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- Hay autores de novela gay que se oponen a catalogarla dentro de esa categoría por considerar que es una forma de autogueto, ¿tú qué opinas?
Con relación a la literatura gay, he escuchado a muchas personas quejarse acerca de esa etiqueta. Muchos gays lo ven como discriminación, incluso me han dicho que no acepte ese título. Pero no es cuestión de aceptarlo o no. Yo, personalmente, lo veo de otra manera, no me afecta, porque así como existe la literatura de terror, de ciencia ficción o policíaca, de la misma manera existe la literatura con temática gay.
Hoy escribo una novela con temática gay, como mañana, perfectamente, podría escribir otra que sea totalmente heterosexual. Uno escribe lo que siente en el momento y, de la misma manera, los lectores leerán lo que les hable en ciertos momentos de sus vidas.
Hasta el momento, confiesa, no ha leído literatura homosexual mexicana, pero promete ponerse al día para descubrir lo que en México se ha hecho y se hace al respecto.
- En la novela introduces parte de la sociocultura de tu país de origen, desde los cantantes de moda, sitios de diversión, costumbres (como la ceremonia indígena que vio Ricardo cuando lo semisecuestraron), gastronomía, bebidas, sin faltar una crítica de paso a la capital del país, como ser caótica, y a la corrupción política. ¿Qué te gusta y qué no de tu país?
De mi país me gustan las playas. También el optimismo, la alegría y la hospitalidad de las personas. Me molesta la actitud excesivamente conservadora frente a la homosexualidad y, sobre todo, la corrupción política tan descarada que existe y que está acabando con la tranquilidad del dominicano.
Casi al final refieres que sin embargo, Ricardo se quiere quedar a vivir por siempre en República Dominicana, ¿Y tú por qué no?
Cuando escribí la novela, lo hice en Chile, entonces me entró la nostalgia por mi país y regresé. Pensaba igual que Ricardo. Una vez ahí, me di cuenta de que no podía vivir en un país donde las necesidades básicas (como lo son el agua y la electricidad) son un lujo.
Empaqué de nuevo mis cosas y regresé a Chile, donde me he quedado desde entonces. La corrupción política está en todos los países, es cierto, pero cuando es tan descarada y sin siquiera ver una luz de esperanza al final del túnel, se convierte en una experiencia muy frustrante el vivir en un país así.
Eduardo García ha estado en varias partes de México, entre ellas la capital, Guadalajara, Acapulco, Cancún, Querétaro y San Miguel de Allende y espera regresar para conocer otras partes de nuestra geografía.
México es una joya, es un país lleno de contrastes, de riqueza cultural y de mucha y real magia...
Ahora algo más íntimo, aunque dice ser reacio a hablar de él, prefiere el perfil bajo.
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