en la psicoterapia no solo solucionas tus problemas atrasados y asuntos pendientes, también adquieres herramientas y estrategias nuevas para hacerle frente a la vida en adelante. Después de la psicoterapia los percances de la vida no te toman ya tan mal parado. Por eso este es efectivamente un proceso de sanación y de aprendizaje.

Efectivamente, las personas usualmente llegan con el terapeuta, ya sea un psiquiatra o psicólogo, creyendo que son las únicas en todo el mundo que tienen ese problema, y consecuentemente sienten emociones que les dificultan solucionarlo o reconocerlo frente a los demás, incluso a ellos mismos. A todos nos ha sucedido; esto hace que lo veamos peor de lo que es.

En otras ocasiones lo que causa la incomodidad lleva tanto tiempo ahí, formando parte de nuestra vida, que ya dejamos de saber que está ahí y le hacemos parte de nosotros y de la forma en que creemos que debe ser la vida; así, muchos creen que es “normal” vivir emocionalmente cansados, tristes, desmotivados, o con esa fatiga crónica que les vuelve prematuramente viejos.

Frecuentemente los amigos pueden ayudar mucho, recomendando no preocuparte tanto o proporcionando consejos que a uno no se le hubieran ocurrido.

El psicoterapeuta hace algo parecido en su función de orientador, pero siendo psicólogo, recurre al método científico para contar con la necesaria estructura, sistematización y metodología que le permite conducirte mediante diagnósticos objetivos, hipótesis y el planteamiento de metas claras sobre las cuales cimentar el proceso terapéutico.

El psicoterapeuta profesional no juzga a sus clientes ni establece juicios de valor, para el no hay nada “bueno” o “malo” y de ningún modo se atreve a tachar una situación humana como “anormal”; en términos generales, no tiene idea del problema que te aqueja ni de la solución hasta no explorar a través de ti las circunstancias o el contexto donde tu malestar se desarrolla; no se involucrará contigo en otra relación que no sea la puramente terapéutica, que ya en sí es una relación interpersonal muy importante; y finalmente, no es él quien te cura, sino que te conduce al lugar y momento en tu propia psique donde puedes tú mismo encontrar ese “darte cuenta” que al final te sana.

Por lo anterior es muy importante que luego de decidir asistir a psicoterapia cheques que el terapeuta en cuestión efectivamente tenga los estudios y la preparación adecuada para brindarte un servicio como el que estás buscando, de lo contrario, te arriesgas a ponerte en manos de un charlatán que te enfrentará a sus juicios morales y buscará convencerte de su propia idiosincrasia.

Lo segundo para fijarte al elegir un terapeuta es que él o ella te caiga bien, porque si no hay química, tu avance terapéutico será lento y accidentado.

Todos, hasta los terapeutas, alguna vez necesitamos buscar apoyo. Así que no dudes en aproximarte a un profesional cuando sientas que es demasiado el peso que llevas sobre tus hombros.

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