Hace una semana, nos encontrábamos circulando por la avenida Álvaro Obregón, veíamos a una pareja disfrutando de la noche caminando sobre el camellón (fastuoso), más o menos a la altura de las fuentes.
Todo parecía bueno, hasta que logramos ver, en un alto, como una camioneta les tocó el claxon a los hombres en cuestión, en un tono sumamente violento (recordando el 10 de mayo). Y no conformes con la grotesca acción, en voz alta dijeron: “pinches putos”.
La pareja se soltó y comenzó a andar de prisa. En tanto, el semáforo marcaba el siga, los cobardes de la camioneta se despedían con la misma entonación del claxon.
Ahora resulta que no puedes caminar tranquilamente de la mano de tu pareja, a causa de éste tipo de cobardes, pues en conjunto se sienten valientes. Lo más convenientes es: si no te parece algo, dilo de frente, no escudándote con los amigos y arriba de una camioneta.
Finalmente, el valiente vive hasta que el cobarde quiere. No voy a deducir absolutamente nada, simplemente, con esa acción, nos damos cuenta de la existencia de cobardes de cuello blanco, en donde su principal arma es la ignorancia.
Ni la gente que viaja en automóviles de lujo son capaces de mantener un respeto hacía su prójimo (por supuesto, no son todos; sólo unos cuantos). Pero eso sí, cuando a la iglesia van, están golpeándose el pecho para que Dios les perdone; y cuando salen del recinto (sea cual sea), se despojan de todas esas caretas y vuelven a ser los mismos con sus actitudes mustias.
Cuota de primera, servicio de cuarta
En los últimos días ha estado en la mesa de debate el alza a las tarifas del transporte público en el Distrito Federal: de $ 2.50 pasaría a $ 3.50 pesos. Y amenazando con paros en distintos puntos de la Ciudad, los transportistas exigen a Marcelo Ebrard dicho aumento.
En la columna pasada, ya hacía mención de las mañas del ser humano, y con esto, no me queda la menor duda. Exigen una tarifa de primera, para ofertar un servicio de cuarta.
Operadores de autobuses, microbuses y combis han forjado su fama de cafres día con día. Entre las deficiencias que tienen estos señores, operantes del transporte público son:
•Descortesías, majaderías y dueños de un lenguaje y acciones dignas de un patán.
•Sin peinar, y hasta la camisa abierta.
•Abordaje de pasaje en lugares prohibidos.
•Sobresaturación en el cupo máximo de pasajeros.
•Música en volumen máximo.
•Unidades sucias y disfuncionales (asientos que están a punto de romperse o sin sujetar al piso; pintura quebradiza, etcétera).
•Asientos casi destruidos y con pintas.
•Irrespetuosos con el sistema de semáforos, topes y con la policía de tránsito.
•Cinturón de seguridad simulado (sólo se lo colocan sobre el cuerpo, pero no lo abrochan; es como ir sin el mismo).
•Suben al usuario sin pararse completamente (el pasajero tiene que maniobrar su subida mientras el operador mantiene la unidad en movimiento).
•Velocidad mayor al nivel establecido por el Reglamento de Tránsito.
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