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27 DE NOVIEMBRE DE 2007

Fuera del Clóset
La era de la tecnología gay en “www.sexo.com”
Internet puede funcionar como enlace para encontrar amigos y el amor, pero no es suficiente. La fraternidad o el romance que se queda en la virtualidad de los cables y chips, no sirven para nada, es enamorarse de una fantasía.

Rafael Sánchez Zanella

No, el título no hace referencia a ningún site que yo sepa, pero si existe, perdón, no es intención pirateármelo, es sólo un título. Definitivamente la internet marcó el hito en las relaciones gays y la homosexualidad dejó de ser secreto vergonzante individual para convertirse en realidad virtual colectiva.

Eran los años cincuenta cuando Ray Bradbury y Aldous Huxley advertían a la humanidad en sendas novelas ficticias, Un Mundo Feliz y Fahrenheit 451, sobre la manipulación futura de masas a través de los mass media, las drogas y la realidad virtual, que nos brindan la ilusión de vivir una aparente felicidad en medio de la más completa soledad y egoísmo individual, siempre desconfiado, que nos obliga a temer relacionarnos con interés romántico o erótico cara a cara con los semejantes, protegidos bajo el anonimato de una pantalla fría de computadora enlazada las 24 horas con el ambiente virtual homosexual que navega en la red de redes en todo el mundo.

Prácticamente dichos libros dejaron la ciencia ficción para convertirse en novelas proféticas de anticipación. La realidad humana está hoy dominada, gobernada y embobada por la telecracia, la cibercomunicación, la telefonía celular y la multimedia. Nos hemos convertido en homo videns manipulables y dependientes de la tecnología. Si un día no tengo internet ni teléfono siento que estoy perdidamente aislado del mundo, esta especie de soma nos tiene bien alucinados, diría Fernando Vallejo.

Ahora todo es virtual, hasta el amor, argumenta Agustín Sánchez González en su ensayo El Amor en los Tiempos del Chat. Antes cada cabeza era un mundo; ahora, en el chat cada nickname es una historia que tienen en común una seria psicosis colectiva, gran parte de la cual no se desfoga en las calles afortunadamente, sino en la intimidad hogareña frente a una PC y se desquita con un parroquiano que vive al otro extremo de la ciudad, del país o del mundo, a veces se lo ilusiona, se lo excita, se lo engaña, se lo insulta, se lo enamora, se lo erotiza... a distancia en un juego en la que a veces somos títeres y otras titiritero, donde no hay ganadores ni perdedores, al menos en apariencia, la cosa es saber jugar.

Antes de que la internet se hiciera masiva, las computadoras bajaran de precio y aparecieran los cibercafés (donde por cierto, no hay café), los tímidos que querían encontrar la media naranja con recursos menos convencionales, es decir, sin ir a clubes de encuentro, baños públicos, sitios de ligue o las peligrosas calles, contestaban clasificados del corazón publicados en revistas como Desnudarse, que se caracterizaba por sus anuncios donde no se pedía “kilos de carne”, sino almas afines. Un día Gonzalo contestó con ilusión dos anuncios de chicos radicados en su ciudad, con perfiles interesantes, muy afines a él según y con personalidades “seductoras”.

En menos de tres meses (cosa de la prehistoria) llegó el momento de la primera cita que le dejó mal sabor de boca. Sergio resultó un adolescente tardío con el pañal todavía pegado que ya quería anillo de compromiso sin que le gustara a Gonzo; tenía la cara cacariza de tanto acné mal tratado, tenía 18 años y no sabía lo que quería en la vida, sólo que deseaba casarse sin conocerle siquiera. El segundo fue peor, justamente era el tipo de hombre que le causa urticaria a Gonzo: gordísimo, peludo de cuerpo, calvo, barbudo y vestido de vaquero con todo y botas. Todo un osito bien obvio. Se llamaba Arturo, deshacerse de él le obligó a humillarlo como estrategia para que dejara de considerarlo buen partido.

Aprendida la lección, Gonzo dejó de buscar amor vía epistolar y regresó a Las Termas y los antros, donde conoció a cada tipo disfuncional, desde mentirosos conspicuos con aires de literato hasta vestidas mañosas explotadoras y niños bien de enormes ínfulas imposibles de cumplir. Se la pasó bien, sí señor, pero era sólo sexo.

Y un día conoció a Luis en el gimnasio más concurrido por las jotas poblanas donde el amor es pisoteado por tanta vanidad, por tanto músculo descerebrado. No sólo le enseñó a hacer el amor en un vochito (claro que se puede bien acomodaditos) sino a chatear con clase y sin riesgo de ser engañado. Su romance fue a distancia. Luis vivía en Oriental y antes de que Gonzo lo mandara a la congeladora de su corazón ya era experto ligador en el más famoso chat del ambiente gay y ante mi sorpresa, ahí sí encontró muchos amigos y el amor.

Eso a pesar de los detractores que ven en la internet una cosa fría demoníaca resultado de la soledad humana de nuestros tiempos, donde los que saben aseguran que la gente está cada vez más sola, aislada, incapaz de amar, de relacionarse con otros ante el terror a las masas.

Mis mejores amigos actuales son resultado de largas horas de chateo y no se diga mi pareja, con la que pronto cumpliré 6 meses de feliz relación. Claro, para llegar a esto el primer contacto del chat se tiene que completar y perfeccionar con la consiguiente relación persona a persona, que permite cultivar una relación de amistad o de amor, pues la fraternidad o los romances que se quedan dentro de la virtualidad de los cables y de los chips, no sirven para nada, es enamorarse de un fantasma, de una fantasía, es hacerle el amor al éter sin posibilidad de orgasmo compartido por más que embarres el monitor.

El debate está en línea y tiene todavía mucho qué decir sobre la ciber-amistad o el ciber-amor. El chat es el medio para conocer gente, pero si no se sale con los prospectos para disfrutar de la compañía mutua, es una estupidez, igual que el amor a distancia.

Así pasó con dos “ciberamigos” que a pesar de que sólo los he visto por webcam siento una rara especie de “afecto”. Cada vez que los “veo” en línea me alegro y comparto horas de charla. Los dos eran “novios” a pesar de que David vive en Nueva York y Jesús en Lima. Tras un año de “noviazgo” y de planes para su futuro Jesús “terminó” con David porque éste lo “engañó” con otro la noche de Navidad del 2006. Si ser fiel es difícil viviendo en pareja en la misma casa, ¿qué pasa cuándo la relación está separada por miles de kilómetros? Era sólo un juego pero no lo entendían, ahora no se pueden “ni ver” y les sirvo de réferi y terapeuta aún.

Lo único que sé por ahora es que la aparición de la internet fue un alivio para el clóset de muchos, pues este canal de comunicación de la cibertecnología permite que uno se contacte directamente e instantáneamente con sus iguales, compartir en forma rápida sueños, fantasías, aspiraciones, fobias y filias, aficiones, deseos, fetiches, chismes, información, hacer realidad deseos eróticos o perversiones, sirve para el sexo seguro, ¿cuántas masturbadas se han hecho frente a una webcam o una foto o mientras se chatea por el messenger? ¿Cuántos teclados, ratones y pantallas embarradas? Imposible cuantificarlas, ya perdí mi cuenta.

En pocas palabras, el chat permite estar acompañados aunque sea a la distancia por alguien que piensa y siente como uno mismo sin necesidad de largos días de conquista romántica, se va directamente a lo que se desea, claro, si se sabe jugar.

Quizás sea por el miedo a la vida lo que nos hace a muchos aferrarnos a la seguridad de una pantalla de computadora y bajo el anonimato, a veces nos sirve como terapia colectiva cuando compartimos en una sala general alguna duda o tormento y siempre hay tipos bien intencionados que brindan acertados consejos y horas de diversión y diversión los fines de semana o en vacaciones, en las cuales por falta de cash o exceso de güeva nos encerramos en casa y nos conectamos con el ambiente gay que todos los días navega por el ciberespacio.

Claro, ligar chicos por internet tiene sus bemoles, de eso hay mucho que contar después.

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