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14 DE NOVIEMBRE DE 2007 Carta abierta para Fabián Lavalle El linchamiento mediático contra el periodista y conductor de radio y televisión, Fabián Lavalle, ha sido brutal. Excesivo. Sangriento. Inmisericorde. El sexo vende, cierto. Y el escándalo aderezado con sexo, vende más.
Hace un momento acabo de ver en La Oreja una entrevista en la que intervino Juan José Origel, que más que documento periodístico parecía juicio popular contra un compañero de profesión. ¿Qué pasó Juan José, no temes que a ti te llegue algún día a pasar lo mismo?, ¿no te demuestra la actitud de tus ‘compañeros’ lo que te podría pasar si alguna vez se invierten los papeles? Yo, francamente, por respeto a la profesión, por respeto a mí mismo y hasta por tratar de parecer justo (ya que no hay que olvidar que Fabián y Juan José no son precisamente los mejores amigos), mejor me hubiera abstenido de participar en esta masacre. Sobre todo cuando se adolece de los mismos errores.
Desde la madrugada del 1 de noviembre, después de aquella terrible ‘noche de terror’, el tema de las preferencias sexuales de ‘Fabiruchis’ ha sido constante en los diarios, revistas y programas de ‘espectáculos’, hoy más que nunca haciendo honor a su nombre.
Verdaderamente sorprendente fue ver incluida en la primera plana del Reforma, El Universal y gran parte de los periódicos nacionales, la fotografía de un hombre (‘caballero’, se autodefinió él) en extremo ‘madreado’, con los ojos sangrantes, moretones por doquier y en silla de ruedas. Gráficas que, sin duda, contribuyeron a acrecentar el morbo que ha atraído el caso en una sociedad a todas luces homófoba.
Y ni qué decir de la repugnante publicación de la supuesta foto del ex conductor de Con Todo, semidesnudo, golpeado y tirado en el suelo del Hotel Roma, en la portada de una revista de tercera categoría que se vendió en toda la república como pan caliente.
El sexo vende, cierto. Y el escándalo aderezado con sexo, vende más. Y si a todo esto le agregamos el nombre de un personaje famoso, ni hablar.
Efectivamente, como bien se escribe en el Editorial de esta página electrónica, “nadie tiene derecho a sacar del armario a nadie, se trata de un proceso individual y una decisión exclusivamente personal”. Totalmente de acuerdo.
Sin embargo, cuando el personaje en cuestión es una personalidad pública (‘líder de opinión’ les llaman algunos) que, además, se exhibe sin el menor cuidado en antros y lugares frecuentados por homosexuales (me consta, nadie me lo ha contado), entonces algo o mucho de responsabilidad se tiene.
Estimado Fabián:
No les hagas el juego a tus enemigos y a los que se dicen tus amigos y te dan una puñalada por la espalda con sus comentarios o con su silencio cómplice. Quien te quiere lo hará si te asumes o no como lo que haz vivido hasta ahora. Para nadie es un secreto que eres gay y así se te ha aceptado, como también lo han hecho con Origel, Alfaro (qepd), Kaffie, Silva, Franco y tantos, tantos, tantos que viven a costa de exhibir en el escaparate de la televisión y sus columnas periodísticas las debilidades de los demás.
Haz cometido un error y lo estás pagado caro al convertirte en nota de primera plana de los programas en los que alguna vez estuviste como conductor. Ya no inventes amores ni amiguitas que no existen. Estás dentro de una trampa que tú mismo echaste a andar cuando aceptaste exhibirte públicamente en un ambiente que si bien a veces calla y es cómplice, pocas veces apoya.
Asúmete como el HOMBRE GAY que eres y deja de adoptar la posición de ‘caballero’ que, si bien lo eres, únicamente te puede llevar a ser todavía más carne de cañón de todos aquellos que gozan con la desgracia ajena. Eres gay y qué. No pasa nada.
Para todos a los que nos importa la esencia del ser humano, su trabajo, su capacidad y su trascendencia, y no con quien se acuesta, a quien ama o hasta lo que consume, este terrible episodio no es más que una gran lección. Una lección de lo que nos puede ocurrir en determinado momento a cualquiera y de la que no debemos permitir que nadie saque provecho o haga negocio a costa de ella.
No te conozco, pero estoy contigo. Me bastó conocerte un poco más cuando te entrevistó René Franco y hablaste con gran sinceridad sobre tus inicios y tus carencias de aquellos tiempos en los que vivías en un cuarto muy modesto (¡lástima que René no haya sacado más provecho de todo ello!).
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