4 DE OCTUBRE DE 2007
 Fuera del Clóset Los pecados de Perverto Rivera y sus cómplices pederastas Insólito pero real: el máximo jerarca de la Iglesia católica mexicana fue sometido a un interrogatorio judicial mandado desde el extranjero acusado por proteger pederastas. Se dice que está a punto de saber cómo se ama a Dios en tierra ajena.
Rafael Sánchez Zanella
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 El prelado, calificado como cabecilla de la mafia religiosa
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¡Viva Cristo Rey! Nadie en este país se parece más a un político que uno que otro alto jerarca de la Iglesia católica, pues como ellos, su vida transcurre entre comodidades gratuitas, holgazanería, engaños, mentiras y corrupción.
Norberto Rivera Carrera, a la sazón Perverto, es quizá el más notable de todos. Calificado por muchos medios de información como el cabecilla de una mafia religiosa tiene en su haber bastantes asuntos pendientes que resolver y explicar, pero nunca lo hará porque goza de inmunidad, impunidad y una “protección divina” que le viene del plano terrenal depositado en Los Pinos.
Su poder es infinito, baste sólo imaginar las maquinaciones manipuladoras que emprendió para construir un templo lujoso en la Ciudad de México dedicado a San Juan Diego, que nunca edificó pero se clavó los millones de pesos que los fieles, de buena fe, depositaron religiosamente durante las misas o en donativos, y aunque hay una acusación penal en su contra, por delincuencia organizada, divinamente se niega a dar explicaciones.
¿Puede haber algo más patético –como creyente– que sentirse representado ante Dios por un cuasidelincuente? ¿Él podría ser el salvoconducto que nos dirija al cielo? El dicho popular determina que tanto peca el que mata la vaca como el que le sostiene las patas, así, tanto pecó el sacerdote Nicolás Aguilar, acusado de pederastia en México y en Estados Unidos, como aquellos jerarcas que lo protegieron y evitaron entregarlo a las autoridades civiles para castigarlo.
Perverto es uno de ellos, el principal, lo toleró y consintió por casi 30 años, primero como obispo de Tehuacán y luego como el primado de México. En sus manos estuvo el meter al orden al libidinoso cura, pero en vez de hacerlo le dio vacaciones en la arquidiócesis de Los Ángeles, para que pudiera reflexionar y buscar curación mediante la oración y la piedad.
Perverto sabía muy bien las inclinaciones del padre Nico; sabía que era homosexual y sobre todo su afición a los niños. Bien acogido por el piadoso arzobispo Roger Mahony, (quien alega que desconocía el gustito del cura y clama que en su arquidiócesis no se toleran los “problemas de homosexualidad”) Nico se dedicó al ocio para determinar de qué manera se “tiraría” a otros chicos hasta alcanzar una cifra que a más de uno despertaría envidias. Nico no encontró paz ante tanto púber, por eso violó a más niños teniendo en su largo historial de pecador 86 menores, a quienes se comió sin pudor ni escrúpulos. Muchos de ellos reclaman ahora justicia terrenal ya como adultos.
Lo insólito es que las leyes mexicanas, además de no querer detener al pederasta con sotana que aún sigue oficiando clandestinamente por pueblitos del centro de México, nunca ha podido enjuiciar al arzobispo primado de México porque no hay voluntad para hacerlo, sólo se aplica el principio de no veo, no oigo, dejar hacer, dejar pasar; se encara ni más ni menos al enorme poder fáctico de la Iglesia católica.
En cambio, una Corte norteamericana sí logró hacerlo y es para Ripley, o sea, las leyes mexicanas fueron supinamente ignoradas y pasadas por el arco del triunfo del Tío Sam. Si eso no es lo suficientemente inaudito para el marco judicial y penal nacional, sí lo es el hecho de que Perverto es el primer y único religioso mexicano que tuvo que rendir cuentas a extranjeros por una supuesta conspiración internacional para proteger pederastas, lo que lo coloca mínimo en la misma categoría de Kamel Nacif y el Goberprecioso de Puebla.
Se desconocen hasta el momento el interrogatorio judicial y sus respuestas, pero versiones periodísticas suponen que empieza un verdadero calvario para el máximo jerarca de la Iglesia católica mexicana, pues son muchas las inconsistencias y contradicciones de su historia. Tal vez ahora sí, pagará por sus pecados con el patrocinio de la Corte de Los Ángeles, California, EU, que sí le hizo caso al principal acusador, Joaquín Aguilar Méndez, quien nunca encontró respuesta de las leyes penales mexicanas, expeditas para castigar a pobres delincuentes que roban por hambre, pero lentas para aplicar justicia a los delincuentes de cuello blanco.
Será un proceso larguísimo que lo puede dejar como santocristo y la penitencia será más pesada que tres padrenuestros y uno que otro avemaría.
Pero el purpurado no esta sólo. No faltan misas donde al final reciba apoyo incondicional de la borregada (que no feligresía), principalmente amas de casa mochas y ociosas, abuelitas nostálgicas, puritanos sin remedio, asustadizos, cofradías malintencionadas, panistas oportunistas, seminaristas despistados y ganosos, sin faltar los jorgesserranolimón bien concupiscentes.
Todas esas “ovejitas” del reino de Dios, a grito pelón, como si de evento político se tratara defendieron la inocencia del santo varón. “¡Arriba Norberto! ¡Qué viva Rivera Carrera! ¡La infamia no pasará! ¡Es inocente!”, no faltó quien con lágrimas en los ojos acusara a los pingos medios de información de querer crucificar al cardenal, más inocente que el pecado venial.
–Gracias por su amor, –decía (oh cursilería barata) el purpurado en son de respuesta con la risita fingida de aquellos cínicos que bien saben que son culpables de lo que se les acusa.
Peores que Judas
Perverto durante más de ocho horas se encontró cara a cara con su principal acusador, a quien amablemente le dijo a visa de saludo mientras le estrechaba la mano: “Bienvenido, lo que se te ofrezca hijo y Dios te bendiga”. Los abogados de la parte acusadora, David Drivon, Robert Waters y José Bonilla, lo sometieron a un largo interrogatorio como inculpado de proteger a un pederasta y evitar la acción de la justicia. Un testigo del proceso dijo que el cardenal sudaba la gota gorda, pero su vocero, Hugo Valdemar, dijo que respondió serenamente pues no tenía nada que esconder, “no ha cometido ningún delito”.
En breve, según los juristas norteamericanos, se dará a conocer si hay motivos suficientes para encausar a Perverto, quienes saben y opinan que apenas empieza el calvario del cardenal Rivera. Pero se podría llevar entre las patas a otro jerarca ya cansado y urgido de jubilarse para desatenderse de esta papa caliente que le quema la conciencia.
Mentiras piadosas
Cuando el escándalo de pederastia del cura Nicolás Aguilar se dio a conocer en la prensa de Puebla, en 2001, el arzobispo Rosendo Huesca y Pacheco (a) Wisky, en cuanta entrevista se le hizo negó conocer al sacerdote inculpado y sobre todo haber estado involucrado en el caso.
Pero mintió, su participación está documentada; su complicidad, comprobada.
Datos y documentos recientemente publicados por el diario poblano Cambio, dan fe de que Huesca sí conocía a Nicolás Aguilar, además también estaba enterado de su homosexualidad y su afición por la pedofilia, también estaba informado de las acusaciones hechas en Tehuacán, aun así dio su autorización al cura para poder ayudar a su gran “amigo”, Gilberto Nájera, a oficiar misas en las parroquia de Santa Clara Huitziltepec, según consta en cartas firmadas en poder del diario.
Descubierta su mentira, gracias a los documentos que Rivera Carrera presentó durante el interrogatorio para su defensa, Huesca y Pacheco se resiste a reconocer su felonía e insiste en que no tuvo nada que ver en dicho escándalo. Se esconde y cuando los periodistas lo sorprenden en actos públicos huye y si no le queda más remedio que responder lo hace con evasivas, lamenta que lo intenten involucrar.
— ¿Qué tiene que decir de que algunos medios de comunicación lo señalan como cómplice del padre Nicolás Aguilar?
No tengo nada que ver en el asunto.
— ¿Por qué cree que lo estén involucrando?
¡No lo sé!, ¡no lo sé!
Aquí la verdadera polémica: la mentira y la homosexualidad son tildados como pecados por el dogma católico y sin embargo, al interior de la Iglesia católica dos de sus máximos jerarcas consienten la homosexualidad de un cura, le permiten oficiar el magisterio pese a las sospechas de abusos a menores de edad y si no fuera suficiente mienten con dolo y a conciencia. ¿Ambos religiosos pueden insistir en que los homosexuales somos pecadores sin remedio? ¿Por qué hay homosexuales en el clero si es pecado? ¿Por qué se miente y se protege a pederastas? ¿Por qué la incongruencia moral y ética de quienes se supone deben ser depositarios de esa misma moral y ética? Las mentiras de Perverto y Wisky, por su gravedad, son pecados tan enormes que lo mínimo que se merecen es el infierno mítico contenido en unas Sagradas Escrituras tan manipuladas que nadie a ciencia cierta sabe qué es lo que en realidad dicen.
En tanto, Perverto tiene el apoyo del pleno del purpurado mexicano. Una carta firmada por todos los obispos y arzobispos del país lo anima para seguir “sufriendo por la religión católica”, se vale contar con el espaldarazo de sus homólogos siempre y cuando Don Perverto no se sienta mártir y menos la reencarnación de León Toral, eso sí sería el colmo. Y Don Wisky, que ya deje de pregonar que es inocente y puro.
Que Dios los perdone, si es que existe, porque a estas alturas nadie sabe, nadie supo, qué es eso a lo que se llama dios. |
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Comentarios
ZHELINA 29 de marzo de 2010
carcel a complices de pederastas, a la iglesia practicarles la inquisicion ojo x ojo..
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La resolución del máximo tribunal de México constituye una derrota histórica para los sectores conservadores, pero también un precedente para que la comunidad gay continúe en la lucha por sus derechos. [Sigue] |
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