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7 DE JULIO DE 2008
Opacidad y destellos a los XXX años del Orgullo GLBT
Los movimientos sociales, igual que el espíritu, soplan donde quieren, no son propiedad privada de nadie, ni se limitan a encuadrarse en las opacas fantasías de algún sector que se siente ultrarradicalizado

Francisco Javier Lagunes Gaitán

"Todos sabemos que lo que defensivamente hemos llamado 'comunidad' significa al mismo tiempo muchas cosas contradictorias. Esta confusión es el resultado inevitable de sentirnos obligados a ajustar cada expresión de nuestras sexualidades bajo un paraguas homogéneo para poder calificar para reclamar derechos civiles. Reafirma nuestro rechazo de una identidad sexual prestablecida. Participa en la danza colectiva que se rehúsa a ser nombrada, clasificada, controlada. Pásatela bien en la búsqueda de reemplazar el modelo homofóbico de 'normalidad' con el proyecto admitidamente utópico y visionario de hacer trizas las categorías. ¿Qué es lo que nos jugamos al buscar hacer efectiva la libertad? El poder."
Suzanne Gîrard y Teddy Witherington
anteriores copresidentes de InterPride

El movimiento GLBT no es solamente un catálogo de diversidades humanas y de sus ocurrencias estilísticas. Es esencialmente una manifestación pública de resistencia resignificadora contra el poder disciplinador de la vergüenza, que nos mantiene callados y quietos, temerosos de no mostrarnos diferentes a lo que marcan las expectativas sociales dominantes. Afrontar la vergüenza es el primer paso hacia el cambio en la cultura y en las relaciones de poder.

A propósito de la historia
En México, el movimiento GLBT estuvo inicialmente animado por activistas sociales marcados por la represión gubernamental al movimiento estudiantil, en 1968 y en 1971, así como en las luchas por la legalización de la izquierda partidista y contra el sistemático fraude electoral del régimen del PRI.

La primera ocasión en que hubo un contingente GLBT en una manifestación pública fue en la marcha contra la represión para conmemorar el 10° aniversario de la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1978. La primera Marcha del Orgullo GLBT en México fue realizada en 1979, para conmemorar los disturbios de Christopher Street, en la Greenwich Village de Nueva York, en 1969. En los disturbios de 1968, en Nueva York, una multitud callejera diversa protestó contra la clausura arbitraria del bar guei Stonewall Inn, travestis, gueis, y otra gente dura de la calle estuvieron a punto de quemar un par de patrullas y rodearon a los policías dentro del bar, hasta que éstos recibieron refuerzos. Fue la primera vez que la gente dijo 'No más represión arbitraria' contra la gente GLBT.

Fue en 1981 que se formó la primera expresión pública y explícitamente política del movimiento GLBT en México, el Comité de Lesbianas y Homosexuales en Apoyo a la Candidatura de Rosario Ibarra (CLHARI). Por primera vez en la historia de México, hubo candidatos abiertamente gueis y lesbianas al congreso, por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), la organización marxista revolucionaria simpatizante de la Cuarta Internacional.

Una anécdota reveladora
Mientras el grupo Lambda de Liberación Homosexual ya era dirigido principalmente por militantes y simpatizantes del PRT (y algunos del Partido Comunista Mexicano), cuando Lambda tomaba una posición, era automáticamente calificada como 'reformista' por parte del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) y del Grupo Lésbico Oikabeth, que de inmediato asumían la posición que les pareciera más radical e izquierdista para reforzar su identidad.

En la ciudad de Guadalajara, Jalisco, un dirigente guei soñaba crear su chiquipartidito obrero-campesino exclusivamente con militantes homosexuales. Durante su ausencia, los integrantes del grupo elaboraron una manta que decía: "Por los derechos humanos de lesbianas y homosexuales". Al regresar el mesiánico dirigente (no se sabe bien si se sentía la reencarnación de Vladímir Ilich Lenin, o de Rosa de Luxemburgo), reprendió a sus seguidores por su falta de visión política, para luego ordenar que se hiciera la manta de nuevo con otra frase, que esta vez fue: "Por un socialismo sin sexismo".
Cuando algunos compañeros actualmente parecen suspirar por el movimiento de esos tiempos, se olvidan de que este movimiento tan radical, que pretendía incluir todas las liberaciones humanas en una misma lucha, al mismo tiempo estaba profundamente separado de la gente GLBT común y corriente, sus consignas radicales solían ser escasamente comprensibles, e incluso el sector autoproclamadamente más 'radical' llamó en 1985 a realizar la 'eutanasia' de la marcha y del movimiento, al no considerarlos dignos de sus poco realistas expectativas.

Nadie sabe para quien trabaja
El espacio social que trabajosamente abrió el movimiento GLBT ha venido siendo ocupado por los antros y otros negocios privados.

Los antros no son necesariamente el espacio liberado que muchos de ellos proclaman ser, en una perspectiva más amplia, no son sino migajas, los rincones de graciosa tolerancia donde se nos permite una momentánea pausa del estigma que nos señala y marca, pero de ninguna forma son la plena realización de la integración social, sólo representan un espacio de socialización y de consumo.

En el capitalismo, el nivel mínimo de atención que el sistema suele prestar es el de integrarte al consumo. La lógica del lucro no se ocupa centralmente de promover la dignidad humana, pero atender al consumo guei implica reconocer su existencia.

Y los consumidores guei, igual que el resto de la población de nuestro país, necesitan educarse para hacer rentable que los negocios que viven de la gente GLBT apoyen razonablemente iniciativas de impacto de beneficio social GLBT, así como la expresión pública del orgullo GLBT. Usar nuestro poder como consumidores también es una vía de acción ciudadana.

Consumir concientemente es también crear y dar forma a nuestro poder. Si de verdad decidiéramos cumplir nuestros sueños comunitaristas, deberíamos ser capaces de organizar cooperativas de recreación que complementen y enriquezcan nuestras alternativas.

¿Política rosa?
A veces me parece un tanto bizantina esta discusión. ¿Dónde está la política en la marcha? Siempre sobran los eternos suspirantes a candidatos que pretenden atribuirse la propiedad sobre la marcha y sus participantes. Pretenden sorprender a los partidos vendiéndoles la dudosa versión de que podrían traducir en votos a voluntad la cantidad de asistentes a la Marcha del Orgullo GLBT.

En esta XXX Marcha del Orgullo GLBT un contingente del PRD se saltó flagrantemente el acuerdo de que los contingentes de los partidos políticos debían marchar al final de todos los contingentes. Esta es una muestra palpable del desprecio de ese sector por la autonomía de los movimientos sociales.

Las pretensiones de estos dirigentes resultan ridículas para cualquier estudioso de la cultura política mexicana. La gente GLBT, en su aplastante mayoría, se socializa políticamente con su familia, o en la iglesia, o en la colonia, o en la escuela, es decir, que sus valores políticos y sus simpatías electorales no se forman, sino marginalmente, en los espacios GLBT.

La principal fuerza electoral de la causa de los derechos GLBT está en los jóvenes menores de 35 y entre las mujeres solas. Las encuestas que el mismo Partido Acción Nacional (PAN) realizó durante la discusión de la Ley de Sociedad de Convivencia, los hizo darse cuenta de que en el DF les resultaría intolerablemente costoso en votos mostrarse como el partido paracatólico conservador que mayoritariamente son, y por ello adoptaron una estrategia leguleya pretendiendo que su oposición a la Sociedad de Convivencia se debería a presuntos defectos jurídicos de la iniciativa.

Quienes sólo pueden ver la política en los contingentes enojados que además se pronuncien contra el neoliberalismo no ven el bosque por quedarse absortos en un árbol. No necesitamos vanguardias que se automarginen de las necesidades y demandas de la gente común.

Suena más bien como sospechosamente cercano al sector más atrasado de la cultura popular católica romana presuponer que las acciones menos placenteras serían más radicales o meritorias. ¡Claro que nos la podemos pasar bien al mismo tiempo que desafiamos la vergüenza y ponemos en cuestión la 'normalidad' heteronormativa!

¿Marcha sin Sociedad de Convivencia?
Es de verdad para dar lástima que los activistas presuntamente más 'radicales' no hayan entendido la trascendencia de la lucha por la Sociedad de Convivencia. Pero lo que sí es de plano escandaloso es que el Cardenal Norberto Rivera sí la haya entendido mejor que ellos, y por ello haya aplicado toda su influencia contra la aprobación de esa ley.

Desde la Revolución Francesa, el progreso histórico en el reconocimiento civil de las relaciones entre las personas ha consistido en sacarlas de una definición teológica, para llevarlas al ámbito de las relaciones voluntarias y libres entre iguales.

La cuestión del reconocimiento civil de nuestras parejas no es para nada una mera ocurrencia frívola, sino un paso decisivo en la dirección de la igualdad en la diversidad. La Marcha del Orgullo GLBT de la Ciudad de México apoyó decididamente la lucha por la Sociedad de Convivencia. Si la marcha no se aplica a lograr la transformación positiva de nuestra situación, a la conquista de avances legales y sociales ¿qué sentido tendría?

La marcha y el movimiento ahora
Se ha hecho un fetiche de la marcha. El movimiento GLBT es el conjunto de transformaciones de valores y prácticas sociales en relación con los intereses y las necesidades de la gente GLBT. La marcha no es más que un momento privilegiado de ese movimiento, un indicador, como un termómetro de la sociedad y del movimiento.

Internacionalmente, existe una coordinación de las organizaciones sin fines de lucro que producen las actividades del orgullo en el mundo: InterPride (www.interpride.org). Ninguna de estas organizaciones se considera dueña del movimiento, solamente se han profesionalizado para realizar con el mayor éxito posible en su producción e impacto social las acciones del orgullo GLBT, local y globalmente.

El primer intento en nuestro país por profesionalizar en esta dirección la producción de la Marcha del Orgullo GLBT fue la construcción del Comité Orgullo México, AC (COMAC). Este primer intento no ha logrado aún consolidar su proyecto. Si no logra urgentemente establecer una relación equidistante con los patrocinadores, así como establecer un diálogo permenente con otros sujetos sociales y estructuras de gobierno, el proyecto requeriría de una urgente refundación...

Las demandas del movimiento
El movimiento GLBT actualmente debe estructurarse más efectivamente para avanzar en la conquista de derechos y en la promoción de los cambios culturales.

Si los activistas proponen demandas excesivamente visionarias, y que por ello no se relacionen con la manera en que la gente común razona sobre su vida y construye su experiencia, será de nuevo una prédica en el desierto, que hará sentir a los activistas que son genialmente radicales chic, pero que no tendrá un impacto político y social considerable.

¿A poco de verdad es tan difícil entender que el movimiento GLBT es un movimiento pluriclasista y que su base social no es predominantemente obrero-campesina? Es muy válido que dentro del movimiento amplio se organice y exprese la diversidad social e ideológica presente en el movimiento, pero la autoproclamación y la descalificación a priori de los diferentes no nos ayudan a potenciar nuestro movimiento.

Participar en un movimiento pluralista e incluyente, como lo es el nuestro, no se contrapone con la afirmación de nuestras identidades distintivas. Sólo juntos seremos el factor de cambio que nuestra sociedad necesita. En palabras del humanista húngaro unitario, Ferenc Dávid: "No necesitamos pensar igual para amar por igual".

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¿Marcha sin Sociedad de Convivencia?

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