9 DE JUNIO DE 2008
Irena Sendler, un ángel para 2 mil 500 judíos Irena Sendler, una de las grandes heroínas polacas de la Segunda Guerra Mundial por haber salvado a 2 mil 500 niños judíos sacándolos a escondidas del güeto de Varsovia a riesgo de su propia vida, murió el lunes 12 de mayo a los 98 años de edad.
David Rafael Estrada Correa
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Nacida el 15 de febrero de 1910, Sendler fue una desconocida durante mucho tiempo para los polacos y para el mundo entero. Eso mismo le sucedió a Oskar Schindler (1908-1974), que murió en la pobreza en Alemania antes de que su hazaña de salvar a los trabajadores judíos de su fábrica fuese inmortalizada en 1993 en el cine en la película “La Lista de Schindler”, del director Steven Spielberg.
En el caso de Irena Sendler, hubo que esperar a marzo de 2007 para que Polonia le rindiese un homenaje solemne y su nombre fuese propuesto para el Premio Nobel de la Paz. Entonces, la anciana de mirada dulce escribió en una carta que fue leída ante el Senado por Elzbieta Ficowska, una superviviente a la que salvó en 1942 cuando era un bebé: “Cada niño salvado con mi ayuda y con la ayuda de todos los emisarios secretos, que ya no viven, son mi justificación de mi existencia sobre al tierra, y no una reivindicación de gloria”.
En la década de los cuarenta Sendler era asistente social y ya antes de la guerra trabajaba con familias judías pobres de Varsovia, por aquel entonces la primera metrópoli judía de Europa, pues en ella vivían 400 mil de los 3 y medio millones de judíos de toda Polonia. Desde el otoño boreal de 1939, Irena Sendler puso en peligro su vida llevando comida, ropa y medicamentos a los habitantes del güeto de Varsovia. Muchos de ellos murieron de hambre o de enfermedad. Las restantes acabaron en el campo de exterminio de Treblinka.
A finales del verano de 1940, la joven se sumó al movimiento de resistencia Zegota (Consejo de Ayuda a los Judíos), y entonces empezó a hacer salir clandestinamente a niños a los que buscaba cobijo en familias católicas o conventos. “Por favor, asegúrame que vivirá, que tendrá un buen hogar”, insistían a Irena las madres, presas de la desesperación entre los llantos de sus hijos. Los niños eran escondidos en maletas ó cajas de cartón, transportados por bomberos o en camiones de basura o, sencillamente, debajo de los abrigos de aquellos que tenían permiso a entrar y salir de Varsovia, como la propia Sendler y su equipo de asistentes sociales. Por precaución, anotaba cuidadosamente los nombres de los niños y de sus familias en papeles que luego escondía en botellas enterradas en el suelo.
Sendler fue arrestada en su casa el 20 de octubre de 1943. En las torturas que sufrió en el cuartel general de la Gestapo, los nazis le rompieron los pies y las piernas. Pero no habló. La condenaron a muerte, pero cuando la conducían a la ejecución, fue milagrosamente salvada por un oficial alemán -un ángel, según sus biógrafos- que le permitió huir antes de cumplirse la sentencia.
Bajo una nueva identidad la mujer continuó con su lucha clandestina hasta el final de la Segunda Guerra. Luego, trabajó como supervisora de orfanatos y asilos en su país. Nunca se consideró una heroína. "Sigo teniendo remordimientos por haber hecho tan poco", confesaba.
Debido a una salud débil, Irena Sendler no participó en las ceremonias que le rindieron homenaje en 2007. Le gustaba recordar que la educaron “en la creencia de que hay que salvar a quién se ahoga sin mirar su religión o su nacionalidad". El año pasado fue propuesta por el gobierno de Israel y por el presidente de Polonia, Lech Kaczynski, para recibir el premio Nóbel de la Paz, que finalmente fue a parar al norteamericano Al Gore.
Hoy Hollywood prepara una película sobre su vida, siguiendo el exitoso modelo de "La lista de Schindler", que obtuvo siete Óscar en 1993, y que seguro será la forma definitiva para que todo el mundo conozca quién fue Irena Sendler. Descanse en paz Irena Sendler, la madre del holocausto. |
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