Fuera del Clóset Pedro Infante, el chacal que muchos quisieran Su imagen y nombre está rodeada de mitos, por un lado es ícono perfecto de virilidad sin macula y populachera, motivo del odio de los iconoclastas; pero también representa a ese animal que muchos desean en su cama, por salvaje en las artes amatorias.
México, DF.- El llamado ídolo de Guamúchil, Pedro Infante, cumplió 51 años de muerto a causa de un accidente aéreo en Yucatán el 15 de mayo de 1957.
Desde ese día nació el mito, el estereotipo del mexicano promedio: parrandero, mujeriego, borracho, dicharachero, divertido, machista y chacal, es decir, el macho feo pero sexy, el galán sensual y “guapifeo”.
El ídolo genital cargado de testosterona que a las mujeres hace suspirar –sus chorreadas a ultranza–, pero también suspiran y sufren uno que otro gay –el clásico maricón rotito de película mexicana– que ambiciona ser dominado por ese superhombre de virilidad sobrecargada nada que ver con la metrosexualidad ni con la diversidad sexual de nuestros tiempos.
Su imagen y nombre está rodeada de mitos siempre controvertidos, por un lado es ícono perfecto de virilidad sin macula y populachera, motivo del odio de los iconoclastas; pero también representa a ese animal chacal que muchos desean en su cama, animal no por irracional, pero sí por salvaje en las artes amatorias.
El hombre que despierta deseos mojados en la entrepierna, por la lubricidad libinidosa de un cuerpo de formas ideales; por imponer autoridad, dominio y respeto como dogma a las mujeres –insistimos, también uno que otro gay– y que no admite chistar.
Ni duda cabe, como mexicano Pedro Infante representa al charro clásico, alegre y dicharachero, al héroe urbano de la clase obrera, sus personajes fueron entrañables para grandes sectores de la población mexicana, sobre todo la popular.
Su mito surge de la cultura del esfuerzo, del mexicano medio que logra llegar a la cima por tanto chingarse el lomo, y por tal es modelo, pero también es producto de la industria cultural que tiene en Televisa a su principal gestor e impulsor de tanto repetir hasta el cansancio cualquiera de las 60 películas que Pedrito filmó desde 1939.
La radio lo sigue tocando, muchas estaciones lo hacen en sus “horas de Pedro Infante”. En ciudades de provincia no hay emisora vernácula que se respete que no lo tenga aún en su carta programática, en la ciudad de México lleva la batuta por más de 50 años Radio Sinfonola, que tiene en su catálogo las más de 300 canciones que grabó Pedro Infante para el sello Peerless hoy Warner Music.
Todos conocemos las tramas de ‘Nosotros los Pobres’, ‘Dos Tipos de Cuidado’, ‘Los Tres Garcías’, ‘A Toda Máquina’, ‘Qué te ha Dado esa Mujer’ de tanto verlas los fines de semana en el canal 2 de Televisa, por eso se trata de un fenómeno mediático sin parangón porque a lo largo de más de 50 años Pedro Infante ha sido la mina de oro favorita del emporio televisivo y aún tiene mucho de explotable.
Sus películas mostraban los valores y pensamientos de la sociedad mexicana que vivió en la llamada época del oro del cine mexicano, ‘Un Rincón Cerca del Cielo’, ‘La Oveja Negra’ y ‘Ahora soy Rico’ han sido estudiadas por psicólogos, sociólogos y organizaciones feministas porque plasman a la perfección la idiosincrasia del pueblo mexicano, con valores, traumas e imaginarios colectivos incluidos.
No en vano Pedrito, como modelo del macho perfecto, dio cátedra a los machines mexicanos de varias generaciones de las formas y maneras de tratar a una mujer, ya sea para conquistarla, llevarla a la cama, mantenerla dominada y arrinconada, pero eso sí, la madre es ‘sagrada’, mujer que por antonomasia debe ser sufrida y muy resignada.
Aunque no era precisamente alcohólico, más bien era abstemio, Pepe el Toro sí era mujeriego y no sólo en la pantalla.
Infante era un buen polígamo, sostenía romances y relaciones con varias mujeres a la vez, una vez estuvo casado con dos mujeres.
Tal como marcó el ídolo de las multitudes, muchísimos hombres de este país repiten una y otra vez el mismo comportamiento, después de todo Pepe el Toro se encargó de darle el tinte lúdico y la chispa cómica al tener al mismo tiempo catedral y varias capillitas.
Para los verdaderos virtuosos del arte, Pedrito no era un buen actor y mucho menos cantante, pero al populacho eso no le importa, lo sigue idolatrando y como dice el clásico “Pedro Infante no ha muerto” y no se muere porque Televisa y toda su industria que mueve no lo deja descansar en paz, porque sus herederos siguen lucrando con su nombre como marca comercial, porque la mayoría de mexicanos aún no hayan al ídolo que lo reemplace.
A 51 años de su muerte, Pedrito, insistimos, es la imagen del chacal ideal, el que muchos gays quisieran en su cama un fin de semana, lo quieren para las artes genitales, para sentirse muy reinas en su fuertes brazos, aunque después los agarre a chingadazos.
Sea verdad o no, dejamos la foto del supuesto Pedro Infante desnudo, que fue tomada por Guillermo López Infante en 1939 y que según algunos expertos demuestra que el ídolo lúbrico, el personaje más masculinizado de México, no era precisamente un ejemplar bien dotado, pero como algunos dicen, el tamaño no importa, sino cómo la muevas, la aparezcas y la aparentes.
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