7 DE NOVIEMBRE DE 2007 Medios hacen mofa de Fabirú por no haber salido del clóset La golpiza que sufrió Fabián Lavalle dejó al descubierto una realidad: El closet genera discriminación mediática hacia la diversidad sexual. Si el conductor hubiera asumido antes su orientación sexual, la reacción de los medios no hubiera sido tan mordaz.
En el medio del espectáculo era un secreto a voces: Fabián Lavalle tiene una orientación sexual diferente a la heterosexual, tal como ocurre con un sinnúmero de actores, conductores y estrellas de la televisión. Una golpiza vino a sacar públicamente del closet al comentarista de espectáculos.
Evidentemente, nadie tiene derecho a sacar del armario a nadie, se trata de un proceso individual (asimilar y enfrentar la diversidad sexo genérica propia) y una decisión exclusivamente personal. Sin embargo, aún persiste una presión de la industria del entretenimiento para mantener no identificados a gays y lesbianas de la farándula.
Por un lado está bien, porque lo que es del espacio privado no debe llegar al espacio público. Pero la realidad es que la dinámica de los medios de comunicación frecuentemente invade la vida privada e íntima de sus protagonistas. Son las mismas estrellas quienes abren su vida a la mirada morbosa de los medios y los grandes públicos.
Ya hemos señalado muchas veces la conveniencia de que figuras con prestigio y fama salgan del armario y reconozcan abiertamente su orientación sexual. Sería una forma de acelerar el proceso social de “normalización” de la diversidad sexual. Tal como ocurrió con Christian Chávez, quien orillado por las circunstancias reveló lo que también muchos ya sabían. Su caso fue aleccionador y sin duda promovió entre las nuevas generaciones la tolerancia y el respeto. En general, los aplausos fueron la respuesta del público ante el valiente acto del chico rebelde.
En el caso de Fabirú, por décadas no sólo se negó a reconocer su homosexualidad, sino que además la encubría con una supuesta atracción hacia las mujeres. Sin embargo, todos a su alrededor conocían su verdadera orientación. Quizá esta situación de represión lo llevó a cultivar preferencias sexuales hacia trabajadores sexuales, siendo blanco fácil, entonces, del chantaje y de los abusos.
Cuando los medios de comunicación dieron a conocer la golpiza que sufrió Lavalle en un hotel de la colonia Roma, los comunicadores hicieron leña del árbol como pocas veces. “Quería palo y le dieron paliza”, “Fabián Lavalle paga por su mariconadas”, “Le meten… una calentada”, fueron algunos de los titulares burlones que publicó la prensa nacional ante la lectura cómplice de la sociedad en general y del colectivo LGBT en particular. Incluso la noticia provocó risas y carcajadas.
Independientemente de que el golpeteo es propio de su trabajo como comentarista de espectáculos, otra cosa hubiera pasado si Fabián Lavalle hubiera asumido con dignidad su orientación sexual tiempo atrás. Probablemente, ante los lamentables hechos, la indignación hubiera sido la reacción pública y no la burla. Ahora, una vez que regrese a los reflectores, Lavalle tiene una valiosa oportunidad para reconocer abiertamente su homosexualidad y obtener el respeto de una sociedad cada vez más sensibilizada ante el tema de la diversidad sexual.
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